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Opinión

  • | 2017/04/06 07:41

    El corazoncito “para” de Abelardo de la Espriella

    De la Espriella compara, en su artículo, al nuevo premio nobel de Paz con una cucaracha, un insecto al que la mayoría de los mortales desprecia por su enorme capacidad de transmitir enfermedades

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Si los ojos son las ventanas del alma, como reza una popular sentencia, el lenguaje nos permite ver las bases sobre las cuales descansan las ideologías. Y las ideologías están más allá de las palabras porque surgen de una necesidad que no sólo busca comunicar sino también dejar en evidencia una posición o las características particulares de una clase o grupo de escenificar su sistema de creencias.

Las ideologías son algo así como estar sentado en el fondo de un pozo desde el cual solo se alcanza a ver un trozo de cielo, y que con el tiempo terminamos convencidos de que el universo es solo ese recuadro sobre nuestras cabezas. Es solo una ilusión, pero para quien mira es una verdad irrefutable que no necesita ser contrastada. Las ideologías, según Barthes, son categorías de ilusiones utilizadas por las clases poderosas para ejercer su dominación sobre las clases trabajadoras para que considere su subordinación como algo natural y, por lo tanto, correcto.

Para alcanzar su propósito recurre a trucos, engaños y verdades a medias que, desde lo estrictamente argumentativo, se traduce en premisas falsas. En realidad no hay argumentos sino persuasión pura. Es decir, la utilización de los sentimientos por encima de la razón. Lo anterior lo alcanzamos a ver, entre otros artículos, en uno titulado “Hay de tumbar al régimen” , escrito por el “eminente” abogado Abelardo de la Espriella en el diario barranquillero El Heraldo.

Las mentiras, por supuesto, son entretejidas con una fuerte retórica que busca un efecto en el lector. Empieza diciendo una verdad tan grande como que “Colombia no es Venezuela”. Esto no lo voy a discutir siquiera por la “contundencia” de la afirmación. Continúa asegurando que en Venezuela “la gente ladra pero no muerde”. (Risas). Lo anterior no solo demuestra la mala leche sino también el enorme desconocimiento que el señor tiene de la historia y las razones del por qué la nación de Bolívar es llamada el “bravo pueblo”.

Acusa al presidente de cometer fechorías. Según el DRAE, esta palabra traduce “transgresión”, “jugarreta”, “desmán” y “travesura”. Otros significados son “felonía, “maldad” e “infamia”. Utiliza la expresión “Santos y sus compinches”. No hay que ser analista del discurso ni llevar a cabo una “prueba de conmutación” para saber que el odio es el corazón del mensaje. Para el “eminente” hombre de leyes, quien en una oportunidad aseguró sin sonrojarse esa barbaridad tan grande como una catedral de que el “derecho nada tiene que ver con la ética”, el actual presidente de los colombianos es un delincuente que merece no solo renunciar a su alto cargo, sino también ser llevado a la mazmorra como el vulgar bandido que es. El abogado hace referencia a los 400. 000 dólares que según Roberto Prieto entraron a la campaña del 2010 “Santos Presidente”.

De igual manera, acusa a Santos de tener amarrada, para su beneficio, la Comisión de Acusaciones de la Cámara, único órgano que puede abrirle una investigación al Presidente por los “desmanes cometidos”. El asunto da risa. No solo por las reiteradas falacias que esgrime el jurista sino porque ese mismo órgano mantiene en etapa preliminar, desde hace más de 15 años, 180 procesos contra el expresidente y hoy senador Álvaro Uribe. Sobre esto, el “eminente” abogado que defiende la inocencia de ese otro “pulcro” hombre de leyes que es el magistrado Jorge Pretelt, acusado, como sabemos, de pedir coimas para fallar un proceso, jamás se ha pronunciado al respecto, ni le interesa.

El odio que manifiesta el abogado por el mandatario de los colombianos se pone de manifiesto en expresiones como “claro que podemos tumbar a Santos”, o “Consejo Nacional Electoral es parecido al de Venezuela: mediocre y comprado”, olvidando que aquí no pudimos tumbar ni siquiera al pariente de Pablo Escobar que se mantuvo 8 años en la Casa de Nariño y buscaba quedarse 4 más. Así mismo, compara al nuevo premio nobel de Paz con una cucaracha, un insecto al que la mayoría de los mortales desprecia por su enorme capacidad de transmitir enfermedades. Hay, por supuesto, una intención explícita de ofender, no de argumentar, no de dar razones coherentes sobre los hechos, pero sí de levantar el manto de odio entre los marchantes del 1 de abril para que salieran a las calles “verracos”.

Nadie se levanta un día de su cama odiando al vecino. Nadie se levanta un día convertido en un psicópata ni en un violador de niños. Para explicar los hechos del presente hay que recurrir, necesariamente, al pasado. Y mirar el pasado del abogado es encontrarse con declaraciones como las del “El Tuso” Sierra, que, según una nota de Noticias Uno, el paramilitar “le dijo a la Corte Suprema que (el abogado) Abelardo de la Espriella (…) les pidió a los jefes paramilitares cuatro mil millones de pesos para “tocar” a los magistrados de la Corte Constitucional. El narcotraficante también aseguró que le entregó los documentos sobre esta y otras cuentas a las autoridades de Estados Unido” (Vea la nota completa auí).

Parece entonces coherente, a partir de lo anterior, que el “eminente” abogado, quien llamó “mamarracho” en una entrevista radial al investigador político Ariel Ávila (Vea Duro Choque entre Ariel Ávila y Abelardo De La Espriella) por asegurar que Sergio Araújo, entonces candidato a la alcaldía de Valledupar, era uno de los cuestionados por sus cercanía con el paramilitarismo de esa región del país, defienda sin asomo de ética, pues para él nada que ver con el derecho, a figuras tan cuestionadas como las de Araújo o Pretelt, entre otras, o a tipos cuyas hojas de vida son en realidad una larga sábana de delitos con la que podría cubrirse el país e incluso sus fronteras.

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