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| 9/4/2005 12:00:00 AM

Vértigo en Barcelona

Lunes 05. Sebastián Serrano y Federico Rojas estuvieron en el más reciente concierto de U2 en Barcelona. Escriben sobre su envidiable experiencia

Voy a los conciertos cuando quiero hablar con Dios. Porque sólo en ocasiones como esa logro levantar mis palabras al cielo, seguro de que nadie más me escucha. Me gustan los que están más abarrotados, los de la bulla alta. Los conciertos en los que te ahogas maldiciendo a la divina providencia por no haberte dotado de unos centímetros de más, mientras sacas el hocico mendigando una pizca de aire entre la masa sudorosa que va de un lado para otro ardiendo bajo el germen infernal de la música. Esta noche mis palabras se confunden con los berridos de las fans, siento que se mueven mis labios siguiendo la letra de una canción conocida. Bono camina con los ojos vendados por el escenario, mientras el resto de U2 saca a mordiscos las notas de sus instrumentos.

Siempre imaginé que un concierto de U2 sería uno de los espectáculos más alucinantes del mundo, una máquina que se agiganta. La guitarra de The Edge me aparta a un lado, sus acordes distorsionados me atraviesan la piel dejándome dócil y sumiso. Puede que él no sea el guitarrista más rápido del mundo, pero si es uno de los más efectivos. Parte del éxito de U2 radica en su sonido, en sus experimentos, una voz que llena las melodías apoyada en ecos y reverberaciones, sostenida en una base rítmica sólida que aportan el bajista y el baterista.
Las graderías están abarrotadas de gente, como luces que parpadean y no paran de moverse, pixeles de diferentes colores que brillan y se difuminan. Ahora el escenario es rojo, todo el estadio late como un enorme ser. U2 tiene a Barcelona en sus bolsillos. Los cuerpos saltan, átomos desquiciados que se expanden y bailan sin parar. El humo se difumina y cubre las pantallas, alguien sale para ayudar a Bono, el gran profeta ciego que está a punto de chocarse con la batería. Somos parte de un gran ritual místico. En la enorme pantalla se lee en letras rojas COEXIST. C = La luna islámica, X = la estrella de David y T = la cruz de Cristo. Las tres religiones monoteístas. Bono proclama que la paz se puede conseguir uniendo las letras y los símbolos adecuados.

Me cuesta creer que haya conseguido entradas para este concierto en Barcelona. Nunca  soñé que en un domingo cualquiera pudiera ver a estos cuatro irlandeses hacer arder el escenario.

El Desplome de la Bolsa

Todo empezó con la llamada de una amiga que nos ofrecía las boletas por un precio absurdo: 150-200 euros. No teníamos mucho dinero, así que con indiferencia planteamos nuestra cantidad tope, entre 60 y 70 euros. Tenía 12 entradas, así que  si por algún motivo no lograba venderlas, nos avisaría. Media hora después, no nos había llamado, pero ya estábamos obsesionados con ir y, sin pensarlo, caminamos rumbo al Camp Nou. Después de andar un buen rato, llegamos al estadio, y por nuestros ojos empezó a desfilar un frenético tráfico de boletas. Los que las vendían estaban como locos por quitárselas de encima. Eran víctimas de una intoxicación por codicia.

Hace cuatro meses habían salido a la venta las entradas y se habían acabado en menos de un día. Mucha gente había dormitado la noche anterior fuera de la taquilla para hacerse con una de las localidades. Algunos de ellos con la intención de comprar muchas, para luego revenderlas más caras. Los primeros días en Internet llegaron a venderlas por 500 euros. Sin embargo, a medida que se fue acercando el concierto, los precios empezaron a bajar. Justo cuando caminábamos en busca de un cajero para pagarle a un revendedor que había llegado a ofrecérnosla por 50 euros, recibimos otra llamada de nuestra amiga. Derrotada, nos daba las entradas por el precio que las había comprado, 43,26 euros. Aceptamos sin dudarlo.
Los teloneros habían terminado. Sólo se escuchaban los gritos del público. Entregamos nuestras entradas que parecían fotocopias y nos escabullimos por las entrañas del estadio que estaba absolutamente lleno, 80.000 personas, hasta ahora el concierto más numeroso de la gira.

Barcelona se eleva

Al grito de "1, 2, 3...,14", empezó Vértigo, la canción y el concierto. En dos pantallas ubicadas una a la izquierda y otra a la derecha, podíamos ver lo que sucedía en ese diminuto y lejano escenario en donde se movía el grupo. Atrás los defendía una enorme pantalla con los colores rojo y negro del tour.

