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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Voz a voz

Desde 2003, la artista colombiana Clemencia Echeverri indagó acerca de la realidad de algunos de los detenidos colombianos en prisiones inglesas y de las reclusas del Buen Pastor. El resultado es la obra Voz, una instalación que abre espacios de reflexión en torno a la capacidad para escuchar y las afinidades de la desgracia.

epender de las pautas que me determina el mundo aislado y artificial de la prisión."

-Clemencia Echeverri. Catálogo exposición Voz. 2005.

Los personajes de epender de las pautas que me determina el mundo aislado y artificial de la prisión."

-Clemencia Echeverri. Catálogo exposición Voz. 2005.

Los personajes de Clemencia Echeverri  no necesitan intérprete. No importa si se mueven en amplios espacios urbanos o en los escasos metros de una celda. No están allí para ser diseccionados como objetos de estudio o para ser vistos y/o escuchados como protagonistas de un una escena amarillista. Están ahí porque tienen vida propia. Una vida que es posible testificar como a un fragmento de la historia presente y los múltiples universos que la componen.

Tanto en sus trabajos anteriores como en su más reciente propuesta, Echeverri ha logrado consolidar un proyecto artístico en el que reseña la realidad sin caer en la tentación de la denuncia por la denuncia y logrando, a su vez, eludir la exposición de la miseria como gancho para atraer al espectador. Pero, más allá de convertirse en una mera cronista de la vida nacional (lo cual consigue de todas maneras), el trabajo de esta artista plástica nacida en el departamento de Caldas se destaca además por una gran calidad técnica y la construcción de un panorama estético en donde cada detalle apunta a construir de manera limpia y precisa una estrecha relación entre individuos, espacios y tiempos.

Esas características son visibles en epender de las pautas que me determina el mundo aislado y artificial de la prisión."

-Clemencia Echeverri. Catálogo exposición Voz. 2005.

Los personajes de Clemencia Echeverri  no necesitan intérprete. No importa si se mueven en amplios espacios urbanos o en los escasos metros de una celda. No están allí para ser diseccionados como objetos de estudio o para ser vistos y/o escuchados como protagonistas de un una escena amarillista. Están ahí porque tienen vida propia. Una vida que es posible testificar como a un fragmento de la historia presente y los múltiples universos que la componen.

Tanto en sus trabajos anteriores como en su más reciente propuesta, Echeverri ha logrado consolidar un proyecto artístico en el que reseña la realidad sin caer en la tentación de la denuncia por la denuncia y logrando, a su vez, eludir la exposición de la miseria como gancho para atraer al espectador. Pero, más allá de convertirse en una mera cronista de la vida nacional (lo cual consigue de todas maneras), el trabajo de esta artista plástica nacida en el departamento de Caldas se destaca además por una gran calidad técnica y la construcción de un panorama estético en donde cada detalle apunta a construir de manera limpia y precisa una estrecha relación entre individuos, espacios y tiempos.

Esas características son visibles en Voz obra expuesta hasta el 7 de diciembre de 2005 enepender de las pautas que me determina el mundo aislado y artificial de la prisión."

-Clemencia Echeverri. Catálogo exposición Voz. 2005.

Los personajes de Clemencia Echeverri  no necesitan intérprete. No importa si se mueven en amplios espacios urbanos o en los escasos metros de una celda. No están allí para ser diseccionados como objetos de estudio o para ser vistos y/o escuchados como protagonistas de un una escena amarillista. Están ahí porque tienen vida propia. Una vida que es posible testificar como a un fragmento de la historia presente y los múltiples universos que la componen.

Tanto en sus trabajos anteriores como en su más reciente propuesta, Echeverri ha logrado consolidar un proyecto artístico en el que reseña la realidad sin caer en la tentación de la denuncia por la denuncia y logrando, a su vez, eludir la exposición de la miseria como gancho para atraer al espectador. Pero, más allá de convertirse en una mera cronista de la vida nacional (lo cual consigue de todas maneras), el trabajo de esta artista plástica nacida en el departamento de Caldas se destaca además por una gran calidad técnica y la construcción de un panorama estético en donde cada detalle apunta a construir de manera limpia y precisa una estrecha relación entre individuos, espacios y tiempos.

