Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/11/08 00:00

“Vi la cosa negra y oí los disparos”

Calle 45, más conocida como Murillo, donde cayó Diomar Jiménez cuando se movilizaba en compañía de su esposa y fueron abordados por dos sicarios en unaa moto.

(Barranquilla, 5 de septiembre de 2003)

Testimonio de Glenis Dueñas Acosta, viuda de Diomar Alberto Jiménez, un ex agente de seguridad que trabajó con la Sijín durante 14 años. Luego fue escolta de camiones de Coolechera –durante otros cuatro años en Soledad y en el barrio Porvenir de Barranquilla–. El día de su muerte trabajaba por contrato con la firma de seguridad y vigilancia Asis Ltda. Prestaba servicios de seguridad.

“Eso fue un sábado. Él llegó a almorzar a la casa en la Ciudadela 20 de Julio. Venía de trabajar, llegó a la casa como a las 12:45 de la tarde y tenía que regresar a trabajar porque no había terminado sus horas de trabajo. Yo tenía que salir a hacer una diligencia y salimos de la casa como a las 2:35 de la tarde. Cuando íbamos por la avenida Las Torres, atravesando Murillo, se apareció una moto blanca, se nos pegó al lado izquierdo. Cuando yo alcé la vista, el parrillero que llevaba pantalón azul pegó la pierna con la mía. Yo venía hablando con Diomar. Cuando el hombre me rozó la pierna alcé la vista, vi la cosa negra y oí los disparos; no sé cuántos, fueron varios disparos y salimos disparados por encima de los cachos de la moto y caímos a la cuneta.

Cuando me paré vi a una moto parada ahí y vi que se acercó otra moto roja, como que hablaron algo y se fueron juntos. Me puse a pedir auxilio, pero la gente de la casa donde caímos cerraron la puerta. Después de ese momento, se acercaron unos señores y me prestaron ayuda, me dijeron que le quitara el revólver y que asegurara los papeles. En ese momento se querían llevar la moto, la iban jalando, se querían llevar los zapatos y se querían robar el revólver. Eso era un desastre ahí. Se acercaron al momento y nunca prestan ayuda. Yo todo eso lo tenía, no se lo llevaron. Yo tenía una braga entre la blusa y en la braga guardé el revólver y los papeles los eché en el bolsito que él tenía con las tarjetas de pagadiario. La pistola con la que le dispararon era negra y el único que disparó fue el parrillero que vestía de jean azul y un suéter blanco.

No recuerdo más nada de ellos, porque después los vi de espaldas, eso pasó en milésimas de segundo. Mi esposo no tenía enemigos, pero sus compañeros en Asis dicen que tenía problemas con Jhon Fredy Rojas, uno de los supervisores de Asis Ltda y cuando no estaba trabajando se dedicaba al negocio del Pagadiario, que tenía con Orlando Charris, para entonces subgerente de Coolechera.
Mi esposo murió instantáneamente, no alcanzó a decirme nada”.


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