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Opinión

  • | 2010/03/06 00:00

    Abusos

    Es otro abuso más, que ahora salga un ex alcalde tan clamorosamente inepto como lo fue Andrés Pastrana a criticar a Moreno por su ineptitud.

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Escribo esto el jueves, cuando prosigue en Bogotá el paro de buses que empezó el lunes y ha provocado durante cuatro días caos en el transporte de millones de personas, exasperación general y disturbios callejeros con varios heridos y decenas de detenidos. Y sigo sin entenderlo. He leído al respecto veinte artículos de prensa, he oído perorar al alcalde Samuel Moreno, seguí con atención la entrevista que le hizo Yamid Amat a Alfonso Pérez, presidente de Apetrans, la asociación de pequeños propietarios de buses y busetas que convocó el paro. Y sigo sin entender sus motivos precisos (dinero, claro), y sin saber quién tiene la razón en el asunto.

No creo que nadie entienda el enrevesado sistema del transporte público en Bogotá, que ha venido durante décadas generándose de manera salvaje, sin plan, sin orden, sin control, tal como lo ha querido disponer en su sabiduría infinita esa "mano invisible del mercado" que todo lo gobierna. Cito al redactor de El Tiempo Yesid Lancheros: "16.400 buses, 66 empresas, 505 rutas asignadas a dedo, ganancias diarias de seis mil millones de pesos y una demanda del 42 por ciento de los habitantes de la capital". (...) "Una cadena en la que el conductor le paga una renta al propietario del vehículo y éste, a su vez, le cancela una cuota a la empresa que afilia su bus y que le asigna una ruta". Es decir, el ejemplo extremo de la privatización de un servicio que debiera ser público, o al menos estrechamente regulado y vigilado por las autoridades, puesto que se trata de un servicio vital para la población y para la economía. Pero que en Bogotá -en toda Colombia- no lo es, y por eso no funciona, ni con paro ni sin paro. Por eso se acabaron aquí los ferrocarriles, y también los hospitales van por ese camino. Así cayó la seguridad pública en manos privadas, con las catastróficas consecuencias que hemos vivido todos los colombianos.

No creo que nadie entienda tampoco el igualmente confuso, tal vez deliberadamente confuso, nuevo esquema diseñado por la Alcaldía para sustituir al actual: el Sistema Integrado de Transporte Público (Sitp) en el que trece empresas distintas, integradas no se sabe por quién, compartirán la explotación de la mitad de los buses y busetas hoy en servicio, más los articulados de TransMilenio y de sus sucesivas ampliaciones, más el futuro Metro y el igualmente futuro Tren de Cercanías.

Ni creo que nadie entienda por qué, si según Apetrans los pequeños propietarios tienen el 82 por ciento del transporte bogotano, son los grandes (¿cuáles) los que manejan las rutas y los horarios. Ni que nadie entienda por qué esa misma Apetrans empezó por exigirle a la Alcaldía un 5 por ciento (de las rentas mensuales de cada vehículo aportado durante los próximos 24 años) para conformarse al día siguiente con el 3, y al otro bajar al 2, y al otro al 1,8. Tratándose, como dijo su presidente Pérez, "del pan de sus hijos", semejante descolgada parece revelar la intención de un abuso.

Pero que los propietarios de buses son abusivos lo sabemos todos: los usuarios de su brutal servicio, los peatones, los demás automovilistas que comparten con ellos las atestadas calles de la ciudad. Todos los ciudadanos, que respiramos los humos negros de millares de vehículos viejos por cuya chatarrización, en teoría obligatoria, los dueños han cobrado ya una subvención sacada del valor de los pasajes. Y, sobre todo, los conductores, que por no recibir de sus patrones salario fijo (ni prestaciones sociales) están obligados a competir unos con otros en la inhumana "guerra del centavo" para raparse los pasajeros unos a otros sin respetar paraderos ni semáforos. Y también lo sabe la Alcaldía, que no consigue que le paguen las multas de sus innumerables contravenciones.

Aunque también puede ser, y es por eso que nadie entiende el problema, que esté siendo igualmente abusivo el Alcalde al querer imponerles su Sitp a los pequeños dueños de buses y busetas. La estructura social de este país es una cascada de abusos sucesivos. En lo que a Bogotá toca, todos los alcaldes desde hace medio siglo han sido incapaces de castigar los abusos de los transportadores, y se los han tolerado siempre. Por eso es otro abuso, otro más, que ahora salga un ex alcalde tan clamorosamente inepto como lo fue Andrés Pastrana a criticar a Moreno por su ineptitud frente al paro de buses.

Un abuso final, o de remate: que Moreno haya llamado para asesorarlo en su problema municipal al ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, que es el funcionario más incompetente que hayan visto los siglos. Cuando se arregle el paro, o si ya se ha arreglado cuando salga publicado este artículo, y sea cual sea el arreglo, temo que no sea bueno para nadie. Porque no inspira confianza ninguna de las partes.


Nota: Me equivoqué hace quince días, gracias al fallo de la Corte Constitucional, en mi sombrío vaticinio sobre la perpetuación del presidente Uribe. No lo siento, al contrario: me gustaría que mi pesimismo se equivocara más a menudo.
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