Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/02/09 00:00

Una mirada desde Berlín

Más de 500.000 personas convirtieron a Berlín en un escenario de paz contra una posible guerra en Irak.

Una mirada desde Berlín

Berlín parece poder soportarlo todo: historia, arte, política, arquitectura, diversión, mezcla cultural, experimentación, destrucción y reconstrucción y cualquier otro ingrediente que se pueda ocurrir para recordarle al resto del mundo que no se trata únicamente de la capital de Alemania o de un centro histórico de gran dimensión, sino ante todo de una de las ciudades más interesantes de toda Europa en la actualidad. Y ese factor interesante y decisivo que hace la diferencia entre una ciudad que vive solamente de su pasado y una que se proyecta hacia el futuro lo tiene Berlín: se trata de que sucedan cosas interesantes, y esas son las que pasan en la capital alemana día a día.

Y el pasado sábado 15 de febrero volvió a pasar algo así en Berlín. Esta vez no se trató de la caída de un muro, de la reunificación de una identidad cultural separada por océanos ideológicos o de la inauguración de un nuevo museo o un innovador concepto urbanístico. Tampoco fue la fecha de un nuevo estreno teatral, de un concierto masivo de rock, de una selecta presentación de música clásica o de la fiesta de música electrónica al aire libre más grande del mundo. Se trató simple pero contundentemente de una de las manifestaciones públicas en favor de la paz más grandes que recuerde Alemania en su historia, y que tuvo como tema y actores principales el claro rechazo de más de 500 mil personas de diversos orígenes sociales a una posible intervención armada contra Irak liderada por los Estados Unidos.

La manifestación por dentro

Quienes nos reunimos en las primeras horas del día sábado en la Plaza Alexander de Berlín tuvimos la sensación de que hacíamos parte de una ocasión especial. Algunos habíamos viajado la noche anterior, buscando el norte, en buses desde otros puntos de Alemania, como en mi caso desde la Universidad de Heidelberg, la más antigua de ese país situada al sur. A pesar de la caída de un poco de nieve y del inclemente frío, que recordaba a cada minuto que estábamos bajo algunos grados bajo cero, lo que antiguamente era uno de los puntos más representativos de la zona oriental de Berlín en sus tiempos de división por cuenta de la Guerra Fría se convirtió precisamente en un lugar de encuentro: miles de estudiantes provenientes de ciudades de todas las regiones, punks, legiones de viejos irreductibles comunistas abrigados por sus largas barbas, tribus urbanas de variedades y matices sociológicos aún por definir, inmigrantes provenientes de cualquier punto cardinal del mundo, familias completas, antiguos hippies, amantes del rock pesado, representantes de partidos políticos, actores y personalidades públicas, personas comunes y corrientes y hasta perros y otras mascotas se tomaron el centro la ciudad con un lema en común: ?No a la guerra en Irak".

Al igual que en Roma, Madrid o en Londres, los miles de manifestantes que se sumaron a las manifestaciones contra la guerra en Irak pueden o no tener clara la razón de su posición, pero han aplicado la posibilidad de ejercer la participación política y de alimentar la llamada esfera pública (tal como la han concebido precisamente filósofos alemanes de enorme importancia como Jürgen Habermas), que es uno de los pilares de cualquier democracia que aspire a ser considerada como tal en realidad, siendo este el caso de la Alemania de hoy. De las turbias épocas de la Segunda Guerra Mundial y las políticas represivas nacionalsocialistas de extrema derecha que lideró Adolfo Hitler en el siglo pasado, hoy Alemania es una nación donde la democracia se ha retomado y consolidado con gran éxito de forma paralela a su enorme progreso económico. Es así como cualquier persona puede hoy participar políticamente no solo por medio de procesos electorales sino a través de eventos públicos como manifestaciones, marchas o protestas sin ningún problema en general.

Con ese sentido de poder dar a conocer una posición sobre lo que sucede en el mundo, ya sea una guerra, los efectos de la globalización, el medio ambiente o los derechos humanos, es que cada una de esas cerca de más de 500 mil personas que estuvieron en Berlín (tal y como ha sucedido en las manifestaciones públicas más grandes de los últimos tiempos en ciudades como Seattle, Barcelona o Río de Janeiro) se atrevieron a alimentar una amplia corriente de opinión de gran importancia que aspira a confrontar las decisiones políticas mundiales más relevantes de nuestros días. Es así como existen manifestantes que llegan por su propia cuenta al enterarse esporádicamente de la realización de una manifestación, u otros que lo hacen por medio de organizaciones de tipo estudiantil o independiente, que con antelación a cada encuentro tienen preparados los autobuses para viajar, las pancartas, los folletos, las banderas, los globos y cualquier elemento que sirva de propaganda en favor de la idea que se defiende. Pero en el caso de Alemania existió un matiz curioso, porque a diferencia de las otras multitudinarias marchas realizadas simultáneamente contra la guerra en Irak en otras capitales europeas, el actual gobierno del Partido Social Demócrata (SPD), encabezado por Gerhard Schröder, ha dejado muy claro desde hace tiempo que no apoya a los Estados Unidos en una eventual intervención armada en Irak, por lo cual el público directo de la marcha fue en gran sentido además de Alemania el resto del mundo.

