Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/09/03 14:39

Las ‘corbatas’ del posconflicto

Estamos frente a un acuerdo de paz con más comisiones, comités, unidades y ‘corbatas’ de las que se necesitan.

Las ‘corbatas’ del posconflicto Foto: Semana.com

Uno de los grandes logros del acuerdo de paz, según sacan pecho sus promotores, es que las FARC aceptaron el diseño institucional colombiano, se sometieron a él y a sus reglas de juego y se reincorporarán a la sociedad civil sin haber modificado el modelo que nos rige. Sin embargo, una lectura cuidadosa del extenso acuerdo de paz pone esa afirmación en tela de juicio.

La verdad es que lo pactado entre las FARC y el Gobierno sí crea un nuevo modelo de instituciones que funcionarán paralelamente frente a las que ya tenemos y que costarán un dinero importante sin que todavía se sepa con certeza si el ejercicio de crear un ‘para-estado’ tendrá una utilidad en el propósito de reconciliarnos y reparar a las víctimas o simplemente generará dolores de cabeza.

Fíjense ustedes: a las FARC les gustan las corbatas y les ‘priva’ la burocracia. La palabra ‘comisión’ aparece mencionada en los acuerdos por lo menos 230 veces. No quiere decir esto que existan 230 comisiones porque en un mismo párrafo la palabra puede usarse repetidamente para referirse a la misma idea… pero casi.

Las hay desde la comisión para el esclarecimiento de la verdad, convivencia y la no repetición -ciertamente imprescindible de cara a las víctimas- o la comisión de implementación, seguimiento y verificación -totalmente necesaria para el fin del conflicto-, hasta los comités y comisiones que, con el prurito de la participación ciudadana, crean un sistema inflado para buscar dizque alternativas a la histórica exclusión.

Está la comisión para definir los lineamientos del estatuto de oposición o la comisión de seguimiento y evaluación del sistema integral de seguridad para el ejercicio de la política. (¿No les servían unos asientos en la Unidad Nacional de Protección ya existente?). También se crea el "comité de impulso a las investigaciones por delitos contra quienes ejercen la política y contra la oposición" o la "comisión de diálogo con voceros y voceras de organizaciones y movimientos más representativos, escogidos a través de un mecanismo definido por los organizadores y organizadoras".

Igualmente se habla de una “comisión especial para las garantías en materia de movilización y protesta” y, como para que no quede duda de que el posconflicto necesitará muchas corbatas para sostenerse, las FARC y el Gobierno pactaron una “comisión para asesorar en la programación del canal institucional de televisión cerrada para la divulgación de plataformas políticas de todos los partidos políticos” que se creará en la etapa del posacuerdo. (Por supuesto la ANTV les pareció poca cosa).

Finalmente, y para mencionar sólo algunas, en el punto de drogas se habla de la integración de ‘comisiones municipales de planeación participativa’ que asesorarán los programas integrales de sustitución y desarrollo alternativo.

Buenas noticias para las ONG nacionales e internacionales que están de plácemes, en todo caso. En algunos párrafos los negociadores tienen la delicadeza de hablar de que en estas comisiones tendrán asiento ‘expertos’ – como para dar la sensación de que los buscarán por medio de mecanismos transparentes- y en otros mencionan directamente a quienes deben recibir la chanfa por derecho propio como el ‘Foro por Colombia’, ‘Viva la ciudadanía’, ‘Marcha Patriótica’ y el CINEP.

Por último, en este ambicioso rediseño institucional, aparece la Jurisdicción Especial de Paz (JEP); para muchos fundamental y para otros inconvenientemente omnímoda. Según cálculos de la Fundación Paz y Reconciliación, mantener la JEP nos costará por lo menos 1,8 billones de pesos y en total, incluida la comisión de la verdad, requerirá por lo menos 324 personas trabajando, algunos de ellos con sueldos equivalentes a los de los actuales magistrados de las altas cortes.

¿Se necesita tanta burocracia para construir una paz estable y duradera? Seguramente no pero a las FARC, igualito que al resto de políticos colombianos, les chiflan las ‘corbatas’.

Ojalá la plata no se nos vaya en mantener esta para-institucionalidad mientras las víctimas se quedan esperando por lo que de verdad es suyo.

Twitter: @JoseMAcevedo

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