Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/11/22 00:00

“Yo no puedo entender este juego, creo que se nos ha dejado a la deriva”

Dijo Sivio Hernández, padre de uno de los plagiados por las Farc. Los familiares de los secuestrados hicieron una parada en la Plaza de Bolívar para pedir que se reconsidere la decisión del Ejecutivo.

"Nosotros teníamos mucha esperanza en la mediación de Chávez. Sentimos que se nos ha cerrado la puerta en la cara", dijo Silvio Hernández, padre del Teniente Elkin Hernández, secuestrado en 1998. Fotos: León Darío Peláez.

"Hola mi niño: aunque han pasado muchas navidades sin que hayamos vuelto a jugar aguinaldos, aquí te estoy esperando..." escribía Edna Sánchez Rivas hace dos años por esta época. Las palabras se las enviaba en una misiva pública a su hermano secuestrado: el Teniente de la Policía Elkin Hernández Rivas, plagiado por las Farc desde el 14 de octubre de 1998 cuando apenas tenía 22 años.

Hoy las palabras de la carta tienen la misma vigencia, solo que la esperanza tiende corroerse con el paso del tiempo. El padre de Elkin, Silvio Hernández, encendió la radio en la mañana de este jueves y escuchó la noticia que anunciaba que el presidente Álvaro Uribe sacaba de la mediación para liberación de los secuestrados al presidente Hugo Chávez y la senadora Piedad Córdoba. Volvieron los sentimientos de dolor y nuevamente, su familia, al igual que las de los demás plagiados, fue víctima del juego político que pone valor a la vida.

La última prueba de supervivencia de Elkin llegó el 5 de julio. Días antes de que el profesor Moncayo comenzara su travesía para pedir por el acuerdo humanitario y la liberación de su hijo. Días después del asesinato de los once diputados del Valle. “Uno no sabe qué es peor, si recibir pruebas de sobre vivencia o no recibirlas. Los sentimientos son encontrados, por un lado está la alegría de saber que está vivo y por otro el dolor al ver lo que está pasando”, djo Silvio como quien no sabe qué creer. En este punto, la situación emocional es confusa.

Hasta hace unos días los familiares de los secuestrados tenían confianza en los avances de las negociaciones. Pero bastó una decisión política para que el anhelado acuerdo humanitario se esfumara como si sólo hubiera sido un espejismo, una suerte de oasis en medio del desierto vivido todos estos años.

“¿Qué han hecho ustedes en 10 años?”, preguntaba Elkin en la prueba de sobre vivencia consistente en un video. “Eso nosotros no lo hemos podido hacer, sólo estamos rodeados de matas y matas. Sabemos las consecuencias de un rescate militar, no queremos regresar en bolsas negras”, continuaba. La vida se evapora para quienes quedan en las selvas colombianas. Por esa razón este miércoles los familiares de los secuestrados tuvieron que salir a la Plaza de Bolívar, como un sinónimo de persistencia.

“Se los llevaron vivos, vivos los esperamos”, “Doctor Uribe, necesitamos su corazón humano”, fueron algunas consignas que se escucharon. Cerca de cincuenta familiares clamaron por la necesidad de reanudar la intermediación de Venezuela. Sólo había algunos transeúntes indiferentes, que poco o nada sabían qué estaba pasando. “Muchas veces hemos venido a esta plaza. Las personas que pasan son distintas, pero la indiferencia es la misma. Es como si uno no pudiera encontrar algo de humanidad, como si no hubiera algo que nos uniera”, comentó Silvio con la voz temblorosa y a punto de sucumbir al llanto.

Sigifredo López, Luis Alfredo Moreno, César Augusto Lasso, Ingrid Betancourt, Luis Arturo Arcia, Cosuelo Gonzáles, Álvaro Moreno, Clara Rojas, Luis Hernando Peña,... La lista parecía interminable. Policías, militares, civiles políticos, las fotos de varios secuestrados estaban expuestas como una denuncia de la barbarie. En las caras de sus familiares había tristeza y rabia. Algunos llevaban gafas oscuras para esconder el dolor, otros gritaban a voz en cuello. El mensaje era el mismo: “Por encima de las indiscreciones, de las razones y sinrazones políticas está la vida de los secuestrados”, como dijo Marleny Orjuela, la Presidenta de Asfamipaz.

El Teniente Elkin fue secuestrado en el cumplimiento de su deber. Desde que se había graduado llevaba 33 meses de servicio hasta el día de su plagio. Hoy su padre descree de todo, así como lo ha intentado todo, desde una oración que no acaba hasta las marchas y el acompañamiento al resto de los familiares de secuestrados. “Nuestros hijos estaban al servicio de la patria y esperábamos que por pertenecer a la institución los iban a sacar rápido. No puedo entender este juego”, dice Silvio indignado.

La función social, desafortunadamente, da un valor distinto a cada secuestrado. Ahora se habla del “costo político”, en términos económicos se mide la importancia de cada uno. No significa lo mismo la liberación de un político o de quien ha sido secuestrado con fines extorsivos. Para unos son “rehenes” para otros “canjeables”, para otros simplemente “secuestrados”, botines y escudos de guerra. Pero para los familiares siguen siendo sus seres más queridos y su tragedia el hecho que les cambió la vida. Así lo expresó Marleny: “Son seres humanos como todos nosotros. Ni ellos ni nuestras familias merecen que les den la espalda. A pesar de esto no vamos a desistir, así como ellos se han mantenido con valor y dignidad, nosotros nos mantendremos para seguir nuestra lucha libertaria ”.

Ellos no se resignan. Fueron a la plaza sin entender lo que pasa en términos de “conveniencias” para el Estado o para la guerrilla. Sus familiares siguen en la selva y la angustia y la incertidumbre aumentan. “Hay que hacer un llamado a los colombianos. Tenemos que rodear a los familiares de los secuestrados. Aquí no pierde la institucionalidad, ni el gobierno, ni Chávez, ni Uribe. Los verdaderos perdedores son ellos y sus familiares”, dijo Mauricio Lizcano, hijo del representante a la Cámara Óscar Tulio Lizcano, secuestrado en agosto de 2000.

Para la familia Hernández Rivas, tal vez, será la décima navidad sin el único hijo barón, que ya tiene 31 años. La “única luz que quedaba se ha apagado”, como dice Silvio. Sin embargo, las palabras de la carta que un día escribiera su hija Edna tienen el mismo valor que hace dos años, cuando concluyó:"Esta guerra fratricida y egoísta nos ha arrebatado la libertad y nos ha consumido en la soledad. Pero nunca nos podrá arrancar el deseo de seguir viviendo y soñar con el gran reencuentro”



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