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Opinión

  • | 2001/04/09 00:00

    ¡Abajo la pedagogía!

    Genio y figura hasta la sepultura, parecería ser el lema que confirma que Mockus es Mockus y seguirá siendo Mockus

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Los esfuerzos pedagógicos de Mockus por cuenta del embeleco de la noche de las mujeres, o de la noche de no hombres, o de la noche de la discriminación de sexos, o de la noche… de como quiera que se llame, nos dejaron agotados a los bogotanos.

Inevitablemente fuimos obligados a recordar otros esfuerzos pedagógicos del Alcalde que lo inspiraban a disfrazarse para ‘llegarle’ a la ciudadanía. La última vez lo hizo de ‘saltamontes’ durante su campaña para alcalde. Pero cuando tuvo que explicarles a los capitalinos que no estaba intentando imitar al Chapulín Colorado sino caracterizando a la conciencia de Pinocho; y cuando aún así los bogotanos tampoco entendieron los vínculos que unen a Pinocho con su conciencia y a la conciencia de Pinocho con Bogotá, el propio Mockus se dio cuenta de que la fórmula estaba gastada: el lugar del pedagogo se lo estaba peleando peligrosamente el payaso. Y ante este riesgo innecesario, Mockus resolvió jugarle a la normalidad. Los ciudadanos elegimos a un hombre de saco y corbata, bien peinado, bien afeitado, el candidato señalado por Peñalosa como el sucesor de su monumental cambio de la capital.

Pero en pocos días el Mockus 2 volvió a las andanzas del Mockus 1. Y colocando otras prioridades de la ciudad en lista de espera, le dedicó todos sus esfuerzos a diseñar el jueguito de la noche de las mujeres, para enviarle a la ciudad mensajes de tolerancia —que para mí corren el riesgo de convertirse más bien en mensajes de intolerancia—: el de que las cosas funcionan mejor en manos de uno de los dos sexos. ¿No es la vida, acaso, un ejercicio totalmente contrario al practicado por Mockus el viernes pasado?

Al Alcalde le pasa lo que a la mayoría de los maridos. Que eso de que se pueden ir cambiando es paja. Genio y figura hasta la sepultura, parecería ser el lema que confirma que Mockus es Mockus y seguirá siendo Mockus.

Si de pedagogía se tratara, habría sido más valioso intentar que la ciudad entendiera bien —porque el mensaje no se entendió— qué justicia tenía despedir de un plumazo a 2.827 trabajadores del Distrito de los niveles más humildes, para ahorrarle a la ciudad 23.000 millones de pesos sacándolos del bolsillo de los más pobres. Los principales esfuerzos pedagógicos de Mockus en este campo se limitaron a invitar a unos sindicalistas a caminar tomados de la mano por encima de un tronco. Todavía no sé si ellos sí entendieron.

Frente a los 100 primeros días de Mockus como Alcalde vamos a tener que hacer lo mismo de la famosa anécdota de López Michelsen cuando era senador, que presentó una proposición para que la opinión le prorrogara al entonces presidente Lleras Restrepo los 100 primeros días de su gobierno. Este es el término que tradicionalmente le sirve a la opinión para empezar a medir la capacidad ejecutoria del mandatario de turno. Y en ellos ha sido evidente que Mockus no ha despegado.

Por lo pronto, el Alcalde de Bogotá encara dos problemas graves. El primero, el enfrentamiento ya evidente entre el sector peñalosista de su administración y el sector mockusista. Ambos bandos no se entienden. Tienen lenguajes diferentes y estilos distintos. Hasta dicen que cuando se reúnen, unos se sientan en un lado y los otros en el otro. Y temo que Mockus, dentro de sus grandes cualidades, no cuente con el talento político necesario para manejar esta división.

El segundo problema crítico que enfrenta es el tema de las finanzas de la ciudad, Estamos viviendo un período de prosperidad al debe, que construimos con base en recursos excepcionales que sólo llegaron una vez, como los obtenidos con la descapitalización de la Empresa de Energía, de donde Bogotá sacó un billón de pesos para sus obras.

Pero existe la obligación de mantener la operación de esas inversiones, y esta es la hora en la que no se ha llevado al Concejo ninguna propuesta en materia tributaria, o se ha planteado un debate sobre la necesidad de pensar en nuevos empréstitos, o se ha solicitado al Concejo su autorización para volver a descapitalizar la Empresa de Energía —lo que parece muy difícil ahora, por cuenta de los riesgos de un apagón nacional—. ¿Cómo piensa gobernar Antanas Mockus con la olla raspada? ¿Ya habrá medido la profundidad del hueco fiscal? ¿Su imaginación le alcanzará para obtener los recursos necesarios para mantener en pie la ciudad que nos dejó Peñalosa y para dejar su propio aporte mockusiano según aquella máxima que dice que ‘obras son acciones y no buenas razones’ —pedagógicas—?

En fin, los 100 días de Mockus han pasado sin pena ni gloria. Podríamos prorrogárselos como en el cuento de López a ver si comienza a gobernar en serio. Porque de este período lo único que hemos podido sacar es una conclusión:

¡Abajo la pedagogía! ¡Arriba la peñalogía!
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