Esas características son visibles en Voz obra expuesta hasta el 7 de diciembre de 2005 en el Museo Nacional en Bogotá y que se espera pueda ser exhibida en Londres en 2006. La instalación, que combina elementos de audio y video, logra recrear los pasillos de algunas prisiones inglesas y del centro penitenciario del Buen Pastor en Bogotá. Lugares que Echeverri visitó desde 2003 y en donde fue dando forma a este proyecto que, sin lugar a dudas, es una de las propuestas más interesantes del presente año en el terreno artístico.

Sin embargo, escapando al efecto mismo de la puesta en escena (no hay que olvidar que el espacio empleado en el Museo para el montaje de la obra fue en el pasado albergue de la Penitenciaria Central de Cundinamarca), Voz se constituye en un documento histórico que abre espacios de reflexión en torno a diversos temas. Temas que por lo general son invisibles en los reportes noticiosos sobre la situación carcelaria y que la artista pone en evidencia a través de una red de voces y una serie de fragmentos de conversaciones con detenidos colombianos en ambos países.

En voz propia
 
Estos son algunos de los fragmentos de una conversación con Clemencia Echeverri, en medio del Museo Nacional de Colombia, durante la exhibición de su obra Voz.

"En el año 2003 yo quería realizar un proyecto de creación por fuera del país y trabajar con personas que estuvieran en circunstancias difíciles. Iba para Londres y, entonces, decidí acercarme a la situación de la prisión y las condiciones de encierro en la que están algunos colombianos. Empecé todas las gestiones con el consulado, con las prisiones, para tener el acceso y el contacto directo con los colombianos que estaban allí. Siempre pensé que después de mi ingreso yo podría ser un canal de comunicación hacia el público ampliado en Colombia e Inglaterra".

Tras esta primera definición de los protagonistas de su investigación, Echeverri arrancó el proyecto sin tener muy claro, en términos artísticos, hacia dónde iba. "Empecé a trabajar con la dificultad: no podía tener imagen, no podía tener video, no podía tener fotografía. Pero en algún momento, la voz se convirtió en lo más importante".

Escapando del recurso más fácil, Clemencia Echeverri renunció a la voz como testimonio: "No se trata de un testimonio sobre lo que a cada quien le sucede en la prisión. Empecé a adelantar unos talleres que iban conducidos a generar una conversación, una retrospectiva sobre la vida de cada uno, una revisión, un atenderse, un oírse ellos mismos en su propio momento. Me parecía muy interesante hacerlo así porque íbamos a empezar a trabajar con un material desconocido".

Gracias a esa metodología, como lo explica la autora del proyecto, se fue revelando una serie de constantes en todos los detenidos. Coincidencias que apuntaban a las desestructuras familiar y educativa. "Cada quien en lo que decía lo manifestaba de alguna manera. Siempre estaban presentes un pasado doloroso, una relación con los padres compleja, un abandono continuo, una soledad muy fuerte. Por eso decidí situar este proyecto ahí, situarlo fuera del tiempo presente y no reducirlo a contar simplemente las razones por las que fueron detenidos. Ante todo, estaba tratando de entrar mucho más profundamente en las circunstancias de cada quien".

Para avanzar en esa labor y lograr construir un panorama suficientemente representativo, Clemencia trabajó con más de 60 reclusos ("A algunos los visité dos o tres veces. A otros, solo una, porque las cosas no son fáciles) y grabó horas y horas de conversación con ellos.

O.L. ¿Cuántas horas de grabación realizó para llegar a estos fragmentos que seleccionó finalmente?

C.E. "No sé, pero muchas. Eran minidisc y minidisc sin parar. Nunca le puse una  grabadora a la persona. No quería establecer la relación de dígame, yo le pregunto, sino trabajemos aquí. Lo que realmente está se cruza por el mini disc y por el micrófono, lo que no se dijo, pues nunca aparece y nunca apareció. Fueron muchísimos minidisc, no se un número -40 o 50- y luego se hizo una clasificación de archivo, se separaron más o menos por contenidos. Porque, en medio de todo, viene lo afectivo, pero también lo presente, las anécdotas, los recuerdos, muchas cosas que no son tan importantes o necesarias de transmitir. Ese es un lugar complejo porque uno se emociona con algunas cosas y a veces no son tan importantes".

O.L. Pero, conceptualmente, ¿qué la movió a seleccionar esos fragmentos específicos?

