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| 2/1/2015 12:00:00 AM

Política para “dummies”

Se equivocan los que piensan que la paz definirá quién será el próximo alcalde de Bogotá.

Thomas “Tip” O'Neill fue un legendario congresista estadounidense que llegó, incluso, a ser presidente (Speaker) de la Cámara de Representantes de Estados Unidos en la década de los 80. A él se le atribuye la sabia frase: “Toda la política es local”. 

Tal vez sería recomendable que algunos dirigentes del Partido de la U, y en general los de la Unidad Nacional, acogieran como suya esa filosofía política si quieren evitar una noche de tristezas y lamentaciones el próximo 25 de octubre, fecha de la elección del 
alcalde mayor de Bogotá. Porque hasta ahora, están reprobando el curso.

Es cierto que el haber enarbolado la bandera de la paz en la pasada campaña presidencial fue fundamental para la victoria santista en la capital. Y que el apoyo público de la izquierda –de Clara López, de la guardia pretoriana de Gustavo Petro- favoreció la causa reeleccionista. Pero es errado concluir que en nueve meses el tema central, primordial y definitivo de los bogotanos va a depender de lo que suceda en La Habana con las FARC. 

Las elecciones locales nunca giran sobre la problemática nacional y menos en Bogotá. Si no, pregúntenle a Álvaro Uribe, que ni en el auge de su popularidad y de los éxitos de la seguridad democrática pudo elegir un alcalde afín a sus intereses en la capital. Gracias a los grandes éxitos de las Fuerzas Militares en la última década, la amenaza de las FARC sobre el día a día de los bogotanos forma parte más del pasado que de su presente. Las preocupaciones son otras, tangibles, inmediatas y críticas: en Bogotá, después de 11 años de gobiernos de izquierda, los ciudadanos han ido perdiendo lo más valioso y lo único realmente equitativo: el tiempo. Tiempo para estar con sus familias, tiempo para entretenerse, tiempo libre. Tiempo que millones de bogotanos se gastan viajando de sur a norte, de norte a sur, de occidente a oriente, de oriente a occidente. 

Y los más sacrificados de esta Bogotá Humana son los mismos que Petro y el Polo pregonan defender: las clases populares. Son ellas las que pasan sus mejores horas atravesando la ciudad. Son ellas a las atracadas en los Transmilenios. Son ellas quienes deben esquivar a los vendedores ambulantes, motociclistas y ciclistas. Son ellas que sueñan con disfrutar del espacio público.

Dado el fracaso de este modelo, sorprende que dirigentes como el senador Roy Barreras, el vocero mediático de la coalición santista, no descarten una alianza con Clara López, debido a su apoyo a las conversaciones en La Habana. Es ingenuo pensar que Clara López gobernaría diferente. Uno trabaja con su grupo, con las personas que conoce y el grupo de Clara es el mismo de Lucho Garzón, de Samuel Moreno y de Gustavo Petro. Así de simple.

Sería un craso error que por confundir un interés nacional –el fin del conflicto de 50 años- con la realidad local, el santismo no sólo salga derrotado sino que condene a Bogotá a cuatro años más de improvisación. Y sus residentes a la inseguridad, los trancones y la intranquilidad.
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