Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/05/09 00:00

Viñeta a Viñeta

Actualmente se desarrolla en Cali el XII Salón de Historietas y Caricaturas, un evento que permite observar las tendencias actuales de estos géneros en Colombia y parte del mundo. Breve recorrido por el universo de héroes, villanos, ironías y parodias.

Viñeta a Viñeta

Mucho tiempo ha pasado desde que Adolfo Samper publicara Mojicón, una historieta adaptada del medio norteamericano, a la cual muchos historiadores reconocen como la primera que vio la luz en nuestro país. Además de los personajes, que pasaron por el consabido proceso de colombianización, parece que las viñetas presentadas en 1924 tenían poco de nacionales y mucho de la cultura iconográfica del mercado estadounidense.

Debieron pasar 70 años, desde aquel instante magistral en que un colombiano firmó su historieta (propia o ajena), para que un grupo de amigos se reuniera y decidiera sacar los cómics y caricaturas que conservaba bajo el colchón, con el fin de exponerlos ante un público que, aunque lee tiras cómicas en los periódicos y disfruta del humor gráfico publicado en medios impresos, aún se pregunta si eso de los cómics en realidad puede interesar a algún adulto.

Esa decisión dio nacimiento al que hoy se conoce como Salón de Historietas y Caricaturas, un evento que el presente año llega a su décima segunda versión y exhibe cerca de 400 obras internacionales, 80 propuestas nacionales e incluye una muestra local de estudiantes de secundaria de la ciudad de Cali.

Según José Campo, director de la Fundación Calicomix – organizadora del certamen - las exposiciones previas permitieron consolidar la idea de los salones. “Con los salones finalmente lo que se plantea es hacer algo a nivel nacional. Hicimos contactos, vimos lo que pasaba en Bogotá y Medellín, y decidimos hacer el primero. Luego ya no paramos”.

Gracias al evento, que abrió sus puertas en Cali el 9 de mayo y se extenderá hasta el 31, se ha consolidado un espacio de muestra para creadores nacionales que de otra manera no podrían confrontar sus trabajos ni apreciar de manera masiva lo que hacen sus colegas en otros lugares del país y el mundo. “Desde el año anterior, por ejemplo, incluimos propuestas de arte fantástico, un género muy cercano al universo de los cómics. Entonces cada año la calidad se va superando”, dice Campo.

En la versión 2006, el Salón ha abierto también un espacio a los estudiantes de secundaria. “Se seleccionaron trabajos de 25 niños y jóvenes, entre los que se encuentran varias mujeres”.

José Campo resalta este último aspecto, pues el este año se eligió como tema central la “Mujer”. Por eso, han invitado a la argentina Ana Von Rebeur, presidente de FECO (Federación de Organizaciones de Humoristas Gráficos) y una de las creadoras gráficas más importantes del continente, quien participará en un conversatorio con las colombianas Consuelo Lagos (madre de la conocida Negra Nieves), Martha Helena Hoyos y Constanza Espitia, a quien Campo señala como una de las principales impulsoras presentes de la cultura Fanzine (tiene uno que se llama Lunática), entre otras. “Entre los temas que abordará Ana está, por ejemplo, las razones por las que las mujeres no hacen humor gráfico”.

Años recientes en Colombia

Además de su experiencia como autor, el haber estado presente en los doce salones le permite a Campo hablar sobre la evolución del cómic y el humor gráfico en el país en los años más recientes. “Cuando empezamos con el evento, estábamos muy divididos en cuanto a los estilos. A mi, particularmente, me gustan mucho más las propuestas europeas por la temática y el desarrollo de las historias. Sin embargo, la mayoría de los realizadores nacionales estaban muy influenciados por el cómic estadounidense, había mucho músculo, mucha fuerza”.

Luego de esta etapa llegaría el boom del manga, cómic japonés que a su vez se subdivide en varios géneros y plantea unos criterios estéticos propios. Al animarse recibe el nombre de animé y de allí proviene la popularización de héroes como Mazinger Z.

La influencia de este género fue notoria en todo el mundo y por supuesto en Colombia los creadores fueron tocados por aquellas figuras esbeltas, alargadas, de ojos grandes, cuyas historias podían abarcar los temas más prosaicos y profundos de manera simultánea. “El manga apareció a mitad de los salones. Comenzamos entonces a plantearnos la necesidad de ver ese material y dentro de la programación siempre hay un ciclo de animado. Sabemos que la caricatura es un primer estadio, luego viene el cómic y finalmente la animación”, relata Campo. “El manga fortaleció los procesos de formación, fue muy importante, por ejemplo, que uno de los creadores de Pokemon estuviera en Bogotá. Hoy la idea del cómic en Colombia se ha consolidado, la gente quiere ir más allá del manga, soltar esas temáticas, trabajar personajes de acá. Hay un proceso y ésta es como una segunda época dorada del cómic. La primera se dio en Colombia a nivel de consumo, de venta, ahora tiene que ver con la calidad artística, no sólo a nivel gráfico, sino literario”.

Quizás hoy ese es uno de los problemas más complejos para los creadores nacionales. Ya que si bien los colombianos mantienen una relación muy cercana con el humor gráfico producido por algunos realizadores nacionales, no sucede lo mismo con los cómics hechos en el país, para los cuales el mercado es casi inexistente. En ese sentido, “los fanzines, por ejemplo, son flor de un día, pero al menos han mantenido al cómic y es el medio que tiene este género para generar una dinámica que le permite producir cosas nuevas. Y aunque hay nuevas propuestas, la tendencia es a soltarlos y darle más importancia al trabajo gráfico manual y digital, así como la mezcla de los dos. Algo importante es que el cómic está tomando fuerza como elemento plástico y hay muchos artistas interesados en él y trabajándolo como propuesta”, dice José Campo.

Por lo que han seleccionado para este salón y la evolución de estas disciplinas en el país, Campo cree que hoy en Colombia se aprecia un tendencia a trabajar temáticas urbanas, citadinas, “elementos que de alguna manera plantean personajes que observan la ciudad y que se aprecian también desde ópticas interiorizadoras”. Las otras tendencias que se aprecian incluyen elementos de novela negra y temáticas fantásticas. “Hay mucho personaje gótico, personas que trabajan sobre la estética del heavy metal. Y en cuanto a lenguajes, hay propuestas que van desde el dibujo hasta la fotografía”.

Entre los realizadores nacionales, Campo destaca, entre otros, al grupo Leyenda de Pereira –“Ya es un grupo consolidado y con publicaciones”-, la gente que en Bogotá está haciendo una publicación que se llama Culturas y lo que están haciendo quienes vienen de las artes plásticas. “Los de Trucha Frita, con los cuadernos del Gran Jefe, van más allá del fanzine y hay persistencia en el trabajo. También destacó grupos que han desaparecido o a los cuales no he podido seguirles la huella y que hacían cómic en Pasto”.

Para el próximo año, Calicomix se ha propuesto realizar un salón dedicado a la cultura indoamericana, con la idea de recuperar las historias, mitos y leyendas de los pueblos indígenas. Allí se podrá ver entonces cómo los realizadores gráficos se alimentan de sus propias raíces culturales.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.