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| 4/6/2006 12:00:00 AM

Una vuelta por mi ciudad

El homosexualismo también pasa por la cultura y el arte. Una creadora y un miembro de la administración distrital analizan el tema en Bogotá desde distintas miradas.

Valeria Zukerbraum sostuvo conversaciones privadas con cerca de treinta hombres homosexuales. La idea era invitarlos a participar en un documental sobre el Parque Nacional de Bogotá y su significado como espacio de encuentro de los gay capitalinos. Si bien todos aportaron historias y relataron experiencias propias y ajenas, al final solo seis de ellos aceptaron aparecer en el filme de esta realizadora argentina, radicada en Colombia desde hace 12 años.

Claro que la aceptación, en el caso al menos de quien reseña sus propias experiencias en el documento fílmico, estuvo mediada por una condición: que su rostro nunca apareciera. Así, de espaldas al reconocimiento público, quienes observaron el documental Una vuelta por mi parque durante el Ciclo de Cine Rosa el año anterior lograron reconstruir parte de la historia gay en esta ciudad.

“El documental dura once minutos y lo que hace es retratar apenas un fragmento de la cotidianidad de los homosexuales en Bogotá que se relaciona con sus encuentros homoeróticos en un espacio público”, cuenta Valeria. Justamente, por referirse sólo a ese tema, la mayoría de personas se negaron a hablar de ello en público, aunque todos habían tenido alguna relación con el Parque en algún momento de su vida. “Creo que es difícil asumir públicamente el tema porque se refiere a encuentros de hombres que tienen como único propósito tener relaciones sexuales y no establecer lazos afectivos. Lo más seguro es que después de estar juntos allí ni siquiera se saluden si se cruzan en algún otro espacio. De todas maneras, en todas las ciudades del mundo hay un Parque Nacional que funciona bajo los mismos códigos”.

Durante el mes y medio que duró la realización del documental, el cual codirigió Alexander Salazar, Valeria logró acercarse a la problemática gay desde diversas perspectivas. Descubrió por ejemplo el acoso policial en contra de todos los hombres que visitan el parque, sean homosexuales o no. “Después de las 7 de la noche dos hombres no pueden estar juntos en el Nacional aunque sólo estén conversando. Mientras estuve ahí, por ejemplo, alguna vez dos hombres estaban sentados en una banca y los obligaron a abandonar el parque sin ninguna razón, sólo les dijeron que no podían estar ahí. Igual, me relataron un caso de unos hombres que fueron sorprendidos por los carabineros manteniendo prácticas sexuales y, además de sacarles toda la plata que tenían, los obligaron a practicarles sexo oral”.

En cuanto al documental mismo, Valeria Zukerbraum recuerda en particular el trabajo de edición. “Como Alexander Salazar es profesor de la Universidad Central, la edición del documental se realizó allí. Fue muy raro porque nadie quería editarlo y mientras estábamos allí todos hacían comentarios, incluso el celador decía ‘ese es el video de los maricas’. Finalmente, lo hizo alguien por obligación y quedó tan mal que nos tocó pagar y mandarlo reeditar”.

Tras la exhibición de Una vuelta por mi parque, la realizadora escuchaba comentarios que hacían evidente los imaginarios que la gente tiene sobre los gay. “La homofobia sigue siendo muy fuerte. Recuerdo que cuando vimos el documental con otras personas, algunas me preguntaron por el personaje que habla y me decían “pero habla bien y es muy inteligente, ¿seguro que es marica, no es un montaje?”.

Por todo eso y porque advierte que la discriminación en contra de los homosexuales es todavía muy fuerte en el país, Valeria afirma que el Ciclo de Cine Rosa (programado anualmente por la Cinemateca Distrital) y la Marcha del Orgullo Gay tienen un efecto muy limitado en la construcción de espacios de inclusión. “No creo que el Ciclo de Cine Rosa haga una ciudad más incluyente. De hecho, yo llevó varios años trabajando en televisión y cuando veo las propuestas que se presentan en el evento no conozco a ninguno de los realizadores que toman parte, pues los que tienen varios años en el oficio no están interesados en esos temas. La calidad de lo que se ve no es tan buena, pero creo que el aporte nuestro es que haya más gente homosexual contando cosas porque el mundo de la televisión es muy machista”.

En cuanto a la Marcha, Valeria cree que es más un show que cualquier otra cosa. “El año anterior fue mucha gente porque este país es muy novelero. Creo que el tema del personaje de Laiza Reyes (papel interpretado por Endry Carreño en una telenovela nacional), por ejemplo, generó más curiosidad entre la gente y querían ver un poco todo eso de los transgénero y lo travestis. Por eso es muy importante lo que ella ha logrado y las puertas que ha abierto para que la gente acepte el tema con menos dificultad. Pero detrás de esa curiosidad no hay una ciudad más incluyente”.

Desde la administración distrital
Los dos eventos que menciona Valeria, así como algunas de las exposiciones artísticas en Bogotá que han abordado temáticas LGBT como eje central, han sido apoyadas o generadas desde el Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT). Víctor Manuel Rodríguez, Subdirector de Fomento a las Artes y Expresiones Culturales de la entidad, más que analizarlos como elementos independientes, considera que son parte de una política de la Alcaldía Mayor y de la Dirección del IDCT para consolidar una ciudad más incluyente.

Semana: ¿Por qué se dio la Inclusión del tema de las minorías, particularmente de las comunidades LGBT, en programas del Instituto?