A medida que las canciones cogían fuerza y el grupo entraba en calor, la efervescencia se apoderaba de las voces que se movían dejándose introducir en el ritual. Hasta ese momento, el show era muy básico: cuatro tipos tocando rock-n-roll. Entonces, el fondo se transformó en luces giratorias que hipnotizaban a los espectadores, eran imágenes de ciudades contrapuestas y de letreros en japonés. A partir de ese momento, el estadio se convirtió en un templo multimedia parecido al de giras legendarias del grupo como "Achtung Baby" o "Pop".

La  banda irlandesa lo tenía muy claro. En el concierto se mezclaban más de tres generaciones de público, los de siempre, los nuevos y los que están por venir. Entre la gente se veían varias mujeres encintas, con su barriga al aire. El ambiente de fiesta se hizo más notable cuando, al terminar una canción, Bono empezó a cantar el cumpleaños feliz. Algunos, sin entender de qué se trataba, lo seguimos de forma mecánica, hasta cuando Bono respondió el acertijo: "Siempre que le preguntamos a The Edge qué quiere como regalo de cumpleaños, nos responde: quiero tocar en Barcelonaí".
 El ambiente de fiesta se fue haciendo cada vez más latente y el concierto fue siguiendo su trayecto hacia el clímax. Las graderías estallaron con canciones como: With or Without You, Pride in the Name of Love y One, que fueron carraspeadas en la garganta del público. Después hubo un silencio y el grupo desapareció. El estadio tembló en gritos de aclamación y silbidos, las tribunas de arriba golpeaban las pancartas de publicidad, al grito de OE-OE-OE.
Las luces se encendieron de nuevo. U2 estaba de vuelta. Bono sacó a relucir toda su vena histriónica colocándose un sombrero militar de Europa del Este. La guitarra distorsionada rugió con Zoo Station, que dio paso a The Fly, dejándonos extasiados con el poder hipnótico de la banda

Lucha Política

El uso de las pantallas no se limitó al derroche estético, junto a la música fueron una herramienta más para difundir la actitud política del grupo. No faltaron las referencias a los pasados atentados en Londres, Turquía, Egipto y  Madrid, sobre los cuales Bono expresó total rechazo. Pero también criticó la actitud de Occidente al respecto, al decir que la respuesta a las bombas no es más violencia: "Para derrotar al monstruo no tenemos que convertirnos en el monstruo". Más tarde, The Edge se puso en el piano y empezó con los acordes de Miss Sarajevo. Como en este concierto no estaba  Pavarotti, Bono tuvo que emplear al máximo sus pulmones para cantar en estilo ópera la estrofa que le correspondía al tenor italiano. Luego, todo el estadio se iluminó de azul y uno a uno fueron saliendo los principales Derechos Humanos escritos en la enorme pantalla y luego leídos por una mujer asiática.

El grupo ha demostrado que su lucha no se limita a las palabras. Esta gira está catapultada por el logro del cantante irlandés al conseguir la aprobación de un plan para condonar la deuda externa de los países más pobres.

Aprovechando el gran momento, en la enorme pantalla del concierto, una a una, fueron apareciendo las banderas de Ruanda, Somalia, Nigeria y otros países de África, cuando arrancó la guitarra con Where the Streets Have no Name. El gran poder de convicción de Bono fluyó en un momento precioso en el que las luces se apagaron y pidió a todos los presentes que sacaran sus celulares y los elevaran produciendo un efecto de veladoras que se replegó por el estadio. Las palabras de Bono eran melosas pero concisas: "Este es el año, este es el momento, de hacer de la pobreza historia".
Poco a poco se fue cerrando la ceremonia en círculo, y Bono volvió a contar "1, 2, 3..., 14" el concierto terminaba con el Vértigo que había empezado. Estuvimos un rato pidiendo que volvieran a salir. No obtuvimos más respuestas, apagaron las luces, había terminado. La gente empezó a salir, nosotros nos quedamos un rato esperando, buscando alguna forma de volver a la tierra. La gente seguía repitiendo una y otra vez el corito pegajoso de la canción. En toda la ciudad, el resto de la noche, grupos que seguían llevando Vértigo en la mente estuvieron deambulando, cansados, hambrientos, pero satisfechos. U2 había hecho flotar a Barcelona en el aire.   

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