Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/05/20 22:22

En la cuerda floja está la ciencia en Medellín

La Corporación para las Investigaciones Biológicas, una de las entidades en el mundo con más publicaciones en microbiología médica, hoy lucha por salvarse de la liquidación forzosa.

Entre las propuestas está la vender la mitad del edificio de la Corporación. Foto: Archivo Semana Sostenible.

A pesar de contar con seis grupos reconocidos por Colciencias y estar clasificada como centro de excelencia, las directivas de la Corporación para Investigaciones Biológicas (CIB) tendrán que definir en pocos días cómo salvar de la liquidación a una de las instituciones colombianas más prolíferas en ciencia e investigación.

Es la octava entidad del mundo con más publicaciones en el área de microbiología médica y tiene grupos de investigación A1, máxima clasificación que otorga Colciencias. Pero la crisis del sistema de salud y la decreciente inversión en investigación y ciencia por parte del Estado tienen a la CIB con una deuda total de 5.500 millones de pesos.

Las facultades de ciencias biológicas y de la salud en Colombia conocen bien los libros de la CIB. Diego Sierra, director general de la institución, comenta que el fondo editorial de textos académicos es consultado, en el 70 %, por estudiantes y profesionales de diferentes áreas científicas en el país; el 30 % genera ingresos de su venta en el extranjero.

Sin embargo, la doctora Mónica Uribe, decana de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Bolivariana y miembro de la junta directiva de la CIB, reconoce que la editorial ha generado pérdidas en años recientes, “debido a la piratería y al creciente acceso gratuito al contenido en la red”.

Por esta y otras razones, las directivas de la Corporación ahora contemplan “vender la mitad del edificio, la Institución Prestadora de Salud (IPS), que se dedica a la atención de pacientes) o el 50 % del fondo editorial” para evitar la liquidación, advierte Sierra.

El director aclara que de la deuda total, 2.000 millones de pesos “se compensa con el arriendo al Laboratorio Departamental de Salud Pública de Antioquia” que actualmente funciona en las instalaciones de la Corporación. “También aspiramos a hacer alianza público-privada con la Secretaría de Salud y el Municipio de Medellín para que la CIB pueda tener un tamaño más pequeño, pero una sostenibilidad mayor. Esto reduciría sus necesidades de mantenimiento”, sin afectar la calidad científica ni la prestación de servicios.

Sierra hace la salvedad de que si dentro de los siguientes 12 meses los vínculos con los asociados de la Corporación rinden frutos “por 2.000 millones de pesos, nada cambiaría en la CIB”.

Esto evitaría el final de casi medio siglo de divulgación científica, además de generar alternativas para el diagnóstico y el tratamiento de enfermos con infecciones tropicales, por hongos (micosis), micobacterias (como la tuberculosis) y con patologías ‘raras’ o ‘huérfanas’. Estas últimas generan poco interés entre las grandes empresas farmacéuticas que financian la investigación, debido a su baja incidencia y a los costos millonarios de su diagnóstico y tratamiento.

Algunas infecciones tropicales objeto de investigación de la CIB no son frecuentes en Colombia y son aún más raras en la mayoría de países desarrollados que invierten un alto porcentaje de su producto interno bruto (PIB) en ciencia y tecnología.

Esto hace a la Corporación líder internacional en publicaciones científicas y ayudas diagnósticas en el tema, pero también la enfrenta a la reducción continua del presupuesto que el Estado invierte en investigación.

Sierra afirma que “los temas que la CIB investiga, aunque son importantes, están por fuera de los focos de interés de Colciencias”. Hasta hace dos años, la CIB contó con el apoyo de la entidad para el fortalecimiento de la investigación, pero “los rubros pasaron de 4.200 millones de pesos anuales en el año 2014, a 600 millones de pesos este año”.

La crisis del sistema

Como si no fuera suficiente con que el motivo de ser de la CIB sea un tema relegado en el presupuesto anual de la Nación, las IPS y las Empresas Promotoras de Salud (EPS) adeudan a la Corporación casi 600 millones de pesos. Sin embargo, después de que los medios de comunicación difundieron el SOS emitido por la entidad, “nos pagaron 78 millones de pesos entre Savia Salud y el Laboratorio Echavarría”, explica el director. “Sin embargo, siguen pendientes, sumados a otras deudas menores, el Hospital La María (Medellín) y el Hospital San Ignacio, en Bogotá”, señala Sierra.

Así se gesta la crisis: por las deudas millonarias de las IPS y EPS, la Corporación también ha tenido que asumir los costos de los insumos de laboratorio, según explica el doctor Jaime Robledo, jefe del grupo de investigación de bacteriología y micobacterias de la institución: “Las EPS les deben a las IPS y estas les deben a la CIB”.

El doctor Robledo comenta que “en la CIB se hacen pruebas de sensibilidad para antibióticos de segunda línea contra la tuberculosis, que sirven en pacientes cuya infección es resistente a los tratamientos convencionales. La CIB, en conjunto con el Instituto Nacional de Salud, es la única entidad que hace esas pruebas en Colombia”.

La Corporación fue fundada en 1970 por un grupo de científicos, entre los cuales se incluyeron William Rojas, Emilio Bojanini, Fabiola Montoya, Mario Restrepo y Ángela Restrepo, última destacada por ser autoridad mundial en el estudio del hongo Paracoccidioides brasiliensis y haber formado parte de la Misión de Sabios (junto con Gabriel García Márquez y Rodolfo Llinás) que en 1994 propuso una ruta de educación para el desarrollo del país.

El nombre de Medellín está en los anales de la microbiología mundial gracias a los investigadores de la CIB. Tras descubrir una bacteria capaz de producir una toxina 300 veces más potente que la última generación de pesticidas, letal para los mosquitos transmisores de la malaria, la fiebre amarilla y la filariasis, el Instituto Pasteur de Francia la bautizó Basilus Thurigiensis Medellin, en honor a la ciudad que alberga la sede actual de la corporación desde 1995.

Ahora, la supervivencia de esta institución y de sus grupos de investigación en biodiversidad, biotecnologi´a, micología, biología celular y molecular depende de la ayuda de universidades y entidades públicas, en un esfuerzo por mantener vivo un negocio tan poco lucrativo en Colombia como el de la ciencia.

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