Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/02/20 00:00

Una mansada con trapio en la quinta corrida de abono

Los toreros por encima de los toros. Un pasodoble tiene en la cuerda floja al asesor. Crónica de Mauricio García.

Una mansada con trapio en la quinta corrida de abono

La Empresa y la Alcaldía Mayor, coincidieron en buscarle remedio a la errática actuación del asesor durante la presente temporada. Y la solución llegó a la colombiana. Ni se le destituyó ni tampoco él renunció. Se le nombró un consejero. Conclusión que además de violar la ley taurina, supone rescatar del recuerdo, la suerte del "alimón", no ya en los ruedos sino en el palco de Usía en la Santamaría de Bogotá. Algo sólo tolerable, tal vez, en una plaza de provincia.

La solución llega a concretarse, por la avaricia del señor asesor en no concederle la música al Juli mientras lidiaba con porfía y entrega un astado de don Juan Bernardo Caicedo. La Corporación Taurina explica que había llegado el momento de actuar pensando exclusivamente en la afición.

Pero resulta que las críticas a la actuación del asesor no eran precisamente por su avaricia sino por su extrema e inconsecuente generosidad que atentaba contra la categoría de la Plaza. Sería también deseable que la loable intención de la empresa, además de satisfacer al sector melómano de la afición, se extendiera a otros, preocupados por aspectos más sustantivos.

Me refiero a las acciones que también debería tomar con sus veedores, quienes han reseñado ejemplares indignos de ser corridos en la primera plaza del país, como aquel novillo con el que se abrió temporada o el impresentable encierro del Paraíso.

La corrida fue larga y rica en extraños incidentes. Es extraño que un banderillero, como en el caso de Hernando Franco, que a base de profesionalidad se ha convertido en ídolo de la afición, le robe los aplausos del respetable a dos figuras, recién terminado el paseíllo. Es extraño también que la mayoría de los ejemplares que compusieron el encierro hayan acudido de largo al caballo, para salir luego derrotados a ejercer su mansedumbre.

Lo que sí hay que destacar es el trapío de la corrida. Bogotá esperaría que una presentación como el lote enviado por Achury Viejo se convirtiera en norma para todos los festejos.

Manuel Jesús "El Cid", que voluntariamente confirmó alternativa, dejó constancia de su toreo serio y profundo, viéndose excedido de poder ante la poca transmisión de sus enemigos. Su privilegiada mano izquierda lució en tres tandas de naturales a su primero, rematados con forzados de la más pura factura para finalizar con estocada de buena ejecución y cortar una oreja concedida a ley.

Con su segundo estuvo en lidiador, ayudando al toro y alargándole la embestida sin obligarlo. Pinchazo y estocada rubricaron la presentación del "Cid" al que hay que verlo con ejemplares de más pujanza.

Enrique Ponce ratificó su categoría. Después de soportar el tedio que produce la endémica imposibilidad de devolver a los corrales dos toros con ayuda de los cabestros, porfió con el segundo bis-bis de la tarde para evitar que se fuera a buscar abrigo en las tablas. Algunas tandas de derecha a izquierda, voluntariosas, pero descargadas, fueron la dosis que le recetó al manso, despachado con estocada trasera y tendida después de apelar al verduguillo.

En su segundo de lidia ordinaria, Ponce debió soportar el "ahogo" de su serio enemigo, herido por un refilonazo en la paleta que lo imposibilitó para la lidia.

En el de regalo, que ojalá no se vuelva costumbre en Bogotá, Ponce hizo gala de toda su técnica y vergüenza torera, al brindarse con aguante para pasar al manso a base de temple y juego de cintura. Con pinchazo cuarteando y estocada trasera despacha al ejemplar, para recibir una oreja solicitada por una afición, ya en ese momento folclórica, más como retribución a su voluntad y a la atención del regalo, que a la imposible lidia que el toro ofrecía.

Paquito Perlaza pechó en su primero con un ejemplar, que además de gazapón, era áspero y con genio. El caleño estuvo valiente, aguantando tornillazos y con la clara intención de darle una lidia honesta. Estocada desprendida entrando con decisión.

En su segundo, un ejemplar de condición semejante pero con más fiereza y transmisión, Paquito estuvo avaro en el temple y la verdad no fue el denominador de su faena, culminada con estocada baja y suficiente.

Una vez más, los toreros quisieron tapar la mansedumbre que se ha puesto de relieve en la presente temporada.

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