Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/08/02 00:00

Una jornada confusa

Entre consignas, gritos y discursos del presidente Uribe y de profesor Moncayo, se realizó un acto en el que, al final, pocos sacaron conclusiones claras.

Al final de este jueves, el Presidente dijo que ya había hecho su propuesta mientras el profesor Moncayo aseguraba que se quedaría a vivir en la Plaza de Bolívar hasta obtener un resultado. FOTO: Guillermo Torres / SEMANA

Lo que sucedió este jueves al mediodía en la Plaza de Bolívar de Bogotá fue confuso para muchos colombianos. Quienes estaban presentes en el lugar, los que veían la transmisión por televisión y los que en sus radios trataban de sintonizar las voces del presidente Álvaro Uribe y del profesor Gustavo Moncayo, terminaron confundidos al escuchar cifras de fumigación, desempleo, cubrimiento de educación y salud. Sólo unos minutos fueron dedicados al acuerdo humanitario, razón principal por la que el profesor, (padre del policía Pablo Emilio, secuestrado hace 10 años por las Farc) caminó más de mil kilómetros desde Sandoná, en Nariño, hacia Bogotá.

Durante más de una hora, el Presidente y Moncayo “hablaron” en público. Un atril con el escudo de Colombia, dos micrófonos, un estricto esquema de seguridad, algunas barras de contención y un espacio reservado a la prensa se prepararon de manera improvisada para el esperado encuentro, justo al lado de la carpa en la que durmió el caminante por la libertad.

Unos mil manifestantes se aglomeraron en la plaza. Llevaban pancartas con fotografías de secuestrados y desaparecidos; palabras de apoyo a Moncayo; peticiones de libertad; “vivas” al acuerdo humanitario, y protestas contra el gobierno. Pasadas las 12 del mediodía llegó el presidente Uribe con el Comisionado de Paz, el Ministro del Interior y su Canciller. A un costado se veía el subintendente John Frank Pinchao, secuestrado por las Farc durante ocho años y quien se les voló a sus captores hace pocos meses.

Frente al atril se paró el Presidente. En medio de las rechiflas de unos y los aplausos de otros, comenzó su discurso. Explicó entonces lo que habló con el profesor en torno a la liberación de su hijo y de los otros secuestrados. Lanzó dos propuestas: la primera, si las Farc liberan a los secuestrados, el gobierno habilitará una zona de encuentro para hablar de paz; la segunda, el gobierno liberará a los guerrilleros presos de las Farc (no a todos, pero sí a cualquiera de los que estén en Colombia), a cambio de la libertad de los secuestrados.

Las consignas seguían, pero algunos aplausos también se dejaron oír al terminar su discurso. Visiblemente molesto por las groserías y palabras que algunos manifestantes gritaban, como “paramilitar” y “fascista”, Uribe desafió a una estudiante para que subiera a la tarima y dijera públicamente en qué no estaba de acuerdo con el gobierno. Ella dijo algunas palabras. Ahí empezó la torre de babel.

El profesor Moncayo llamó a la calma e invitó para que se oyera en silencio al Presidente. Por largo rato, Uribe Vélez habló de educación, salud, sindicalismo, acuerdos comerciales, cultivos ilícitos… igual que en un Consejo Comunitario. A su turno, el profesor Moncayo le reclamó por qué la fuerza pública no dejaba que los manifestantes en cualquier parte del país hicieran sus protestas en paz. Y de nuevo, la estudiante universitaria intervino haciendo un reclamo sobre el desplazamiento y las malas condiciones en las que vive la gente del campo.

El momento más tenso se vivió cuando el profesor Moncayo le dijo al Presidente que los secuestrados y el acuerdo humanitario se habían convertido en un tema de politiquería, y que ellos estaban cansados de estar en la mitad de las Farc y el gobierno de turno.

“Él me dijo que zona de despeje, yo le dije que la zona de despeje no y le dije que yo no podía conversar tres horas para engañarlo (…) ¡Por más presión que haya, no puedo conceder el despeje!”, dijo el presidente Álvaro Uribe, casi gritando. El profesor Gustavo Moncayo se desplomó en lágrimas acompañado de su esposa, doña Estela, madre del hijo que dejó de ver cuando tenía 19 años y que hoy está a punto de cumplir los 30.

Mientras tanto, las cámaras de televisión seguían a Moncayo y a su esposa abandonando voluntariamente las escaleras donde estaba el Presidente, agarrados del brazo, cabizbajos. Ella con un vaso de agua, él empuñando su mano izquierda, golpeándola en el pecho y mostrando su cadena colgada en el cuello, al tiempo que la gente gritaba “¡Moncayo!, ¡Vamos por la libertad!”. Moncayo se metió en su carpa y no volvió a salir.

Cuando Uribe vio que Moncayo había abandonado el lugar, terminó su discurso e hizo énfasis en las dos propuestas. Extrañamente, dijo además que el profesor, si así lo decidía, podía reunirse con Rodrigo Granda (considerado el canciller de las Farc) en Cuba.

Finalmente no se supo en qué quedó todo. Por el tono del Presidente, todo parece indicar que no dará su brazo a torcer y, como él mismo lo dijo, no despejará ni un milímetro a los terroristas. Por la cara de Moncayo, parece que quedó desconsolado ante la respuesta del Presidente.

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