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| 2/21/2007 12:00:00 AM

Uribe dice que los congresistas de la coalición de Gobierno están “nerviosos” y “tiemblan de miedo”

La sorprendente queja del presidente va más allá: “Me siento solo y sin escuderos en el Congreso”. Las severas palabras del Jefe del Estado sacan a la luz los problemas de la cohesión de su bancada y evidencia el pánico causado por el escándalo de la ‘parapolítica’. ¿Y ahora quién podrá defenderlo?

El presidente Álvaro Uribe se describe a sí mismo –y así lo percibe buena parte del país- como un hombre de carácter combativo, enérgico para defender sus convicciones y zafado en algunas de sus expresiones. Es, como dice él mismo, un guerrero. Por esta razón no deja de causar sorpresa su reciente queja respecto a la soledad en que se siente cada vez que encara un nuevo debate con la oposición.

Se trata de una declaración que impacta, en tiempos de ácida controversia por el escándalo de la infiltración paramilitar en la política y ante los dardos recibidos desde el liberalismo y el Polo Democrático por eso que sus contradictores llaman ‘falta de acción contra el resurgimiento del fenómeno paramilitar’. Impacta y sorprende. No es común que Uribe se queje de que nadie lo defiende. Menos aún cuando todo el mundo habla sobre el efecto teflón, aquel que le da licencias hasta para equivocarse sin que la opinión se lo debite del cómodo 70% de favorabilidad que le atribuyen las encuestas. Lo usual es que salga con la intención de demoler al contradictor de turno y de no dejar dudas de que fue él quien lo derrotó.

Un hombre que está acostumbrado a decir “tráiganme al que sea... póngamelo frente a frente... agréguemelo al debatico” no parece diseñado para frases como las que pronunció el martes en RCN Radio: “Me siento solo y sin escuderos en el Congreso... “los legisladores gobiernistas parecen que estuvieran nerviosos y temblaran de miedo (sic)”.

Existen varias explicaciones posibles sobre los fundamentos de sus quejas. La primera, descartable desde un principio, es la de que Uribe lo diga para bajarle el tono a alguna declaración suya que ahora considere demasiado fuerte. Aún cuando este tipo de giros en el debate son frecuentes en él cuando quiere matizar el discurso, este no es el caso, pues sus airados señalamientos contra dirigentes como Gustavo Petro o César Gaviria han sido reiterados en múltiples oportunidades con las mismas palabras. Además, en la misma entrevista en que se lamentó por la falta de coraje de su bancada volvió a insistir en algunas de ellas. Insinuó que Carlos Gaviria y Piedad Córdoba, entre otros, tuvieron nexos con la guerrilla, hecho demasiado grave que debería sustentar con pruebas, si es que las tiene. Lo contrario sería seguir incendiando al país con declaraciones infundadas que solo contribuyen a polarizar el debate político.

La segunda causa probable, más maquiavélica si se quiere, es que Uribe esté tratando de desviar la atención sobre el debate de la ‘parapolítica’ que lo acaba de obligar a sacrificar a su Canciller. El gobierno se ha desgastado bastante vendiendo la tesis de que la llamada crisis es una consecuencia de sus esfuerzos por devolverle confianza a las instituciones, las cuales se estarían depurando solas. Sin embargo, el alto grado de implicación de parte de su bancada en los repudiables hechos que investiga la Corte Suprema de Justicia deja mal parada a la coalición uribista.

La tercera razón de Uribe para salir a quejarse tiene que ver con que, en verdad, se esté sintiendo solo. Y si el presidente cree que su bancada no lo está defendiendo como debe es porque el relevo en los mandos del uribismo dejó al frente a líderes menos carismáticos y ‘combativos’ que sus antecesores, porque los partidos uribistas están divididos frente al escándalo y porque es cierto que la crisis tiene tan preocupado al Congreso que nadie se atreve a arriesgar. Con un ambiente tan enrarecido en el que ya se escuchan voces que hablan sobre revocar al Legislativo y circulan listados con nombres sobre políticos del interior involucrados en casos igual de graves a los que se les imputan hoy a sus colegas de la Costa Atlántica, es natural que muchos quieran reservar energías para cuando les toque defenderse a sí mismos. Saben que cualquier palabra que digan podría ser usada en su contra más adelante.

Por otro lado, los directivos de cada partido uribista parecen estar en su propio juego. En la U, sigue la pugna por el poder partidario, se mantiene los amagos de división y hay rencillas internas entre quienes piden posturas fuertes contra la ‘parapolítica’ y quienes prefieren esperar a ver qué pasa. Como si esto fuera poco, una de las promotoras de la disidencia, la senadora Martha Lucía Ramírez, tiene un impedimento para presidir las discusiones sobre el TLC con Estados Unidos porque asesoró a varias empresas privadas durante la negociación entre los dos gobiernos. Su colega, Carlos García, cree que si el proyecto se empantana ella será la responsable.

En Cambio Radical, Germán Vargas Lleras se mueve con diplomacia de precandidato presidencial y en Colombia Democrática, Colombia Viva, Alas Equipo Colombia y Convergencia Ciudadana las voces son cada vez más tímidas producto de la vinculación de sus cabezas visibles en el escándalo. Los presidentes de Alas y Colombia Viva, por ejemplo, están presos por el mismo escándalo.

Esos efectos de la crisis de los partidos se trasladan a su labor en el Congreso. En la Comisión cuarta de la Cámara, que debería estar estudiando el Plan de Desarrollo, se vive una situación atípica. Su presidente, Erick Morris, está preso desde diciembre. Lo remplazó el vicepresidente, Alfonso Campo, quien también fue apresado la semana pasada. Según el reglamento del Congreso en este caso las sesiones debe presidirlas de manera transitoria el primero de los integrantes de la comisión en orden alfabético. Y como en esta ocasión nadie sabe cuánto va a durar el periodo ‘transitorio’ ya hay quienes dicen que cualquier decisión que tome la comisión bajo este esquema puede resultar viciada. Entre tanto, los dos congresistas presos se niegan a renunciar a la curul (lo que permitiría volver a escoger mesa directiva en propiedad) porque aún no han sido condenados por la justicia.

Alas ni siquiera tiene presidente y ya algunos congresistas propusieron que la ex canciller María Consuelo Araujo asuma el cargo en remplazo de su hermano Álvaro, preso desde la semana anterior. El senador Araujo es, además, presidente de la comisión quinta del Senado.

Con este panorama tan enrarecido no sólo resulta claro por qué es que el Congreso está funcionando a media marcha, sino que también se evidencia en qué es que andan tan ocupados los legisladores cada vez que el presidente necesita su respaldo. No es fácil salir a apagarle el incendio al vecino, por muy querido que sea, cuando la casa propia está que arde. Quizá por eso es que Uribe añora más que nunca a personajes como el ex secretario de prensa Ricardo Galán, el ex asesor Fabio Echeverri o el ex ministro Fernando Londoño, verdaderos pesos pesados en la defensa de su imagen.


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