C.E. "La coincidencia, la manera repetida en la que se volvían a dar y dar y dar. Por ejemplo, la queja por el padre hombre. La ausencia del padre es muy fuerte casi en todas las veces. Hay otra situación importante y es que aunque estaban en Londres, esas personas podrían estar aquí y estar haciendo lo mismo. La condición de estar afuera, en este proyecto, no crea grandes diferencias. La persona carga con ese problema siempre, en cualquier lugar que esté, incluso después de la prisión".

O.L. ¿Entonces no encontró contrastes entre lo reclusos en Londres y las del Buen Pastor?

C.E."Encontré lo mismo y aun peor en el Buen Pastor. Porque en las mujeres me parece que la cosa es más dura. Tienen los niños en la calle, o donde una tía, o donde una prima. Ahí, además, me di cuenta de que el problema se replica fuertemente en esa infancia y en esos niños. Incluso me encontré con una retenida de 35 años de edad que nació en la prisión y que por la manera como opera su familia, tiene el hábito de delinquir todo el tiempo, esta otra vez en la prisión".

O.L. ¿Y cómo logro eludir las tentaciones de la denuncia y el amarillismo, que en este tipo de temas son muy fuertes?

C.E. "Fue difícil. Me di cuenta, por ejemplo, de que un proyecto de estos puede tener 10 o 15 orientaciones. Uno se puede parar en el maltrato interno de la prisión, en las condiciones cotidianas del preso, en la impotencia de las instituciones, en los hacinamientos, en todo lo que conocemos que sucede dentro de la prisión. Pero yo estaba muy atenta a no cerrar el discurso, sino a generar una pregunta. Y creo que la estoy generando en los campos educativo y afectivo, en esas cosas, en esos lugares donde la sociedad debería cubrir los problemas uno a uno, más que abarcar toda la institución carcelaria".

O.L. En su obra, no sólo en esta, sino en las anteriores, hay una gran importancia del ser humano y de la voz que no se escucha sino en algunas realidades paralelas que se mueven en el país. Pero resulta muy interesante la manera como logra encajar los espacios como parte de esa historia de vida. Quisiera hablar entonces de eso, del ser humano que encontró y de cómo fue moverse en las prisiones y apropiarse del espacio. ¿Cómo llegó eso a su obra?

C.E. "Esos son los elementos que lo hacen a uno hacer una obra como la que hay acá. Realmente la experiencia de ingresar fue muy difícil para mí, muy dura, muy conmovedora, pero al mismo tiempo me dio mucha fuerza porque sentía que ahí había una experiencia interesante de transmitir. ¿Qué es lo que hace un artista? Todas esas son variables con las que se trabaja. Se trabaja con la experiencia personal, se trabaja con el ingresar, en un momento. Ahí empecé a sentir que la interactividad corporal con el espacio era un elemento a trabajar más adelante en una posible instalación. Entonces la interactividad que hay en esta instalación, la sentí yo al ingresar a los pasillos de las prisiones, por ejemplo. Ese elemento constituye una relación entre el espacio y la voz. El espacio como un poder de amplificación de la voz, la arquitectura como un canal que hace que la voz tenga un lugar por donde filtrarse y por donde pasar, y no solamente la voz que oímos en los medios. Los relatos no son fáciles de oír, es necesario filtrarlos para tratar de captar la atención del otro. Ese trabajo con el sonido se adelantó siempre pensando: ¿qué tanta atención tenemos para el otro? Y es escasa, es poca. Hay que dar unos fragmentos muy cortos, muy sustanciales y muy precisos para que en esa funcione articulación entre el caminar y el que tu cuerpo impulse la posibilidad de que el otro llegue y puedas darle un tiempo a esa voz para ser oída".

O.L. Claro, la gente que viene marca los ritmos de la obra. Cuando uno entra tiene una percepción de que las grabaciones y el ritmo están marcados por las pausas. Pero cuando se sale, es claro ese murmullo de las cárceles que es audible pero incomprensible a la vez. ¿Siente que ese elemento le permite recrear de manera contundente la realidad cotidiana de las prisiones y sus pasillos?

C.E. "Espero que sí. Lo trabajé muchísimo y con mucho cuidado, y aquí poder tener el espacio como matriz para poder comprobar con tiempo si esas cosas van a suceder, es decir, si se siente en el cuerpo, fue fundamental para mí. Poder tener un escenario que no está completamente despojado de una historia, que está en silencio como arquitectura y poderlo revivir con la voz fue para mí la articulación más importante".
 
