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| 5/18/2014 12:00:00 AM

Los innombrables

Son parte de ese grupo de políticos que son vecinos de la parapolítica y la corrupción y que han sido cuestionados por sus malas prácticas electorales.

Muchos quieren sus votos pero nadie da la cara por ellos. Algunos candidatos presidenciales piden su apoyo vergonzantemente y a la hora de ser indagados en público por los pactos políticos a los que llegan a puerta cerrada, hacen piruetas en el micrófono con tal de no contestar. Jamás se refieren a estos personajes con nombres propios y, de ser posible, evitan salir en una misma tarima juntos. Pero ahí están. Silenciosos pero están.

Los innombrables, como les decimos, hacen parte de ese grupo de políticos que son vecinos de la parapolítica y la corrupción y que han sido cuestionados sistemáticamente por sus malas prácticas electorales. Aunque ellos mismos no hayan sido condenados por nada (todavía) y lejos estemos de acusarlos de crímenes de sangre que por fortuna no existen en Colombia, lo claro es que en la mayoría de los casos son títeres de sus perversos allegados y se han convertido en herederos de unos votos mal logrados que perpetúan los vicios en el ejercicio de la política regional.

Desde la Guajira, pasando por Sucre, llegando al eje cafetero y aterrizando en Santander, los innombrables juegan a definir con sus votos esta cerrada elección presidencial de la misma forma en que más tarde aspiran a convertirse en elementos determinantes en las votaciones del Congreso cuando quien gane la presidencia los vuelva a usar para ajustar mayorías en el parlamento.

Aunque la mona se vista de seda mona se queda. Y aunque el PIN (Partido de Integración Nacional) haya cambiado de nombre y ahora se llame Opción Ciudadana, sigue siendo la misma colectividad en la que se encuentran esposas e hijos de varios condenados por parapolítica y politiquería.

El problema es que ni eso ni la nefasta relación de algunos miembros del partido con el sector de la salud, ni los métodos electorales denunciados por la MOE o portales independientes como La Silla Vacía, parecen importar a la hora de buscar sus votos en esta reñida contienda presidencial. Todos quieren con el PIN aunque nadie sea capaz de sostenerlo en público.

No lo hace Óscar Iván Zuluaga que ha buscado acuerdos con el ala santandereana de ese partido ni lo hace Juan Manuel Santos que en su último evento en Bucaramanga tenía sentados en el ‘VIP’ a algunos otros dirigentes de ese grupo político.

Entretanto, en Sucre, Yahir Acuña se pone literalmente la camiseta de la campaña reeleccionista mientras en Córdoba los Musas y los Ñoños van sacando la cabeza poco a poco para admitir lo que todos ya sabíamos: que sus votos y maquinaria estarán a disposición del candidato-presidente.

En esta recta final de la campaña presidencial no debería haber espacio para los innombrables. Si los candidatos quieren los votos de esos sujetos que salgan a levantar los brazos con ellos como lo harían con los políticos ‘de mostrar’ y que dejen de engañarnos a los electores. Tenemos derecho a saber con quién están los herederos de la gata, los hijos del coronel Aguilar, la esposa del ‘tuerto’ Gil, los García y los Zuccardi, los Cáceres y los Blel.

O los rechazan abiertamente o se los echan al hombro con sinceridad frente a los votantes. ¡No más innombrables en la política colombiana! Llegó la hora de votar, de hacerlo a conciencia y con todas las cartas puestas sobre la mesa.

Twitter: @JoseMAcevedo
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