Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2008/09/11 00:00

Uribe insinúa que no aspira al próximo mandato

El proyecto de referendo para un tercer mandato del Presidente sigue en marcha, mientras Uribe amaga la entrega de la batuta a sus posibles sucesores. ¿Quiere o no seguir en el poder?

Uribe insinúa que no aspira al próximo mandato

“A mí me parecería muy grave que por entrar ahora el Congreso en la discusión de ese referendo (para una segunda reelección), no avanzara lo que es la urgencia real, que es la aprobación de la agenda legislativa", dijo el presidente Álvaro Uribe, durante un evento universitario este miércoles en la noche en Bogotá.
 
Con sus palabras, para muchos el primer mandatario dejó claro que no aspira a participar en las elecciones de 2010. Para otros, este es otro de esos mensajes ambiguos con lo que el primer mandatario ha capoteado el tema de su intención de hacerse reelegir por segunda vez.

El Presidente, en todo caso, no descartó la posibilidad de volver a ocupar el cargo más importante del país en otra oportunidad. Pidió a los firmantes que expresaron el apoyo a su reelección que tuvieran comprensión y propuso reformar el artículo que permitió su segunda reelección como medida de contingencia, “para que un Presidente pueda ser reelegido inmediatamente por una sola vez, y después, período de por medio”.

Dentro de las personas afines al gobierno la interpretación de las palabras del Presidente no es unánime. Hay quiénes piensan que la decisión de participar o no en las elecciones, la tiene el Legislativo. Para otros, el Presidente fue claro y no desea aspirar a una reelección. El asesor presidencial, José Obdulio Gaviria, dice que el primer mandatario no descartó la posibilidad de ser candidato sino que pidió al Congreso que se enfocara en las reformas. Gaviria dijo que el Congreso podía discutir los 3 proyectos al mismo tiempo.

Fabio Echeverry, amigo personal de Uribe y promotor de su primera reelección dijo a varios medios de comunicación, que el primer mandatario había sido claro, que no quería participar en las elecciones sino dedicarse a otras cosas, como la academia. Echeverry ha expresado en reiteradas ocasiones que no está de acuerdo con la reelección.

El proyecto de referendo que busca una segunda reelección presidencial, sin embargo, no tiene reversa. Esta mañana el presidente del Congreso Hernán Andrade, dijo que el referendo ya no tenía marcha atrás, porque firmaron casi 5 millones de personas a las que no se les podía vulnerar el derecho a pedir que se efectúe la consulta popular.

Este miércoles, la Registraduría Nacional certificó que de las más de 4 millones de firmas que presentó el Comité de Promotores para su certificación, hay la suficiente cantidad válida para que el proyecto siga su curso en el Congreso. 

Acto seguido, el Comité Promotor, encabezado por el secretario del Partido de la U, Luis Guillermo Giraldo, presentó el proyecto, en la tarde de ayer, a la Comisión Primera de la Cámara de Representantes.

El caballo ya está ensillado y no hay quien lo pare. Ahora el proceso continuará en el Legislativo con la impronta de urgente. El Presidente Álvaro Uribe podrá seguir evadiendo la pregunta por sus aspiraciones a continuar en el poder, a la que siempre responde “lo que hay que reelegir es la seguridad democrática”.

Mientras la inversión ha sido gigante (la sola recolección de firmas costó 2 mil millones de pesos y el referendo costará 115 mil millones), el primer mandatario dejó avanzar el proyecto sin revelar su verdadera intención dejando en vilo a sus seguidores y opositores.

La semana pasada, varios medios de comunicación hablaron de guiños que el Presidente hizo a varios de los posibles candidatos. Uribe, en una reunión con empresarios, dejó entrever que la actual embajadora en Londres, Noemí Sanín, podría tomar su bandera. Según el jefe de Estado, ella es elegible, genera confianza inversionista y podría continuar su política de Seguridad Democrática. “No es bueno perpetuarse en el poder", reiteró en esa ocasión.