O.L. ¿Cuando pensó el montaje, el Museo Nacional ya estaba definido como espacio o fue circunstancial?

C.E. "No lo tenía en mis planes. Sentía que tenía que asentar este proyecto en un lugar que contribuyera a la idea y la potenciara aun más. A comienzos de este año, en febrero, le hice la propuesta al Museo Nacional y les interesó mucho. La Universidad Nacional lo financió gracias a una beca de creación que me gané para desarrollar el proyecto".

O.L. Doris Salcedo decía que ella veía para los que habían visto. ¿Usted oye para todos aquellos que no podemos oír de manera directa?

"Más que eso, pienso que lo que estoy haciendo es construir un canal para que por cada uno de los que habla haya otro que escuche y, en ese sentido, el que escuche amplíe y  genere conciencia frente al problema. Es un proyecto que si señala un lugar donde la sociedad poco escucha y lentamente resolvemos las cosas. Por otro lado, creo que el arte lo que hace es localizar de una manera distinta este discurso que ha sido trabajado por la sociología, el sicoanálisis y la filosofía. Nosotros lo movemos y lo articulamos al espectador en un tiempo y un espacio diferente al escrito, al atendido en la academia, en la reflexión de la palabra, aquí yo lo hago con las coordenadas que el arte posibilita para volver a señalar".


Ver obra: epender de las pautas que me determina el mundo aislado y artificial de la prisión."

-Clemencia Echeverri. Catálogo exposición Voz. 2005.

Los personajes de Clemencia Echeverri  no necesitan intérprete. No importa si se mueven en amplios espacios urbanos o en los escasos metros de una celda. No están allí para ser diseccionados como objetos de estudio o para ser vistos y/o escuchados como protagonistas de un una escena amarillista. Están ahí porque tienen vida propia. Una vida que es posible testificar como a un fragmento de la historia presente y los múltiples universos que la componen.

Tanto en sus trabajos anteriores como en su más reciente propuesta, Echeverri ha logrado consolidar un proyecto artístico en el que reseña la realidad sin caer en la tentación de la denuncia por la denuncia y logrando, a su vez, eludir la exposición de la miseria como gancho para atraer al espectador. Pero, más allá de convertirse en una mera cronista de la vida nacional (lo cual consigue de todas maneras), el trabajo de esta artista plástica nacida en el departamento de Caldas se destaca además por una gran calidad técnica y la construcción de un panorama estético en donde cada detalle apunta a construir de manera limpia y precisa una estrecha relación entre individuos, espacios y tiempos.

Esas características son visibles en Voz obra expuesta hasta el 7 de diciembre de 2005 en el Museo Nacional en Bogotá y que se espera pueda ser exhibida en Londres en 2006. La instalación, que combina elementos de audio y video, logra recrear los pasillos de algunas prisiones inglesas y del centro penitenciario del Buen Pastor en Bogotá. Lugares que Echeverri visitó desde 2003 y en donde fue dando forma a este proyecto que, sin lugar a dudas, es una de las propuestas más interesantes del presente año en el terreno artístico.

Sin embargo, escapando al efecto mismo de la puesta en escena (no hay que olvidar que el espacio empleado en el Museo para el montaje de la obra fue en el pasado albergue de la Penitenciaria Central de Cundinamarca), Voz se constituye en un documento histórico que abre espacios de reflexión en torno a diversos temas. Temas que por lo general son invisibles en los reportes noticiosos sobre la situación carcelaria y que la artista pone en evidencia a través de una red de voces y una serie de fragmentos de conversaciones con detenidos colombianos en ambos países.

En voz propia
 
Estos son algunos de los fragmentos de una conversación con Clemencia Echeverri, en medio del Museo Nacional de Colombia, durante la exhibición de su obra Voz.

"En el año 2003 yo quería realizar un proyecto de creación por fuera del país y trabajar con personas que estuvieran en circunstancias difíciles. Iba para Londres y, entonces, decidí acercarme a la situación de la prisión y las condiciones de encierro en la que están algunos colombianos. Empecé todas las gestiones con el consulado, con las prisiones, para tener el acceso y el contacto directo con los colombianos que estaban allí. Siempre pensé que después de mi ingreso yo podría ser un canal de comunicación hacia el público ampliado en Colombia e Inglaterra".

