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| 3/26/2011 12:00:00 AM

¡Pobres ricos!

Un estudio reunió las experiencias de más de cien magnates estadounidenses y concluyó que estos no están más satisfechos por ser millonarios que quienes tienen menos plata.

La mayoría

coincide con la famosa frase de Pambelé, quien dijo alguna vez: "Es mejor ser rico que pobre". Pero ahora, gracias a una nueva investigación hecha por el Center of Wealth and Philantropy, del Boston College, se ha podido constatar científicamente que los millonarios viven tan preocupados por el dinero como la gente de escasos recursos. Sin embargo, a este exclusivo grupo el dinero no lo deja dormir por razones diferentes. ¿Tengo suficiente

, ¿voy a quebrar

, ¿en qué lo invierto

, ¿estoy malcriando a mis hijos con tanta abundancia

, son algunas de las preguntas que los agobian. "Y mientras más ceros se agregan a sus fortunas, los dilemas son mayores", dice Robert A. Kenny, quien elaboró el estudio.

El proyecto fue apoyado con dineros de la Fundación Gates y tenía como objetivo buscar qué variables incidían para que un rico decidiera dar su dinero a causas filantrópicas. Y aunque para alcanzar esa meta había que ahondar en sus alegrías y tristezas, fueron las tribulaciones de los acaudalados las que llamaron la atención de los investigadores. En ese sentido resultó ser un trabajo único, pues los ricos, que no son muy dados a quejarse en público por temor a ser considerados desagradecidos, por primera vez se explayaron para contar todas sus miserias. Según los nuevos hallazgos, ellos viven amargados porque el dinero les ha creado ansiedades en los más importantes frentes de su vida: el amor, el trabajo y la familia.

Los resultados del estudio fueron dados a conocer de manera preliminar en la revista The Atlantic, pero la idea es divulgarlos poco a poco en publicaciones científicas y seminarios para ricos, una población que ha crecido tres veces desde 1989.

Más de 150 potentados de Estados Unidos participaron en la investigación, la gran mayoría con fortunas por encima de 25 millones de dólares. Había tres tipos de magnates: los que amasaron su patrimonio durante su carrera; los que la recibieron súbitamente por una decisión económica audaz, como comprar las acciones correctas en el momento indicado, y los que la heredaron, a quienes Warren Buffet llama el "club de los espermatozoides con suerte".

A pesar de que cada uno de estos grupos vive situaciones muy particulares con la plata, el estudio mostró que todos comparten una preocupación: ninguno siente que haya alcanzado la seguridad financiera y para estar más tranquilos desearían acumular al menos un cuarto más del valor de su patrimonio actual. Uno de ellos, el heredero de una enorme fortuna, dijo que solo cuando tuviera en el banco 1.000 millones de dólares se sentiría con su futuro asegurado.

Para un ciudadano del común, lo anterior suena absurdo, pero los investigadores explican que esto sucede porque la mente humana no está entrenada para manejar el exceso de dinero. Con el tiempo, un individuo rico se habitúa a un estilo de vida exorbitante hasta que la felicidad de tenerlo se va acabando. En otras palabras, si el lujo es constante, tarde o temprano deja de ser un lujo.

Casi la mayoría de los millonarios consideran que sus relaciones con los demás han sido afectadas por el dinero. Uno de ellos señala que "muy pocos saben el nivel de mi riqueza y si se enteraran, cambiaría por completo el vínculo que tenemos". Otro menciona que algunos de sus amigos terminarían su amistad si en algún momento "no pudieran sacar algo de mí". Al contrario de lo que sucede en la clase media, los ricos no añoran todo el año la llegada de la Navidad ni los cumpleaños. Más bien son fechas molestas, porque la gente espera de ellos regalos muy buenos. "Cuando usted es millonario, los obsequios costosos casi nunca cumplen las expectativas de quien los recibe", dice Kenny.

Otra queja permanente es la sensación de aislamiento. "Es una barrera que nos impide conectarnos con otros", escribió la esposa de un potentado de la tecnología. Les gusta intimar con personas de su nivel económico porque solo ellas entienden que el dinero es al mismo tiempo una bendición y una desgracia. De esto último no se podría hablar con personas de recursos económicos limitados, pues no solo pensarían que son ingratos con la vida, sino que les contestarían con la consabida frase "ya quisiera yo tener tus problemas". Pero andar entre ricos también es un lío porque no todos tienen la misma fortuna. Los más 'pobres', por ejemplo, los de apenas 25 millones de dólares, pueden sentir una fuerte presión si departen con los de 100 millones, al no poder ir al ritmo de sus gastos.

