Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/09/28 00:00

Uribe acepta zona de encuentro para intercambio humanitario pero con condiciones

El presidente se abstuvo de aclarar qué zona propone, pero el Mindefensa y Álvaro Leyva dijeron que será en Pradera y Florida (Valle). Familiares de los secuestrados prefirieron no hacerse expectativas hasta ver el decreto respectivo.

Según el presidente, la verdad que debe saber el país no es sólo sobre los vínculos de políticos con los paramilitares, sino también sobre "lo que pasó con el M-19".

Un día después de que las Farc dijeran que los acercamientos para el intercambio humanitario están en un punto muerto y que el Ejecutivo está engañando a los familiares de los secuestrados con falsas ilusiones, el presidente Álvaro Uribe se declaró dispuesto a crear una zona de encuentro para discutir el tema.

El anuncio del jefe de Estado fue hecho en la noche del miércoles, durante la instalación del congreso anual de Fenalco, y se limitó comunicar su interés de aceptar una zona de encuentro con las Farc, con condiciones propicias para la eficacia del acuerdo humanitario y de la paz".  Aunque Uribe no aclaró en dónde quedaría dicha área, el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, y el ex ministro Álvaro Leyva (mediador entre el gobierno y las Farc), dijeron en la mañana del jueves que el Presidente despejará los municipios de Pradera y Florida (Valle).

Según Uribe, el lugar "no podrá ser una zona de refugio del delito, ni un campo de recuperación militar para el terrorismo” sino “una zona que pruebe a nacionales y a la comunidad internacional que existe buena fe para la paz".

Los citados municipios tienen un área de 1.100 kilómetros cuadrados y está ubicados a 50 kilómetros de Cali.  Aunque el Ejecutivo no ha expedido el decreto respectivo, tanto Santos como Leyva aseguraron a Caracol Radio que Uribe ya tomó la decisión de emplearlos como sede de la zona de encuentro. Leyva reveló que el presidente aceptó usar esa zona tras cuatro largas reuniones de discusión sobre el tema.
 
El pronunciamiento de Uribe fue recibido con moderado optimismo por los expertos en el tema, entre quienes existe la idea de que más allá del impacto mediático es poco lo que hay de novedoso en las palabras del presidente, especialmente porque hay que esperar para conocer el detalle de sus 'condiciones' y la respuesta de las Farc. 

Para monseñor Fabián Marulanda, presidente de la Conferencia Episcopal, "esa ha sido siempre la posición del Gobierno” y por lo tanto no se trata de un cambio de enfoque o un paso clave para conseguir el acuerdo humanitario.

Durante las dos últimas semanas las Farc hicieron una intensa presencia en los medios con comunicados sobre el tema en los que tampoco hacen modificaciones a su petición de despeje de los municipios de Pradera y Florida (Valle) como condición para iniciar las discusiones sobre la liberación de unos 60 militares, policías y dirigentes políticos a cambio de unos 400 guerrilleros presos en las cárceles del país. Sin embargo, dieron un golpe de opinión al enviar un video con pruebas de supervivencia de los doce diputados del Valle secuestrados hace cuatro años. En la cinta, los asambleístas le piden al gobierno que haga el intercambio humanitario de inmediato.

Uribe, quien en su discurso de posesión presidencial confesó que tiene miedo a hacer el intercambio porque le puede significar un retroceso en términos de seguridad, ya había aceptado la posibilidad discutir el tema en una zona determinada del país, que según él podría ser una iglesia de Bogotá, una embajada o en un pequeño territorio del país.

Lo que no había aceptado publicamente el presidente –y tampoco aclaró en su anuncio de este lunes- es que tomó la decisión de desmilitarizar la zona de encuentro. "Llámese como se llame, lo que el presidente quiere hacer es retirar por completo la presencia de la fuerza pública", dijo Leyva.  Para Santos,  esto no significa que la región se vaya a convertir en un 'caguancito', en alusión a los desmanes guerrilleros cometidos en la zona de diálogos del frustrado proceso de paz emprendido por la administración Pastrana Arango. Lo cierto es que durante las últimas semanas se incrementó la presencia militar en Florida y Pradera.

Para el director del semanario Voz, Carlos Lozano, no deja de sorprender que el Ejército haya decidido hacer presencia en la zona ahora que las Farc la piden para el ‘canje’ y no antes, cuando la guerrilla pedía desmilitarizar otra región del país. La solicitud de los municipios de Florida y Pradera fue hecha por las Farc hace un año. En ese entonces el ex ministro Álvaro Leyva viajó hasta los dos municipios y comprobó que allí no había presencia de tropas.

Interrogado sobre el tema, el ministro del Interior, Carlos Holguín, dijo este lunes que la decisión de incrementar el pie de fuerza en la región se debe a que durante las últimas semanas se ha detectado el incremento de presencia guerrillera hacia Florida y Pradera, municipios que constituyen un corredor para comunicar el centro del país con el Valle del cauca.

Fuentes de inteligencia consideran que el interés de las Farc por la región se debe a que les permitiría darse un respiro ante la persecución del Ejército en el sur del país, así como conseguir municiones. Las Fuerzas Militares dicen tener pruebas de que cerca de esa zona operan Pablo Catatumbo y Alfonso Cano, dos de los guerrilleros más buscados del país, el segundo de los cuales es considerado como principal ideólogo de las Farc.

Para Ángela Giraldo, hermana de uno de los diputados secuestrados, la preocupación gira en torno a las condiciones del presidente para la creación de la zona. “Allá se va a buscar un acuerdo humanitario. No está bien que (Uribe) ponga dudas sobre si se va a delinquir o no”. En similar sentido se pronunció el ex presidente Ernesto Samper, promotor del intercambio, quien dijo que queda la sensación de que el gobierno y las Farc por fin se están acercando a un acuerdo, pero que éste no será para conseguir la paz, ni para hacer el intercambio, sino para discutir sus reglas de juego. “Lo importante es buscar el acuerdo con un lenguaje de paz y no con uno de guerra”, enfatizó.



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