Tras esta primera definición de los protagonistas de su investigación, Echeverri arrancó el proyecto sin tener muy claro, en términos artísticos, hacia dónde iba. "Empecé a trabajar con la dificultad: no podía tener imagen, no podía tener video, no podía tener fotografía. Pero en algún momento, la voz se convirtió en lo más importante".

Escapando del recurso más fácil, Clemencia Echeverri renunció a la voz como testimonio: "No se trata de un testimonio sobre lo que a cada quien le sucede en la prisión. Empecé a adelantar unos talleres que iban conducidos a generar una conversación, una retrospectiva sobre la vida de cada uno, una revisión, un atenderse, un oírse ellos mismos en su propio momento. Me parecía muy interesante hacerlo así porque íbamos a empezar a trabajar con un material desconocido".

Gracias a esa metodología, como lo explica la autora del proyecto, se fue revelando una serie de constantes en todos los detenidos. Coincidencias que apuntaban a las desestructuras familiar y educativa. "Cada quien en lo que decía lo manifestaba de alguna manera. Siempre estaban presentes un pasado doloroso, una relación con los padres compleja, un abandono continuo, una soledad muy fuerte. Por eso decidí situar este proyecto ahí, situarlo fuera del tiempo presente y no reducirlo a contar simplemente las razones por las que fueron detenidos. Ante todo, estaba tratando de entrar mucho más profundamente en las circunstancias de cada quien".

Para avanzar en esa labor y lograr construir un panorama suficientemente representativo, Clemencia trabajó con más de 60 reclusos ("A algunos los visité dos o tres veces. A otros, solo una, porque las cosas no son fáciles) y grabó horas y horas de conversación con ellos.

O.L. ¿Cuántas horas de grabación realizó para llegar a estos fragmentos que seleccionó finalmente?

C.E. "No sé, pero muchas. Eran minidisc y minidisc sin parar. Nunca le puse una  grabadora a la persona. No quería establecer la relación de dígame, yo le pregunto, sino trabajemos aquí. Lo que realmente está se cruza por el mini disc y por el micrófono, lo que no se dijo, pues nunca aparece y nunca apareció. Fueron muchísimos minidisc, no se un número -40 o 50- y luego se hizo una clasificación de archivo, se separaron más o menos por contenidos. Porque, en medio de todo, viene lo afectivo, pero también lo presente, las anécdotas, los recuerdos, muchas cosas que no son tan importantes o necesarias de transmitir. Ese es un lugar complejo porque uno se emociona con algunas cosas y a veces no son tan importantes".

O.L. Pero, conceptualmente, ¿qué la movió a seleccionar esos fragmentos específicos?

C.E. "La coincidencia, la manera repetida en la que se volvían a dar y dar y dar. Por ejemplo, la queja por el padre hombre. La ausencia del padre es muy fuerte casi en todas las veces. Hay otra situación importante y es que aunque estaban en Londres, esas personas podrían estar aquí y estar haciendo lo mismo. La condición de estar afuera, en este proyecto, no crea grandes diferencias. La persona carga con ese problema siempre, en cualquier lugar que esté, incluso después de la prisión".

O.L. ¿Entonces no encontró contrastes entre lo reclusos en Londres y las del Buen Pastor?

C.E."Encontré lo mismo y aun peor en el Buen Pastor. Porque en las mujeres me parece que la cosa es más dura. Tienen los niños en la calle, o donde una tía, o donde una prima. Ahí, además, me di cuenta de que el problema se replica fuertemente en esa infancia y en esos niños. Incluso me encontré con una retenida de 35 años de edad que nació en la prisión y que por la manera como opera su familia, tiene el hábito de delinquir todo el tiempo, esta otra vez en la prisión".

O.L. ¿Y cómo logro eludir las tentaciones de la denuncia y el amarillismo, que en este tipo de temas son muy fuertes?

C.E. "Fue difícil. Me di cuenta, por ejemplo, de que un proyecto de estos puede tener 10 o 15 orientaciones. Uno se puede parar en el maltrato interno de la prisión, en las condiciones cotidianas del preso, en la impotencia de las instituciones, en los hacinamientos, en todo lo que conocemos que sucede dentro de la prisión. Pero yo estaba muy atenta a no cerrar el discurso, sino a generar una pregunta. Y creo que la estoy generando en los campos educativo y afectivo, en esas cosas, en esos lugares donde la sociedad debería cubrir los problemas uno a uno, más que abarcar toda la institución carcelaria".