Debido a la tendencia de glorificar el dinero, ellos se sienten molestos cuando la gente los ve como más inteligentes, sabios e incluso como si hubieran sido bendecidos. "Yo me siento con suerte, pero es difícil que las personas que no tienen plata vean que ser rico no tiene un significado más allá", respondió otro magnate.

Quienes se hicieron ricos a pulso no tienen problemas con su autoestima. En el trabajo el mayor reto ha sido pasar de una vida en la que la actividad les consume el tiempo a otra en la que es voluntaria. Pero otro cantar es el de los herederos, quienes no la tienen nada fácil en su carrera, que a veces se queda a la deriva. Muchos no sienten una fuerte motivación profesional o viven tratando de escapar de la sombra de sus progenitores. "Siempre he dudado de mis habilidades porque heredé el dinero", dice uno de ellos. Otro señaló que "ojalá hubiera tomado con más seriedad mi educación... como tenía dinero, en la universidad nunca me preocupé por aprender para mi futuro". Y esta situación no es mejor para los que sí salen al mercado laboral a probar suerte, como cualquier hijo de vecino. Algunos de sus colegas los critican porque están robando los puestos de quienes realmente los necesitan. Muchos de ellos son inteligentes y bien preparados, pero cambian de puesto fácilmente porque, a diferencia de la mayoría, no dependen de ese salario. Otros creen que los demás ven su carrera como una farsa y por eso no se involucran de lleno."Si volviera a trabajar en mi área (fundaciones sin ánimo de lucro), no me verían como a una colega sino como a una millonaria que donó dinero a esa causa", dice una acaudalada mujer que abandonó su profesión.

La plata no mejora las cosas en el campo del amor, y más de un matrimonio se rompe por temas de dinero. A una mamá ricachona le preocupa que los esposos de sus hijas se sientan sin poder o que "les han usurpado el papel de proveedores del hogar". También les atemorizan las trepadoras, que están ahí para conquistar a sus hijos solo por el dinero, pero al mismo tiempo les angustia desconfiar de gente con un afecto verdadero. La situación de estrés máximo se da al decidir cuándo revelar a su pareja que son extremadamente ricos. Si es al principio, podría generarles dudas e interés. Si se demora en hacerlo, podría provocar desconfianza.

Pero tal vez la mayor

preocupación de los ricos tiene que ver con sus hijos. Por un lado, les aterra que ellos se conviertan en adultos sosos y mimados, sin objetivo ni ambición en la vida. "El dinero les da una idea errada del mundo", dice uno. "El dinero arruina a los niños porque les impide desarrollar la compasión y la empatía", señala otro. Aunque muchos han tratado de que la plata les llegue a cuentagotas para presionarlos a vivir una niñez más normal, la estrategia ha tenido poco éxito. "Les decimos que corten el pasto, pero es difícil entusiasmarlos si hay un jardinero disponible todos los días", dice una mamá millonaria. Además, el riesgo de criarlos sin tantos lujos es que los hijos luego sientan resentimiento con sus padres. Como lo dijo un heredero: "Crecí con un papá que no quería que yo asumiera el control de su negocio y me embolató la oportunidad de reemplazarlo". Esa falta de exposición a la vida real lleva a que o bien sean derrochadores y tomen muchos riesgos porque sienten que nada les va a pasar en términos financieros, o a que sean miedosos y pusilánimes para evitar salir de su zona de confort. En otros casos, los padres enfrentan la difícil situación de que sus hijos los odien porque deciden donar su fortuna a una causa benéfica.

El trabajo no solo ayudará a los ricos, sino que le deja muchas enseñanzas a la gente del común. La más importante es que los millonarios no deben ser envidiados. Aún más, dice Kenny, "sería bueno que la gente se informara más sobre qué significa ser rico, para que entienda que tener 20 millones o 200 no les va a traer la felicidad que están buscando".

Una de las frases más tristes que Kenny ha escuchado en su trabajo es la que un abuelo millonario le dice a su nieto: "Hijo, no vas a tener que trabajar en tu vida". El trabajo, según él, es el motor de la vida, el escenario para desarrollar las relaciones personales y la vara que mide el éxito de una persona. Ser rico no es fácil. La palabra tiene una connotación peyorativa. La gente los envidia o los rechaza y por ello son un grupo vulnerable. Y Kenny, quien les da asesoría sobre cómo lidiar con sus problemas, es testigo de que a veces llegan a su oficina diciendo "me llamo fulano de tal, soy millonario", y luego dejan derramar una que otra lágrima por sus mejillas. Porque, como bien lo decía la novela mexicana, los ricos también lloran. n
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