Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2003/11/17 00:00

Una bióloga, nueva Ministra de Hacienda

En cuanto el gobierno anunció el nombramiento de la publicista y directora del Plan Colombia, Sandra Pérez, como nueva ministra del Medio Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, las manifestaciones en contra no se hicieron esperar. Muchos argumentan que la cartera necesita a alguien con experiencia que sepa sacar adelante los proyectos que su antecesora no pudo. El ex ministro Juan Mayr es uno de ellos y explica para Semana.com los retos de la nueva administración.

"Desconcierto por el nombramiento de la Ministra de Hacienda, el gobierno improvisa", titularían los diarios si el gobierno nombrara a una bióloga como Ministra de Hacienda y Crédito Publico. Las protestas en el país, en el exterior, y particularmente en los sectores económicos no se harían esperar.

No son entonces extrañas las reacciones que ha producido en el sector ambiental el nombramiento de una publicista como nueva Ministra del Medio Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial. Parece que una vez más el presidente Uribe esta improvisando. Su antecesora deja un ministerio descuadernado, politizado y con un equipo de base totalmente desmotivado, producto de su desconocimiento y falta de experiencia. A su pobre desempeño se le suma hoy una gran incertidumbre. Con la incorporación al Ministerio del Medio Ambiente de los temas de vivienda, acueducto, aseo y alcantarillado se inició el desmonte de lo

construido con tanto esfuerzo en materia ambiental por el país en las últimas décadas. El Sistema Nacional Ambiental -Sina-, uno de los mejores ejemplos de institucionalidad ambiental en Latinoamérica, de acuerdo con las evaluaciones de la Cepal y el BID, entre otras, se ha deteriorado de manera progresiva. Así lo han reconocido ex ministros y especialistas de varios países reunidos la semana pasada en Bogotá por el Foro Nacional Ambiental.

Las inversiones en materia ambiental se redujeron más del 50 por ciento con respecto al último cuatrienio y la gestión ambiental tan sólo cuenta con una participación del 17 por ciento dentro del actual presupuesto del Ministerio. El gran peso lo llevan la vivienda y el saneamiento básico. Esto se repite en la toma de decisiones y en la ausencia de Colombia en las negociaciones internacionales, en los que país fue líder.

Además de esta significativa reducción presupuestal se han descuidado los institutos de investigación, generadores del conocimiento sobre la gran riqueza de nuestra biodiversidad con miras a su protección y uso sostenible en beneficio de nuestra economía y la generación de fuentes de empleo, que tanta falta nos hacen. Es el caso del Ideam, centro de información para la planificación y cerebro del Sina, uno de los institutos de excelencia científica, con una de las instalaciones más modernas de América Latina que fue trasladado, bajo argumentos de austeridad, a las antiguas instalaciones de un hotel donde hoy se encuentran asignados los pocos técnicos que aun no han renunciado, mientras los costosos equipos se reparten en sus cuarticos.

Algo similar sucede con las Corporaciones Autónomas Regionales que de ser un modelo de descentralización y autonomía han pasado a ser el chivo expiatorio de todo sentimiento moralista. Los pocos casos de corrupción no pueden ser excusa para opacar el atinado desempeño del conjunto y de esta manera truncar los procesos en marcha.

Pero no es sólo el temor de que la gestión ambiental -que tanto necesita el país para¡ garantizar un futuro sostenible para todos y mantener los ricos ecosistemas- se siga degradando, también es el riesgo de que la nueva orientación que imprima la ex directora del Plan Colombia conduzca a lo ambiental a hacer más parte de la guerra que de la paz. Y en esto los colombianos tenemos que tener mucho cuidado y estar alerta. La política de defensa y seguridad democrática no puede ser solo militar, también debe ser ambiental. La seguridad ambiental es la base para garantizar el desarrollo futuro del país.

Ojalá la nueva ministra dé el timonazo que se requiere y corrija el rumbo; para ello encuentra un buen aliado como lo es el actual viceministro Bonilla. Así lo esperamos no sólo los ambientalistas sino todos los colombianos conscientes de que el medio ambiente es la mejor inversión a largo plazo. A la ministra la asiste su derecho a demostrarnos sus capacidades y habilidades para reconstruir un ministerio agónico y, a nosotros, el derecho a la duda.

*Ex ministro del Medio ambiente

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