O.L. En su obra, no sólo en esta, sino en las anteriores, hay una gran importancia del ser humano y de la voz que no se escucha sino en algunas realidades paralelas que se mueven en el país. Pero resulta muy interesante la manera como logra encajar los espacios como parte de esa historia de vida. Quisiera hablar entonces de eso, del ser humano que encontró y de cómo fue moverse en las prisiones y apropiarse del espacio. ¿Cómo llegó eso a su obra?

C.E. "Esos son los elementos que lo hacen a uno hacer una obra como la que hay acá. Realmente la experiencia de ingresar fue muy difícil para mí, muy dura, muy conmovedora, pero al mismo tiempo me dio mucha fuerza porque sentía que ahí había una experiencia interesante de transmitir. ¿Qué es lo que hace un artista? Todas esas son variables con las que se trabaja. Se trabaja con la experiencia personal, se trabaja con el ingresar, en un momento. Ahí empecé a sentir que la interactividad corporal con el espacio era un elemento a trabajar más adelante en una posible instalación. Entonces la interactividad que hay en esta instalación, la sentí yo al ingresar a los pasillos de las prisiones, por ejemplo. Ese elemento constituye una relación entre el espacio y la voz. El espacio como un poder de amplificación de la voz, la arquitectura como un canal que hace que la voz tenga un lugar por donde filtrarse y por donde pasar, y no solamente la voz que oímos en los medios. Los relatos no son fáciles de oír, es necesario filtrarlos para tratar de captar la atención del otro. Ese trabajo con el sonido se adelantó siempre pensando: ¿qué tanta atención tenemos para el otro? Y es escasa, es poca. Hay que dar unos fragmentos muy cortos, muy sustanciales y muy precisos para que en esa funcione articulación entre el caminar y el que tu cuerpo impulse la posibilidad de que el otro llegue y puedas darle un tiempo a esa voz para ser oída".

O.L. Claro, la gente que viene marca los ritmos de la obra. Cuando uno entra tiene una percepción de que las grabaciones y el ritmo están marcados por las pausas. Pero cuando se sale, es claro ese murmullo de las cárceles que es audible pero incomprensible a la vez. ¿Siente que ese elemento le permite recrear de manera contundente la realidad cotidiana de las prisiones y sus pasillos?

C.E. "Espero que sí. Lo trabajé muchísimo y con mucho cuidado, y aquí poder tener el espacio como matriz para poder comprobar con tiempo si esas cosas van a suceder, es decir, si se siente en el cuerpo, fue fundamental para mí. Poder tener un escenario que no está completamente despojado de una historia, que está en silencio como arquitectura y poderlo revivir con la voz fue para mí la articulación más importante".
 
O.L. ¿Cuando pensó el montaje, el Museo Nacional ya estaba definido como espacio o fue circunstancial?

C.E. "No lo tenía en mis planes. Sentía que tenía que asentar este proyecto en un lugar que contribuyera a la idea y la potenciara aun más. A comienzos de este año, en febrero, le hice la propuesta al Museo Nacional y les interesó mucho. La Universidad Nacional lo financió gracias a una beca de creación que me gané para desarrollar el proyecto".

O.L. Doris Salcedo decía que ella veía para los que habían visto. ¿Usted oye para todos aquellos que no podemos oír de manera directa?

"Más que eso, pienso que lo que estoy haciendo es construir un canal para que por cada uno de los que habla haya otro que escuche y, en ese sentido, el que escuche amplíe y  genere conciencia frente al problema. Es un proyecto que si señala un lugar donde la sociedad poco escucha y lentamente resolvemos las cosas. Por otro lado, creo que el arte lo que hace es localizar de una manera distinta este discurso que ha sido trabajado por la sociología, el sicoanálisis y la filosofía. Nosotros lo movemos y lo articulamos al espectador en un tiempo y un espacio diferente al escrito, al atendido en la academia, en la reflexión de la palabra, aquí yo lo hago con las coordenadas que el arte posibilita para volver a señalar".


Ver obra: http://www.quiasma.org/clemenciaecheverri/html/voz.html
Contactar a la artista:

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