Víctor Manuel Rodríguez: Buena parte de los proyectos del IDCT se inscriben en el Programa Cultura para la Inclusión Social del Plan de Desarrollo “Bogotá sin Indiferencia: Un compromiso contra la pobreza y la exclusión”. Como tal, el IDCT identifica territorios de exclusión en los campos cultural, artístico y del patrimonio y desarrolla actividades y acciones para construir una ciudad incluyente y reconciliada. Si bien en otras administraciones se habían desarrollado acciones encaminadas a la inclusión de grupos sociales, como los grupos étnicos, era claro que las políticas de fomento cultural se orientaban principalmente al arte y se percibía, por así decirlo, una indiferencia hacia las otras culturas que viven en la ciudad. Para el IDCT, entonces, la inclusión social consiste no solamente en garantizar los derechos para que todos puedan acceder a la oferta artística y cultural de la ciudad, sino que las distintas culturas puedan ejercer su derecho a expresar y visibilizar sus formas de vida, sus hábitos, sus maneras de ser y de significar.

Desde 2004, el Instituto inicia, entonces, un proceso de diálogo y organización con estos grupos poblacionales y ejecuta programas de fomento a aquellas culturas invisibilizadas de la ciudad que se articulan en torno a asuntos de género, sexualidad, edad, condición social o étnica. Por su parte, el Observatorio de Cultura Urbana levanta información sobre cómo esos sectores poblacionales se definen a sí mismos, cuáles consideran que son sus actividades culturales y cómo se visibilizan.

S. ¿Cree que los esfuerzos y la inclusión de estos grupos como tema central de trabajo va a tener efectos en la construcción de una ciudad más tolerante?

VMR. El Instituto está convencido de que si no se realizan transformaciones culturales profundas en la sociedad, será difícil alcanzar el sueño de una ciudad más reconciliada y más solidaria. Paralelo a nuestras acciones de visibilización, hemos venido realizando con la Secretaría de Gobierno y el DABS el proyecto Cultura para la Ciudadanía Activa que consiste en un conjunto de estrategias de cambio cultural necesarias para el ejercicio de los derechos por parte de las poblaciones de la ciudad.

S. ¿Van a seguir apoyando la Marcha del Orgullo Gay y va a haber comparsas en el Festival de Bogotá como el año pasado?

VMR. Por supuesto. Para la Alcaldía Mayor y la Dirección este es un espacio de reconciliación muy importante. Desde 2004 hicimos los primeros acercamientos con las organizaciones que desarrollan la Marcha. En 2005 apoyamos la Marcha en lo relativo a la logística. Para este año hemos propiciado y participado en una mesa de trabajo que se creó con el fin de convocar a amplios sectores interesados en participar en el concepto del evento, con nuevas iniciativas, las formas de convocatoria, entre otros. Uno de los debates más interesantes ha sido el nombre mismo de la marcha. Algunos consideran que llamarla del Orgullo Gay excluye otras sexualidades. Su propuesta es que se llame Marcha por la Diversidad Sexual.

S. ¿Cómo percibe la respuesta de Bogotá a ese desfile y a la inclusión de una comparsa LGBT en el Carnaval de Bogotá? En el Carnaval de Barranquilla la comparsa de los gay es una de las más insultadas.

VMR. No hemos sabido de ningún tipo de expresión en contra de las comparsas LGBT en el Carnaval 2005. Con respecto a la Marcha, se percibía antes como un ejercicio mediante el cual una población de la ciudad se la apropiaba y hacia saber de su existencia en el espacio público o de lo público. En las dos últimas marchas se percibe el surgimiento de formas de solidaridad muy importantes. En primer lugar, sectores propios del sector de diversidad sexual, que antes no se sentían convocados, salen, se manifiestan públicamente y contribuyen a construir un espacio de inclusión. Pero quizás en la última, sectores más amplios de la ciudad salen y, aunque no se identifiquen como uno de ellos, pueden identificarse con ellos. Esto me parece un ejercicio contundente de convivencia y reconciliación: El número de personas que salió a marchar el año pasado fue alrededor de 120.000 personas.

S. Sobre las exposiciones que se han hecho en la Galería Santa Fe y el Callejón del Gaitán, ¿Va a haber más programación en ese sentido? ¿Cómo son recibidas las muestras por el público?

VMR. En diciembre de 2003 se realizó una exposición en la Galería Santa Fe que se llamaba “Un caballero no se sienta así”. El impacto fue muy interesante, un poco amarillista si se quiere, sin embargo, atrajo un público numeroso que la percibió con un experimento cultural necesario. Dos años más tarde se plantea la posibilidad de hacer una exposición similar. “Yo no soy esa” consistió en un ejercicio de curaduría y convocatoria muy interesante. Investigadores, artistas y curadores hicieron una propuesta que intentaba llamar la atención sobre las culturas sexuales marginales en los años 70 y 80 en Bogotá para lo cual realizaron entrevistas, investigación de archivo y propuestas visuales y de montaje muy atractivas, que yo me atrevería a llamar innovadoras. La asistencia de público a la Galería aumentó entre un 40 y 50 por ciento y, según los registros, buena parte de ese 50 por ciento adicional no había ido nunca a una exposición de arte.

Amor Universal, propone algo similar: llamar la atención sobre formas no oficiales de afecto y sexualidad. Estará abierta hasta finales de abril en el Callejón de las Exposiciones del Teatro Municipal Jorge Eliécer Gaitán, y también forma parte de las estrategias del Instituto por construir a Bogotá como un gran escenario de reconciliación y solidaridad.

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