Pero Uribe también ha elogiado el trabajo de los ministros Andrés Felipe Arias, Óscar Iván Zuluaga, Juan Manuel Santos y el ex de Justicia, Carlos Holguín Sardi. A la lista también se suma el ex congresista Germán Vargas Lleras y la actual senadora Marta Lucía Ramírez.

Al jugar varias cartas de posibles sucesores, el primer mandatario contenta a todos con la expectativa pero no entrega la batuta.  Todavía cabe la posibilidad de que Uribe defraude a quienes quienes quieren su relevo, y se decida a participar en las elecciones.

Para esto el proyecto de convocatoria a referendo, que lleva el mensaje de urgencia, deberá cursar cuatro debates en el Congreso (uno en las comisiones primeras y otros dos en las plenarias de las Cámaras).

El 15 de diciembre estaría listo para ser revisado por la Corte Constitucional, para lo cual el Alto tribunal contará con dos meses. Una vez se verifique su constitucionalidad, el Presidente convocará a votaciones. Para mediados del año entrante, si el referendo obtiene más de la mitad de la votación, que exige una participación del 25 por ciento del censo electoral (7 millones cien mil votantes), se sabrá si Uribe podría participar o no en las elecciones de 2010.

Aunque hay quienes aducen que Uribe no hará campaña en 2010 sino en 2014, pues la pregunta del referendo dice “quien haya ejercido dos períodos constitucionales, podrá ser reelegido” y no específica si es para un período consecutivo, no se justificaría tanto desgaste para que el primer mandatario ponga a esperar a los electores que ya tiene asegurados. Además, en cuatro años puede cambiar radicalmente el panorama político, y Uribe quien ha demostrado ser un político avezado, lo sabe.

El primer mandatario, acostumbrado a justificar y legitimar en el “pueblo” sus decisiones, podría dejar viendo un chispero a sus defensores, poner a temblar a sus opositores y lanzar su candidatura.

¿Y los pesos y contrapesos?

Con la primera reelección el sistema de pesos y contrapesos establecido en la Constitución de 1991 se deterioró profundamente. Tanto así que el Primer mandatario ha logrado obtener una maquinaria política impensada debido a los nombramientos que ha hecho sin contar los que le quedan por hacer. Varios representantes de las instituciones del Estado, incluso corporaciones enteras, deberán sus nombramientos al actual primer mandatario.

Uribe al finalizar este año cooptará por completo la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, la entidad encargada de investigar y sancionar a jueces, fiscales y abogados del país. Todos los magistrados fungirán por períodos de ocho años.

En el actual período de gobierno se decidió la reelección del actual Defensor del Pueblo, Vólmar Pérez. Este año se elegirá al Procurador General, para lo cual el Presidente participa con un postulado en la terna. El año entrante deberá elegirse un nuevo Fiscal, cuya terna será propuesta por el primer mandatario.

Seis de los nueve magistrados de la Corte Constitucional terminan su período, también en este año. Dos serán reemplazados por ternas propuestas por el gobierno. De esta manera, Uribe aumentará su cuota de injerencia en esta entidad de un magistrado a tres. Probablemente a la nueva Corte, renovada casi en su totalidad, le tocará decidir sobre temas como el respaldo o no a un tercer mandato del Presidente.

Eso sin contar las cuotas importantes que dejará Uribe en la Comisión Nacional de Televisión, en el Banco de la República, el Consejo de Estado, y que posee una mayoría obsecuente en el Congreso.

Órganos de control y vigilancia quedarán a disposición del Ejecutivo, desdibujándose el equilibrio necesario para que el Estado funcione sostenido en los tres poderes.

La experiencia de la primera reelección demostró que aunque se debata el sistema de pesos y contrapesos, si las mayorías quieren, con cambiar un solo “articulito” basta para concentrar el poder en una persona. Si este fue el efecto de la primera reelección, ¿cuál sería el futuro del equilibrio de poderes con una segunda?, ¿de qué manera se podría garantizar una reestructuración de la arquitectura del Estado?

El hecho que desde el gobierno se promueva una reforma a la Justicia, con el remoquete de “para acabar con el roscograma” no deja de ser cuestionable, cuando se está armando el más grande de todos.




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