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| 11/17/2015 12:00:00 AM

Un buitre a la espera de un cadáver

La señora Cabal parece olvidar que la Ley 100 de 1993 ha asesinado a más colombianos en las dos últimas décadas que los actos violentos de la guerrilla.

Desde la muerte de Gabriel García Márquez, en abril del año pasado, la señora María Fernanda Cabal Molina, por entonces una completa desconocida en el panorama político nacional,  ha sabido llamar la atención del país a punta de trinos venenosos y declaraciones indignantes. No debería extrañar a nadie su actitud de bravucona de barrio porque pertenece a la camada política de Álvaro Uribe y es esposa de un personaje siniestro que ha sido vinculado en repetidas ocasiones por algunos exjefes paramilitares con ese megaproyecto macabro que buscaba la refundación del país.

No creo que la señora Cabal sea estúpida, pero sí cuadriculada, sí desinformada y, sin duda, mala leche. Alegrarse de la tragedia de los otros porque no están en sintonía con su línea de pensamiento, es perverso. Al Nobel, como sabemos, lo mandó al infierno a los pocos minutos de su muerte porque este mantuvo a lo largo de su vida una estrecha amistad con el líder de la revolución cubana Fidel Castro. No tengo dudas de que al novelista le hubiera importado un bledo los comentarios de una desconocida representante colombiana, esposa de un ganadero cuestionado por sus supuestos vínculos con el paramilitarismo. Le hubiera importado un bledo porque él no creía en partos de gallinas ni en un cielo después de la muerte, como sí lo cree el ‘gran colombiano’ y su horda de fanáticos irracionales que no pelan una misa de domingo pero defienden desde sus curules y sus posiciones de poder la continuación eterna de la guerra mientras sus hijos estudian en prestigiosas universidad de Europa y los Estados Unidos.

Su sentido de la contradicción es tan grande que ante la avalancha de críticas por sus venenosos e indignantes trinos por la muerte del novelista, aseguró para un medio de comunicación que ella era “una defensora incansable de los principios democráticos, de los derechos de los hombres y las mujeres y de la libertad de expresión”. La verdad es que su aclaración resultó mucho más confusa que sus afirmaciones y mucho más perversos y cínicos que sus tuits. Decir que defiende los “principios democráticos” y la “libertad de expresión” mientras ataca con saña las posiciones ideológicas de sus contradictores y defiende la guerra sin cuartel antes que la paz como un derecho inalienable de los ciudadanos, es como declararse vegetariano sin haber consumido nunca un vegetal. Esto me lleva a pensar que la señora tiene de demócrata lo que Uribe Vélez tiene de liberal.

Oponerse a la paz para defender los intereses mezquinos de una minoría que gobierna al país desde hace 200 años, no tiene nada que ver con los “principios democráticos” ni muchos menos con “la libertad de expresión”, pero sí con el statu quo que hoy tiene a cientos de compatriotas muriéndose en las entradas de los hospitales, gracias a una Ley 100 que ha asesinado  a más colombianos en las dos últimas décadas que los actos violentos de la guerrilla.

Pero a la señora le ha importado mucho más que Gabo, como lo llamaban sus amigos, haya tenido una estrecha amistad con Fidel Castro, que el presidente Santos esté haciendo hasta lo imposible para que el país respiré algún día un aire de tranquilidad que nos pueda llevar al desarrollo pleno y saque a millones de connacionales de la pobreza extrema a la que la llevó el ‘gran colombiano’ con su guerra sin cuartel y sus reformas laborales, eliminando de un plumazo las horas extras, los recargos nocturnos y haciendo que los de abajo trabajaran los domingos y festivos sin que el ‘patrón’  le reconociera algo más que el pago correspondiente a un día de labores normales.

Asegurar entonces que defiende “los principios democráticos” es, sin duda, un chiste de mal gusto, como de mal gusto fue aquel otro trino donde colgó la fotografía de una bebé muerta, supuestamente por las Farc, como una forma de rechazo a la tregua anunciada por el grupo guerrillero como muestra de desescalamiento de las actividades militares para enrutar así unos diálogos que estaban colgando de la brocha y a punto de romperse. "No podemos olvidar el daño que nos han hecho. Dolor de patria!!#NavidadSangrientaFARC", escribió la señora en su cuenta de Twitter, acompañando su grito de batalla con la mencionada fotografía.

Por eso, creo que la señora Cabal no es estúpida, pero sí oportunista, como su mentor del Centro Democrático. Trinar babosadas desagradables en momentos críticos para captar la atención de los medios de comunicación y producir reacciones encontradas en el público, es como tirar la red en río revuelto. Es, en el fondo, un acto metódico, cínico y descorazonado, pero que termina dándole los réditos que quizá buscó: ubicarse en el centro de la polémica y ser el foco de un espectáculo triste, como aquella famosa fotografía del reportero gráfico Kevin Carter que le dio la vuelta al planeta y que posteriormente le mereció un premio Pulitzer: la de una niña famélica en un valle africano que es vigilada por un buitre que sacude sus alas mientras la bebé agoniza con el rostro enterrado en la hierba seca.

Kevin Carter se suicidó meses después de recibir ese premio que es considerado en los Estados Unidos una especie de Nobel en la categoría de reportería gráfica, agobiado sin duda por la misma imagen que le dio la celebridad mundial. En Colombia también existen los buitres políticos, aquellos oportunistas que esperan desde lo alto del Twitter la desgracia del vecino para caerle a picotazos a un cuerpo que apenas agoniza.

En Twitter: @joarza
E-mail: robleszabala@gmail.com
*Docente universitario.  

 




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