Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/04/17 23:19

Dilma, con un pie fuera del gobierno de Brasil

La presidenta Dilma Roussef está a un solo paso de ser destituida de su cargo, tras aprobarse el juicio político en su contra. En un mes, aproximadamente, el Senado de ese país le podría dar el empujón definitivo.

Dilma Rousseff está a punto de salir del gobierno. Foto: A.F.P.

A un solo paso de abandonar la presidencia de Brasil quedó este domingo Dilma Roussef. La sucesora del controvertido Lula Da Silva, uno de los presidentes más populares del país, el que consiguió la sede de los próximos juegos olímpicos de Río de Janeiro, está a punto de acarrear todas las culpas de la corrupción que durante años ha sido tan característica de la clase política brasileña, y que ahora salpica a su movimiento, el Partido de los Trabajadores.

A Dilma no se le acusa de graves delitos, o de grandes crímenes, como dicen sus defensores. Se le cuestiona que haya recurrido a préstamos en bancos públicos para maquillar el déficit fiscal y equilibrar el presupuesto, lo cual está proscrito por la ley. Y políticamente, sus adversarios la responsabilizan de la crisis económica que ahoga al país, al creciente desempleo, y hasta le achacan la corrupción del Caso Petrobras, en el que se ha visto comprometido su antecesor en el poder.

La estabilidad política de la presidenta de Brasil quedó en riesgo el pasado 11 de abril. Ese día una comisión de diputados propuso someterla a un juicio político, con tan mala fortuna para la presidenta que la mayoría absoluta de la cámara de diputados aprobó el juicio. Este domingo, en una emocionante sesión que tuvo en vilo a millones de brasileros, 367 diputados aprobaron el juicio, o ‘impeachment’, más de dos tercios de la Cámara compuesta por 511 diputados.

Desde las dos de la tarde y hasta la media noche de este domingo, Brasil vivió una jornada tensionante. En todos los rincones del país se seguía la votación con tanta intensidad como si se tratara de una definición por penales de una final de la Copa del Mundo de fútbol. Incluso, dentro del parlamento, los diputados celebraban ruidosamente cada vez que uno de sus colegas decía "Sim" y hasta chiflaban a los que decían "não a golpe". Hasta un diputado de la comunidad gai, después de haber votado en contra, escupió a la bancada de derecha intengrada por miembros de la iglesia evangélica. 

Al filo de la media noche en Brasil, el sí al ‘impeachment’ contra la presidenta llegó al número mágico de 342 votos. De inmediato los despachos de prensa empezaron a anunciar la noticia y los parlamentarios entonaban cantos propios de las torcidas, o hinchadas, de los equipos de fútbol de Brasil. No era para menos. Habían alcanzado la victoria en esa especie de definición por penales: la presidenta de Brasil será llamada a juicio.

La decisión es casi que definitiva. La aprobación del juicio político deberá ser ratificada en las próximas semanas por el Senado. Allí los que promueven la destitución de Dilma Roussef necesitan solo de una mayoría simple, pues con que 41 de 81 senadores, avalen el ‘‘impeachment’, la presidenta de Brasil será apartada del cargo, en principio, mientras se desarrolla el juicio.

Según informa la prensa brasileña, a finales de mayo podría ser el debate en el Senado, y por lo visto este domingo en la Cámara de diputados, la votación podría repetirse y con amplitud.

Mientras tanto, Dilma, que afronta una estrepitosa caída en su popularidad, y con muy poco capital político, deberá jugársela en el Senado y buscar apoyos de los indecisos. Sin embargo los vientos no le favorecen, y por el contrario la amenaza de su salida de la presidencia la atormenta cada vez más y con insistencia. Este domingo, su abogado dijo que la presidenta recibió con "indignación y tristeza" la decisión de la Cámara de Diputados que la deja al borde de un juicio político.

Si el Senado ratifica el juicio, la presidencia de Brasil será asumida por el actual vicepresidente Michel Temer. Un político discreto y de muy bajo perfil, que nunca se ha medido en unas elecciones, pero que desde ya se está viendo como adversario de Dilma, y hasta las caricaturas lo muestran como un traidor.

Mientras tanto, Dilma, separada de su cargo, deberá defenderse en un juicio que deberá durar seis meses (180 días). En ese término, el Senado será convocado para determinar si la presidenta es culpable o si se le absuelve de los cargos. A los opositores de Dilma ya no les basta con la mayoría simple, es decir la mitad más uno, sino la de dos tercios del Senado: 54 votos de 81.

Sin embargo, el escenario que Dilma sea absuelta es casi que descartado por los analistas políticos brasileños, pues aseguran que seis meses por fuera de la presidencia son una eternidad, por lo que de aquí a esa fecha la mandataria habría perdido oxígeno en el parlamento.  

Si es declarada culpable, Dilma sería destituida de forma definitiva, y el vicepresidente Michel Temer asumiría el cargo hasta el final del mandato constitucional, el 1 de enero de 2019.

Dilma Roussef, quien en los años 60 integró la guerrilla Colina, y fue torturada por la dictadura militar, sucedió a Lula Da Silva en el 2010. Ya con la popularidad menguada, se reeligió en el 2014, dos meses después del mundial de fútbol. Dos años después tiene un pie afuera del gobierno.

Es probable que en pocos días pase a la historia segunda persona en ejercer la presidencia de Brasil a la que se le abre un ‘impeachment’ o juicio político. En 1992 fue acusado de corrupción por el parlamento el entonces presidente Fernando Collor de Mello. En diciembre de ese año, antes del veredicto, renunció a la presidencia.

¿Correrá la misma suerte? Por lo menos, todo parece indicar que el próximo 5 de agosto, Dilma no llegará como presidenta a la inauguración de los juegos olímpicos de Río.  

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