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Opinión

  • | 2014/06/07 00:00

    16 de junio

    Mi apuesta para el día después de elecciones es que gane quien gane, muy pocas cosas van a cambiar en el país.

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Mi apuesta para el día después de elecciones es que gane quien gane, muy pocas cosas van a cambiar en el país. Los políticos que hoy se disputan la Presidencia son, ante todo, un par de viejos pragmáticos. Aunque Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga provengan de orígenes distintos y hayan emprendido caminos diferentes para llegar a donde están, los dos han crecido dentro de un establecimiento con algunas virtudes y demasiados vicios frente a los cuales han pasado de agache, sin chistar.

Son pragmáticos, ya digo, y en el ejercicio de la realpolitik se han acomodado a las reglas de juego y a las costosas transacciones institucionales que nuestra democracia ha tenido que pagar. Dudo mucho que alguno de ellos vaya a emprender las grandes transformaciones que requiere el país. 

Aunque las dos campañas hablan de nuevas reformas tributarias, ninguno va a proponer aquella en la que cada cual pague lo justo y los desequilibrios en ese sentido persistirán. No vimos tampoco propuestas innovadoras en materia de justicia y aunque creemos que es uno de los problemas más graves de los últimos tiempos, las dos campañas se concentraron en decir lo obvio: “No más funciones electorales para altos magistrados”, “desparezcamos el Consejo Superior de la Judicatura”, “eliminemos la politización de la justicia”. ¿Y la reforma que de verdad pueda servirle a la gente de a pie como usted o como yo? ¡Mutis por el foro!

La minería, a la que la doctora Clara López le había dicho “sí, pero no así”, va a seguir siendo tristemente así –igualita a como hoy funciona– con Santos o con Zuluaga en el poder. Y para rematar, los dos candidatos resolvieron montarse en el discurso limitado de la jornada única educativa para resolver los problemas que nos ubican en penosos lugares en las pruebas PISA.

Hablemos entonces de ese tema que algunos llaman el 'gran diferenciador’ entre los candidatos: la paz. ¿Saben qué va a pasar el día después de elecciones? Que ni Santos nos va a llevar a una nación castro-chavista ni Zuluaga va a crear un estado dictatorial al que muchos dicen ‘temer’. Es más: si al cabo de unos meses, Santos no consigue lo que quiere en La Habana, no dudo que su vicepresidente Vargas Lleras lo va a impulsar a acabar con aquel circo. Tarde quizá, pero cambiarse del discurso de la paz al discurso de la guerra nunca ha sido un problema en Colombia. Y el ‘pragmático’ Santos así lo hará llegado el caso. 

De la misma manera que creo que si Zuluaga resulta triunfador, explorará todas las opciones posibles para no levantarse de la mesa con las FARC (tal vez ya lo esté haciendo), y si la guerrilla por primera vez en su vida entiende que juega contra el tiempo, habrá negociación con otros nombres y otros hombres pero, al fin y al cabo, negociación.

Si, como afirma Humberto de la Calle en privado, una paz sin Uribe es imposible, ¡qué mejor que sean Zuluaga y Uribe quienes la negocien!, dirán unos a los que no les faltará algo de razón.

El 16 de junio, entonces, sólo habrá unos derrotados: los catastrofistas de lado y lado que vaticinan llamas del infierno para Colombia como si olvidaran que este país lo ha aguantado todo y que puede darse el lujo de resistir un par de malos gobiernos más.

No, señores de la derecha y de la izquierda, guerreristas y pacifistas, santistas y zuluaguistas. A Colombia no le va a ir ni mejor ni peor en esta coyuntura. Quedarán tendidos sobre la arena cadáveres políticos desgastados entre gritos, hackers, narcoasesores y escándalos de lado y lado, pero al final y mientras no haya una acción colectiva que emerja desde la sociedad civil y que se apoye en generaciones que quieran cambiar de verdad las cosas, las transformaciones no llegarán. Ni con Santos ni con Zuluaga. Ustedes voten por quien quieran. Todo, me parece, seguirá estructuralmente igual.

Twitter: @JoseMAcevedo 

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