OPINIÓN

La felicidad, un traje a la medida

Los niveles de felicidad dependen de cada quien, de acuerdo con sus circunstancias y características.

Semana.Com
19 de marzo de 2017

El 20 de marzo se celebra por quinta vez el día mundial de la felicidad, fecha establecida a partir de una declaración realizada en el 2012 por la Organización de las Naciones Unidas para reconocer la relevancia del bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno. En este día bien vale la pena preguntarse qué es felicidad y de qué factores depende, puesto que la manifestación de esta emoción está condicionada  por cómo cada individuo la interepreta.

La felicidad puede ser entendida de diversas maneras. Algunos como Eduardo Punset, economista, abogado y comunicador científico, la definen como la ausencia de temor, aquel que sin causa aparente en ocasiones nos paraliza. Otros como Tal Ben-Shahar, doctor en comportamiento organizacional y quien fue profesor de Felicidad en la Universidad de Harvard, la definen como la vivencia de una vida con propósito y que al mismo tiempo se disfruta. Finalmente, Ben Shahar planteó con base en una adaptación de la definición de “bienestar” que realiza Martin Seligman, conocido como el padre de la psicología positiva, que felicidad era “disfrutar del momento presente teniendo un sentido de propósito, procurando en forma simultánea relaciones positivas, desarrollando actividades en las que nuestras habilidades puedan ser aplicadas, y celebrando los logros que tenemos a lo largo de la vida.

Ahora bien, ¿de qué depende la felicidad? En el 2008 Sonja Lyubomirsky, profesora de la Universidad de California y Ph. D de la Universidad de Stanford, estableció en su libro El cómo de la felicidad, los factores generales que inciden en los niveles de felicidad de las personas. Según ella, los factores genéticos tienen una injerencia del 50 %, mientras que las actividades intencionales, relacionadas con creencias y hábitos, tienen una injerencia de 40 %. El 10 % se adjudica a las situaciones y sucesos externos de la vida, como el clima y el salario, entre muchos otros.

De estos planteanmientos ofrezco tres consideraciones. La primera es que la “felicidad es un traje a la medida” y depende de las características y circunstancias de cada quien.

La segunda consideración es que la felicidad se puede aprender porque esta depende en cerca del 40 % de factores intencionales relacionados con hábitos y creencias, y estos se pueden controlar, modificar y aprender. El hecho de que los factores genéticos sean inmodificables no significa que no se puedan mejorar los niveles de felicidad. Si bien es cierto que así como nacemos con un color determinado de ojos, o que la estatura en el 90 % depende de la herencia genética, de la misma forma nacemos con un nivel de referencia de felicidad.

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Sin embargo, la activación de la carga genética es muy dependiente de la presencia de factores comportamentales y medioambientales. Una persona que, por ejemplo, tenga una carga genética que le predispone para sufrir un ataque cardíaco, no necesariamente tendrá que sufrirlo. Su prevalencia, en este caso, estará muy influeida por sus hábitos alimenticios y de ejercicio y por su mentalidad. Esto no es otra cosa que la posibilidad que tenemos de gestionar nuestras actividades deliberadas y nuestra forma de pensar que, como ya subrayé, tienen una injerencia del 40 % sobre nuestros niveles de felicidad.

La tercera consideración es que para ser felices no necesitamos tener una vida perfecta, ni algo cercano a ello tan siquiera. De hecho, viene bien afirmar que una buena forma de ser infelices es pretender que las cosas sean perfectas y, en consecuencia, que haya ausencia de emociones negativas. Es evidente que esta pretensión es imposible.

Despliego esta consideración a través de la siguiente analogía: ¿Ha jugado bolos alguna vez en su vida? Puede ser que usted sepa que en los bolos el puntaje perfecto para una línea de juego es de 300 puntos, que equivale a que en cada uno de los 10 turnos de lanzamiento que tiene un competidor, se derriben los 10 pines en el primer intento de cada turno. Ahora bien, ¿cuánto considera qué es el puntaje promedio de un excelente jugador de bolos? ¿300, 285, 250, 240? Pues no es así. Si observamos los resultados del Campeonato Mundial WTBA 2013, en las modalidades de sencillos masculino y femenino, los puntajes del primero y el segundo puesto fueron 228 y 192 para hombres y 224 y 182 para damas. Como notarán, el puntaje de los campeones del mundo, es decir, ¡de los mejores del mundo! entre 7.000 millones de personas en el planeta, equivale al 74 % del puntaje máximo posible que es el de una línea perfecta.  

Lo anterior permite interpretar que desde los campeones del mundo hacia abajo hay miles de jugadores muy buenos, que ganan torneos de diferente índole con menores puntajes, equivalentes a menos del 60 % o el 50 % de la línea perfecta, y a pesar de ello se sienten satisfechos y felices. Pues bien, algo similar sucede con los niveles de felicidad, con la diferencia de que estos no tienen un puntaje máximo, como el de la línea perfecta en bolos, sino que dependen de que cada quien de acuerdo con sus circunstancias y características.

@andresaljure  info@andresaljure.com
*Columnista invitado