Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/03/27 00:00

Velas negras... muchas velas negras

La contaminación en Bogotá por los buses chimenea está alcanzando niveles insostenibles.

Ocho niños menores de 5 años fallecieron durante 2004 por cuenta del smog, según cifras registradas por la Secretaría de Salud. Ciento dieciséis menores más murieron por problemas respiratorios, de acuerdo con el mismo estudio. Bogotá se convirtió en la tercera ciudad más contaminada de América Latina gracias a una sola avenida: la carrera 7. Y los expertos dicen que en niveles extremos, el CO o monóxido de carbono, gas expulsado por los buses chimenea, puede producir la muerte.

Y no es para menos ya que cada hora se desplazan por la avenida séptima, de la calle 26 a la 180 y la avenida Primero de Mayo, 4.700 buses chimenea -a veces con dos tubos de escape- que expulsan diariamente hasta cinco millones de kilogramos cúbicos de dióxido de carbono -164.000 partículas por kilogramo cúbico al día de monóxido de carbono y así sucesivamente-, óxido de nitrógeno, metano y otras partículas que sin compasión son depositadas en el aire que respiramos a diario los bogotanos.

Según el estudio de la Cámara de Comercio, justamente el 70 por ciento de las partículas contaminantes de la ciudad son proporcionadas por vehículos. Cifra preocupante. Tan preocupante como las evidencias de que el humo negro que botan estos buses chimenea causa la muerte de estos niños bogotanos.

¿Qué más se debe esperar para tomar medidas? ¿Hasta cuándo tenemos que ver miles de buses destartalados -que además van vacíos- que contaminan la ciudad? Como en la guerra, no podemos esperar a que haya más muertes para reaccionar y proteger la vida de los habitantes de Bogotá.

En octubre del 2003, por ejemplo, en compañía de mi bancada y de organizaciones como Corposéptima, universitarios y trabajadores del sector realizamos pacíficamente en la calle 72 con carrera 7 -uno de los sitios más contaminados de la ciudad- una protesta pacífica. Con máscaras y avisos les recordamos a las autoridades la necesidad suprema de tomar medidas.

Ha pasado un año, y volviendo a las cifras de muertes y ante la indiferencia del Dama, de la Secretaría de Tránsito y de los dueños de las empresas de transporte, decidí presentar ante el Tribunal Administrativo de Cundinamarca una acción popular para que los denominados buses chimenea salgan de circulación si sobrepasan su vida útil. Y para los que no, que se instalen filtros especiales conocidos como dispositivos, los cuales permiten retener las partículas de menos de 10 y de 2,5 micrómetros, y cualquier otro tipo de emisión altamente nociva para al salud y el medio ambiente.

De acuerdo con un estudio sobre el tema presentado por la Secretaría de Salud de Bogotá en octubre de 2004, las enfermedades como la neumonía, el asma, la rinitis, la bronquitis, laringitis y la amigdalitis son cada vez más frecuentes entre los habitantes de la ciudad.

Y es que "el monóxido de carbono (CO), al ser respirado, ocupa el puesto del oxígeno en la sangre, formando la carboxihemoglobina, que reduce la necesaria oxigenación del cuerpo", dice textualmente el informe de la Secretaría de Salud.

Agrega que como consecuencia inmediata, se disminuyen las operaciones intelectuales, se aminora la concentración, la capacidad de respuesta, se genera irritabilidad. Preocupante además si tenemos en cuenta que los gases expulsados por los buses chimenea también generan complicaciones en el desarrollo fetal.

Para no rayar en la consecuencia extrema, cuando hay una exposición crónica a bajas dosis, el monóxido o CO también afecta al sistema de coagulación, lo que produce embolias en el corazón o en el cerebro, me explicaba un amigo médico y lo confirma también la Secretaría de Salud.

Es decir que inevitablemente, y de no tomarse medidas extremas y urgentes, los bogotanos seguiremos cayendo en un paulatino deterioro de los tejidos pulmonares; de allí, que la insuficiencia respiratoria sea más notoria.

Por eso lo que esperamos los ciudadanos es que la crítica situación no se quede en el intento por sacar a Bogotá del deshonroso tercer lugar de la ciudad más contaminada del América Latina antecedida por Santiago de Chile y el D.F. ¿Qué esperamos para tomar medidas?

El tema de contaminación, prioridad mundial, sobresale por la indiferencia de las autoridades distritales y, en honor a la verdad, de las nacionales pues en Colombia diariamente mueren 48 niños y niñas por enfermedades previsibles o fácilmente curables, de los cuales el 10 por ciento mueren por neumonía. Lo que significa que en el país se presentan 1.752 defunciones al año por cuenta de la contaminación ambiental.

Como los que dicen predecir el futuro... solo esperamos que no tengamos que decir que Bogotá pondrá más muertos como consecuencia de la contaminación y entonces tengamos que poner velas negras... muchas velas negras.

*Concejal de Bogotá

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