Martes, 30 de septiembre de 2014

| 2013/09/21 00:00

Internet los declara: marido y mujer

Darse el sí quiero por Skype o por los Hangouts de Google es una práctica que cada vez se pone más de moda en todo el mundo, y como no, si hoy gran parte de nuestra vida transcurre mientras estamos conectados.

Foto: SEMANA.

Darse el sí quiero por Skype o por los Hangouts de Google es una práctica que cada vez se pone más de moda en todo el mundo, y como no, si hoy gran parte de nuestra vida transcurre mientras estamos conectados. Nos levantamos, vemos el celular, revisamos el correo y actualizamos nuestras redes sociales. La tendencia por compartir todo lo que nos pasa ha hecho que hoy no solo busquemos pareja por internet, sino también pretendamos casarnos de manera online.

Este increíble fenómeno se empieza a conocer alrededor del mundo como proxy marriages, o matrimonios de sustitución o por poderes. Muy popular hoy en Estados Unidos, entre parejas asiáticas, de Pakistán, India o Bangladesh. En estas bodas uno de los dos integrantes de la pareja está ausente, pero la unión es legal gracias a que los representan apoderados designados ante notario. A un lado de la pantalla del computador, un miembro de la pareja; al otro, a miles de kilómetros de distancia, el otro, así la ceremonia queda sellada en pocos minutos.

Los musulmanes lo tienen aún más sencillo, ya que la ley Sharia (Ley islámica) reconoce los casamientos a través de programas de videoconferencia como Skype o simplemente por vía telefónica tradicional, ambas maneras son aceptadas legalmente.

La validez de estas ceremonias depende del país en el que se lleven a cabo. En el caso de Colombia, para realizar un “cibermatrimonio” los interesados deben designar un apoderado para que se presente frente a un juez civil y lleve a cabo el procedimiento. Es así como deberán conectarse las tres partes, los novios y los apoderados, para llevar a cabo la ceremonia. El matrimonio virtual también es perfectamente viable en países como España, El Salvador, Argentina, Paraguay y Brasil. En México, aunque también es legal, la figura del apoderado se utiliza con mayor frecuencia para llevar a cabo los divorcios.

De acuerdo a Proxy Marriage Now, empresa dedicada a organizar este tipo de casamientos, en los últimos años el número de bodas proxy aumentó entre un 12% y un 15% anual sólo en Estados Unidos. Y este fenómeno ha ido creciendo, al parecer, por varios motivos: practicidad, economía y rapidez. No hace falta viajar varias veces entre ambos países durante el cortejo, ni tampoco para la ceremonia.

Las bodas proxy se han popularizado sobre todo para oficiar casamientos entre militares, cuando el novio o la novia (o ambos) están desplazados en ubicaciones lejanas, y sólo son legales en estados como Colorado, Texas, California y Kansas.

Así mismo el doble proxy también está teniendo gran acogida, sobre todo, entre las comunidades de inmigrantes. En países como El Salvador o Brasil es posible celebrar un matrimonio incluso con ambos integrantes de la pareja ausentes, de este modo, una novia puede estar en Alemania y su prometido en Canadá, pero deciden casarse en Brasil.

Es evidente que el boom de las redes sociales ha disparado las bodas online en los últimos años. Ya no solo le pedimos a San Google que nos ayuda a encontrar pareja, sino también que nos case. A mi me surgen algunas inquietudes entorno a la transparencia que puedan tener estas uniones. ¿No incrementará estos marriage proxy en Estados Unidos y países desarrollados las uniones de conveniencia orientadas a conseguir la residencia? ¿Cómo saber si la unión no está siendo forzada? En teoría uno de los motivos por las cuales las bodas se realizan cara a cara, delante de un cura, o un juez, es para asegurarse que es una unión libre, no obligada. Esto se hace más difícil de confirmar en ceremonias selladas a través de Internet ahora que el ciberespacio se presta para tantas atrocidades.

En todo caso aquí tenemos una alternativas no convencional, práctica, rápida y más barata para que muchos enamorados a distancia puedan dar el sí a su media naranja que se encuentra en el otro lado del mundo.

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