Para Sabine Mueller, estudiante alemana de sexto semestre de informática de la Universidad Humboldt de Berlín, la pasada marcha contra la guerra de Irak en esa ciudad es una gran ejemplo a seguir: "este tipo de demostraciones se están convirtiendo en la manera más importante en que las personas de distintos países podemos expresar de manera común un punto de vista contrario al que suelen tener los políticos y la clase dirigente. Si ahora los problemas son globales, pues las protestas también deben serlo".

Sin embargo, para el chileno Andrés Jouannet, antiguo líder estudiantil en su país, investigador social especializado en el funcionamiento de los partidos políticos y estudiante de doctorado de la Universidad de Heidelberg, estos movimientos son positivos, respetables y sanos para la democracia, pero pueden carecer de un mayor grado de coherencia ideológica que les puede impedir trascender a un plano político mayor: "las marchas contra la globalización, en favor del medio ambiente o la paz son algo que nos pueden conmover a todos porque miles de personas expresan de alguna forma los pensamientos cotidianos sobre su realidad social y política, lo cual es vital; pero en realidad al interior de gran parte de estas manifestaciones existe la carencia de una base concreta ideológica que las sustente hacia el futuro. Basta con preguntarle a muchísimos de los miles de jóvenes o manifestantes y ver como desconocen las propias razones y los contextos por los que protestan. Si examinamos lo que se dice en estas marchas, y en la información que se suelen repartir, en apariencia podríamos estar ante la canalización de un sentimiento de izquierda, pero en ese mismo sentido existe una ausencia de cuáles deben ser las soluciones o lo que se debería hacer, y se puede caer en el riesgo de repetir lugares comunes y de protestar solo por protestar o de salir de fiesta simplemente. Hay un mérito enorme en movilizar a tantas personas, y es válido el inconformismo, pero precisamente los grandes problemas requieren de propuestas lo mejor estructuradas posibles en el tiempo, no solo de manifestaciones de tipo coyuntural".

El recorrido

La marcha contra la guerra en Irak se llevó a cabo por una de las avenidas más importantes y bellas de Berlín, la denominada Unter den Linden que en sentido de oriente a occidente sirve para admirar lugares históricos tan importantes como la Iglesia de Santa María, el Museo Antiguo, El Dom de Berlín o parte de la hoy renovada Calle Friedrich para llegar finalmente al mayor símbolo de la ciudad: la Puerta de Brandenburgo. Cuando cada uno de los manifestantes desfilamos por este punto de la ciudad, es inevitable sentir algo especial, ya que hasta hace un poco más de una década pasaba por allí el Muro de Berlín, y el sentimiento de hacer parte de un gran acto borra por minutos las diferencias raciales, lingüísticas, culturales y de edad. Como si fuera poco, al costado izquierdo, y por encima de la elegancia de las renovadas sedes diplomáticas que allí se encuentran, aún existen algunos escombros y una especie de zona cero aún vigente en lo que es el área de la renovada Plaza de Potsdam.

Por momentos la marcha sirvió simplemente de catarsis para que cientos de personas expresaran con humor su inconformismo contra la política exterior de los Estados Unidos, como cuando se reunieron en un mismo punto un muchacho rubio disfrazado de tanque de guerra norteamericano y un punk con un cartel en el que se ridiculizaba la imagen del presidente George Bush frente a la de un vengativo Osama Bin Laden por medio de una caricatura. En otros instantes, a pesar de la solemnidad con que algunos alemanes marcharon, no se podía evitar el sonreír un poco cuando sonaba por algunos parlantes la música del popular cantante Manu Chau ?una suerte de cliché que era de esperarse- y algunos invernales jóvenes rastaffaris alemanes indiscriminadamente agitaban una enorme bandera con la figura del Che Guevara, mientras tocaban algunos tambores de madera importados a Berlín de El Caribe o de la también lejana África.

Pero en otros instantes (que van más allá de preguntarse si la figura histórica revolucionaria del Che Guevara, acaso convertida en algo pop simplemente, cabía en realidad dentro de un acto supuestamente pacifista) cuando sobre el mediodía la marcha comenzó a dejar atrás al costado derecho de la imponente silueta de la sede del parlamento alemán, el Bundestag, y comenzó a llenarse la calle 17 de Junio se sentía algo conmovedor en el ambiente: al igual que los ángeles que se asoman en las películas de Wim Wenders sobre el cercano monumento del Siegessäule, en la Gran Estrella vial de Berlín, por un momento cada uno de los más de 500 mil manifestantes creíamos que estabamos haciendo lo correcto.

* Periodista y estudiante de doctorado en Ciencia Política en la Universidad de Heidelberg, Alemania.

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