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| 5/24/2014 12:00:00 AM

Yo creo en la maquinaria del pueblo

Ante la ausencia de incentivos y decepción, tras tanta corrupción y embustes políticos, son contados los colombianos que brincarán de la cama con el ánimo de salir a votar.

Sí…, con qué entusiasmo sale uno a votar el domingo si lo que produce es vergüenza y frustración contemplar este panorama lleno de odio, artimaña, corrupción y depredación política protagonizado por algunos candidatos que han opacado la visibilidad de otros aspirantes, pero sobre todo que han pasado por encima de las necesidades y los intereses de los colombianos y su porvenir de los próximos cuatro años.

Así como la abstención fue la protagonista en las pasadas elecciones legislativas, que a propósito le costaron a Colombia más de 25.000 millones de pesos, hoy el hastío que se siente a través de las redes sociales y en cada hogar colombiano, la falta absoluta de interés por las candidaturas representadas, el desencantamiento por los partidos políticos y los pocos despliegue y difusión de las propuestas de gobierno llevarán a muchos colombianos al eterno dilema: ¿Legitimar con mi voto un sistema corrupto o permitir con mi pasividad que ese sistema siga existiendo?

La mayoría de los colombianos tiene la sensación de que votar no repercute en sus intereses, de que con ir a votar no se cubren sus necesidades, ni se evidencia un desarrollo económico o social en el país. Para ellos, votar o no votar nunca ha hecho la diferencia en su calidad de vida, a fin de cuentas, se asume que “con mi voto o sin él”, el resultado, como en cada jornada electoral, siempre será el mismo, subirá al poder quien tenga la maquinaria para hacerlo y evidentemente las muchas propuestas y promesas en campaña se irán minimizando con el pasar de los días.

Esta apatía participativa no sólo se ve reflejada en las pasadas elecciones legislativas, en las cuales más de la mitad de los sufragantes potenciales optaron por no salir a votar: de un total de 32.835.856 de colombianos convocados, solo 14.310.367 (el 43,58%) ejercieron su derecho al voto.

Históricamente el colombiano ha sido reacio a votar. Durante las elecciones presidenciales del 2006, la abstención electoral fue del 54,95%, y para las legislativas el abstencionismo alcanzó el 54,3%. En el 2010, la abstención en los comicios presidenciales fue del 50,73% en primera vuelta y el 55,67% en la segunda, mientras que en las de Congreso fue del 55,8%.

Ante la ausencia de incentivos, un desborde de frustración y decepción tras tanta corrupción y embustes políticos, son contados los colombianos que brincarán de la cama bien temprano con el ánimo de salir a votar este domingo.

La cuestión es que aunque no es un deber constitucional, sí es una obligación moral el acto de votar. Cuando usted no vota, permite que otros decidan por usted, para bien o para mal. Gran parte del problema que nos aflige es producto de la pereza, de subestimar el voto individual, de ignorar las fuertes consecuencias de la abstención.

Si no votamos, nos alejamos aún más del tan anhelado progreso que queremos alcanzar y que solamente se encauza mediante una democracia sólida resultado únicamente de una sociedad participativa. La política es demasiado importante como para dejarla sólo en manos de los políticos y de sus “creyentes”. 

Si los colombianos votamos a conciencia y salimos masivamente a ejercer nuestro derecho al voto, este domingo, la fuerza unida del pueblo podría vencer cualquier maquinaria política, por bien armada que esté.
No hay maquinaria más fuerte que la de un pueblo convencido de un voto limpio, transparente, hecho a conciencia, una maquinaria que no necesita mermelada para moverse, sólo la disposición individual y el anhelo de vivir en un país próspero, con mayores beneficios para usted y los suyos.

Esa es la maquinaria que debe vencer este domingo.

Twitter: Silvia_parra

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