Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2016/03/14 11:17

“13 minutos”, Oliver Hirschbiegel

Resulta difícil imaginar que la industria del cine alemán lleve a la pantalla grande la temática relacionada con grupos políticos que el régimen nazi combatió y aniquiló, y que es mejor olvidar.

Gustavo Valencia

Poco se conoce sobre los grupos o personas que en Alemania se opusieron a la dictadura nazi,  entre otras causas, porque la gran mayoría de estos movimientos o focos de resistencia fueron ahogados en sangre o exterminados de forma tan sistemática que poco quedó para rastrear. Los principales antagonistas al régimen a nivel popular fueron organizaciones políticas, abiertamente izquierdistas o comunistas, por eso también, cuestión de ideologías imperantes, poco es lo que se ha investigado al respecto y de lo que se haya llevado al cine, casi todo se encuentra en el terreno del documental.

Resulta por ahora difícil imaginar que la industria del cine alemán lleve a la pantalla grande esta temática relacionada con dichos grupos políticos, que el régimen nazi combatió y aniquiló y que es mejor “olvidar” (Al igual que otras tantas situaciones, pero que inevitablemente van saliendo a la luz pública con el paso de los años). Lo que más se ha impulsado en materia de largometrajes de ficción es sobre el heroico movimiento juvenil “La rosa blanca” (del que ya se han hecho tres); de manera tardía, sobre el fracasado golpe militar de 1944; y también, muy poco por cierto, sobre la tortura y asesinato de muchos sacerdotes y altos clérigos que levantaron su voz de protesta, de lo cual testimonia Volker Schlöndorff en “El noveno día” de 2004.

Cuando comenzó un notorio movimiento de cambio en el cine germano, hacia mediados de los años sesenta, conocido con el nombre de nuevo cine alemán, sus primeros directores no conocían casi nada sobre este tema de la resistencia. Ellos hablaron de lo que sí conocían y sufrían en carne propia, es decir, de los exnazis incrustados en la economía y el gobierno, posterior a la finalización de la guerra, y el control político e ideológico que ejercían. Así que estos jovencitos con sus polémicas realizaciones pronto fueron silenciados, perseguidos y condenados al ostracismo por tal afrenta. Es sólo ahora, a más de medio siglo de toda esta verdadera pero “subterránea” historia que por fin se empieza a develar (Sin salir del cine, el interesado en esta temática puede ver “La conspiración del silencio” nominada al Oscar como mejor película extranjera para este año).

Ahora más libres de ese pesado y opresor ambiente político que reinó por muchos años, durante y después del llamado “milagro alemán”, es que el cine puede recorrer ese pasado sin tantas cortapisas ni censuras. Así, por ejemplo, el director de esta ocasión, Oliver Hirschbiegel, puede rodar en el año 2004, con un gran presupuesto de la fuerte industria alemana a la cabeza de su máximo productor Bernd Eichinger, la película “La caída” sobre los últimos días de Hitler, que tanta polémica causó por todo lo que en ella se vio y se planteó. Vuelve su director de nuevo sobre aquel trágico período, pasando ahora de la figura central de todo este conflicto y holocausto, a un simple y desconocido joven de origen campesino que intentó matar a este personaje en 1939, cuando apenas había comenzado la guerra, pero que ya llevaba seis años en el poder y su dictadura ya era total, sanguinaria y nefasta para todos.

Es muy notoria la reconstrucción de aquellos años, su ambientación, uniformes de soldados y oficiales, vehículos de transporte, vestuario y moda, o sea, un sinfín de detalles con los que la industria fílmica germana ha llegado a constituir un género muy propio y particular, creado únicamente en sus estudios, dedicado a la segunda guerra mundial, no al de acción bélica pues ese pertenece a la gran industria del cine internacional, sino al referido a relatar lo que sintió y sufrió la Alemania de dicha época, fundamentalmente el grueso de la población civil que estuvo enfrentada a la guerra como tal, a la persecución y asesinato, al reino del terror y a una feroz y criminal dictadura en su propio país. Se ha realizado una gigantesca producción sobre esta temática que data desde los años setenta, que permite afirmar que el cine alemán tiene su propio y exclusivo género “made in Germany”, dedicado a este tópico de la segunda guerra, vivida y padecida por ellos mismos.

Sobre estas bases el director recrea aquellos años para narrar la particular historia de Georg Elser, un individuo que en solitario intentó matar a Hitler en una ceremonia pública política, algo que los nazis se negaron a creer que él solo hubiera concebido y fraguado aquel atentado, sin la participación de otros y en especial de ninguna organización política, por reducida que fuera. Por el carácter verídico de los sucesos, no deja de ser un particular reto llevar a la pantalla grande una serie de acontecimientos que son del dominio público, en especial de los alemanes.

Así el guión se estructura para recrear diversos momentos en la vida del protagonista, de su entorno, familia, amigos, novias, su gran amor por una mujer casada, que fragmentado en el tiempo cronológico, alterna con todo lo relacionado con su detención, interrogatorios, tortura y presidio. Y en ese alternar en el tiempo de la narración, también se va relatando el cómo va aprendiendo todo lo relacionado, sin proponérselo, con armar una bomba de tiempo, de gran poder y su complicado mecanismo de detonación. Un llamativo ensayo de dar a conocer el singular plan de este individuo solitario, sin partido ni asociación, con su fallido intento de acabar con el dictador. Ahora que si hubiera tenido éxito… como bien reza el subtítulo de la película “Habría cambiado el mundo”.

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