Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/09/12 00:00

Un viaje macabro

De los doce colombianos que intentaron llegar a Israel de manera ilegal cruzando a pie la frontera de ese país con Egipto sólo cuatro lograron su propósito. Dos murieron en el intento y seis más están secuestrados por una red de traficantes de personas.

Un viaje macabro

La otra historia de estos viajeros se conoció esta semana, cuando los familiares de las cuatro jóvenes pereiranas denunciaron ante las autoridades que una red de traficantes de personas que opera en el Medio Oriente las está extorsionando.

Las víctimas de este secuestro son Beatriz Elena Restrepo González, de 30 años de edad; Carolina Acosta Mejía, de 26 años; Maribel Alzate Valencia, de 24 años y Felisa Moreno. Las tres primeras viven en el barrio Los Guaduales de Desquebradas, municipio del área metropolitana de Pereira.

De Marleny Quinchucua, oriunda de Cali, y Jorge Duván Valencia Restrepo, natal de Caicedonia en el Valle, se sabe que están con las pereiranas, pero según información de sus familiares en Colombia los traficantes no han exigido dinero para una eventual liberación.

Precisamente este hecho genera suspicacia entre quienes conocen el caso y no entienden por qué razón las extorsiones se limitan sólo a un grupo de los retenidos. La respuesta a este interrogante la tiene Sammy, un hebreo de raíces latinas que habla perfectamente el español y ha sido el contacto entre los traficantes y los familiares de las víctimas. Desde que estalló el escándalo desapareció y la única llamada que hizo a Colombia fue para advertir que con la denuncia habían empeorado el problema.

Justamente a través de él se tramitó el pago de los 5.000 dólares para que los secuestrados entregaran a las pereiranas y finalmente cruzaran la frontera hacia Israel el 20 de agosto, el día que fallecieron las dos colombianas.

Sin embargo los captores no cumplieron y por el contrario exigieron nuevamente 6.000 dólares más.

Felipe Cuervo, esposo de Beatriz, y quien estuvo en Israel seis años trabajando como aseador de casas campestres, dijo a SEMANA.COM que después del primer pago a comienzos de agosto, el único contacto con su compañera fue por teléfono hace seis días. “No sabíamos de ellas. Lo poco que me dijo fue que estaba muy mal, que las estaban golpeando, las tenían encerradas y que debía consignar más dinero”.

Desde entonces los rastros de los seis colombianos se perdieron por completo. ¿Se los tragó el desierto? Lo único concreto por ahora es que se encuentran en un punto cualquiera de los 209 kilómetros de la frontera entre Egipto e Israel y en manos de un grupo ilegal que en cualquier momento los puede desechar como a cualquier mercancía a la que se le pasó la fecha de vencimiento.

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