Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2006/12/16 00:00

    24 de diciembre

    A propósito de arte, habría que aprovechar este fin de semana para visitar el Museo nacional, que tiene por estos dÍas dos muestras formidables

COMPARTIR

SEMANA trae en este número un resumen del año y por tanto sería estimulante hacer un sumario de los acontecimientos de estos 12 meses que se fueron. Además está ahí, tentadora, la posibilidad de escribir sobre la repugnancia que me producen Pinochet y quienes como él violan los derechos humanos y pisotean la democracia. Y sobre las circunstancias de su muerte, aislado y perseguido, y su contraste con el espectáculo vergonzoso del desfile de políticos e intelectuales de izquierda en el cumpleaños de otro sátrapa que no acaba de morirse en La Habana.

Pero es 24 de diciembre, tiempo para que las familias se reencuentren, los parientes que viven en tierras lejanas vuelvan a casa, y los amigos del corazón tengan la oportunidad de decirse cuánto se quieren. Tiempo de celebrar la Pascua. Tiempo de solidaridad. Tiempo de descanso, tras meses de esfuerzo y arduo trabajo. Tiempo, pues, para asuntos distintos a la política, el conflicto armado, las relaciones exteriores, el debate jurídico o ideológico.

De manera que no caeré en esas tentaciones. Prefiero, más bien, escribir sobre cosas más gratas, para las que hay poco espacio en medio del transcurrir vertiginoso de los acontecimientos en Colombia, siempre llena de noticias cuya espectacularidad e impacto obligan al comentario y al análisis. Hablaré entonces de literatura y de arte, para alimentar el alma y los sentidos.

En vacaciones bien vale la pena disfrutar el último libro de Héctor Abad Faciolince, un testimonio de amor filial sobre la vida de su padre, su compromiso con la justicia y su atroz asesinato. O los poemas colombianos del siglo XX escogidos con fino gusto por Ramón Cote. O los amores adolescentes sobre los que discurre Desnuda sobre mi cabra, la novela póstuma de RH Moreno Durán. O La mujer que sabía demasiado, la intriga policíaca de Silvia Galvis, más próxima a la realidad que a la ficción. También están, claro, nuevos clásicos como Intimidad de Hanif Kureishi; Seda y Sin sangre, las brevísimas y deliciosas novelas de Alessandro Baricco; la Trilogía de Nueva York, El Libro de las Ilusiones o el reciente Brooklyn Follies de Paul Auster; o la divertida Conjura contra América de Phillip Roth o Elegía, su último libro, aunque encontrarlo en nuestras librerías es un imposible; o una cualquiera de las novelas de Orhan Pamuk, en especial Me llamo Rojo y Nieve, reeditadas con ocasión de su premio Nobel. Y si quiere deleitar los ojos, escoja uno de los libros primorosos de Benjamín Villegas, en particular los publicados sobre la obra de Santiago Cárdenas y Omar Rayo, auspiciados por Seguros Bolívar y Davivienda.

A propósito de arte, habría que aprovechar este fin de año para visitar el Museo Nacional, que tiene por estos días dos muestras formidables, una lectura retrospectiva del Salón nacional de artistas y sus obras más importantes y controversiales y una selección de 48 piezas de la colección del Bbva que ofrece un panorama del arte europeo entre los siglos XV y XVIII. Y la Luis Ángel Arango trae exhibiciones que no habría que perderse: la de fotografía contemporánea del Deutsche Bank, con obras maravillosas de Andreas Gursky, Thomas Ruff y Candida Höffer; las piezas clave de la reciente producción de Guillermo Kuitca, quizás el artista argentino de más valía y proyección internacional; y la instalación de Wilson Díaz, quien por fin ha retornado por sus fueros después de un desvarío seudorreligioso. Y ya que en esas estamos, hay que visitar la IX Bienal de Arte de Bogotá, en el Museo de Arte Moderno, que en esta ocasión da una mirada posmoderna a la cohabitación, la vecindad, la coexistencia tolerante y creativa.

Y si aún le falta un buen regalo, una pieza de un artista joven puede resultar la mejor alternativa y además una buena inversión hacia el futuro. Aquí va mi lista, siempre incompleta: Ana Adarve, Alberto Baraya, Milena Bonilla, Barbarita Cardozo, Carlos Castro, Nicolás Consuegra, Juan Carlos Delgado, Adriana Duque, Rodrigo Echeverri, Máximo Flórez, Luis Hernández Mellizo, Míller Lagos, Mateo López, Marco Mojica, Alejandro Ortiz, Juan Manuel Ramírez, Carlos Salazar Arenas, Sául Sánchez y Jaime Tarazona.

En fin, para todos, amigos, lectores inconformes y críticos furibundos, una muy feliz Navidad.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.