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Opinión

  • | 2014/07/05 00:00

    Acabar con la ‘consejeritis’

    En los últimos cuatro años hubo demasiados altos consejeros con perfiles y sueldos de ministros, pero con una posibilidad limitada o casi nula de ejecución.

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¿Para qué sirvieron 11 altas consejerías presidenciales creadas en los últimos cuatro años? es la pregunta del millón. O, mejor, la pregunta de los miles de millones de pesos; esos mismos que se gastaron en cada una de esas consejerías durante el gobierno que termina.

Y es que hubo, en efecto, demasiados altos consejeros con perfiles y sueldos de ministros, pero con una posibilidad limitada o casi nula de ejecución. Sin poder de decisión y en algunos casos con mucha capacidad para hacer estorbo. En las cuentas del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República se incluyeron además unos 30 asesores de planta destinados a atender las necesidades de esas oficinas en los años recientes. Esto significa que el país tuvo que costear consejeros de los consejeros, sumados a ‘profesionales especializados’, secretarias y conductores asignados a cada una de esas corbatas.

Consejerías como la de comunicaciones generaron cada año gastos por más de 1.000 millones de pesos, y otras como la del alto consejero para las regiones y la participación ciudadana, superaron los 2.000 millones de pesos en “transferencias para la difusión de la gestión gubernamental”, propósito que nunca se logró, según lo reconoce el propio Santos cuando habla de los “problemas de comunicación” de su primer gobierno.

Ni qué decir de la Consejería para Bogotá, que apenas duró unos meses, y varias más que sólo sirvieron para ‘calentar asiento’, como llegó a reconocer con pasmosa franqueza Lucho Garzón.

El problema no está en la calidad y las capacidades de los consejeros. Nadie pondría en duda el talento de personajes como ‘Kiko’ Lloreda, David Luna, María Lorena Gutiérrez y, en esta última etapa, María Isabel Nieto. Lo que digo es que el modelo de consejerías en exceso que implementó este gobierno hizo agua y se debería replantear. Ha demostrado poca efectividad y le cuesta al país mucha plata.

En este segundo tiempo, el presidente Santos debería concentrarse en nombrar mejores ministros y prescindir de ciertos consejeros o ponerlos a jugar de verdad en posiciones útiles dentro del Gobierno y no seguir alimentando esta inútil ‘parainstitucionalidad’ que crea un indeseable cruce de cables.

En Palacio, Santos debería quedarse con un entorno más conectado con la realidad y la provincia, con gente que no tema decirle la verdad y que en vez de convertirse en insoportable ‘peaje’ para llegar a él, se vuelva puente que facilite el acceso al alto gobierno de quienes tienen buenas ideas y quieran transmitírselas al primer mandatario.

Dejar de abusar de la ‘consejeritis’ y darle un vuelco pragmático al primer círculo de la Casa de Nariño debería ser la prioridad del próximo secretario o secretaria general de la Presidencia.

Mi temor ahora es que todos aquellos que no clasifiquen como ministros terminen con la ‘corbata’ de altos consejeros presidenciales, como premio de consolación. Bajo esa lógica la cuenta de 11 consejeros podría crecer, sus asistentes multiplicarse y la nómina de la Presidencia engordarse innecesariamente.

A la ‘consejeritis’ que hoy reina hay que ponerle coto pues, al paso que vamos, podemos terminar con más consejeros que ministros, bloqueándose entre sí y despelotando –todavía más– el frágil aparato estatal colombiano.


Twitter: @JoseMAcevedo
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