Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1996/03/25 00:00

ADELANTAR LAS ELECCIONES?

ADELANTAR LAS ELECCIONES?

La posibilidad de adelantar las elecciones ha sido vista por muchas personas angustiadas como una fórmula viable y prometedora que permita la salida digna de Samper que de otra manera no es factible que se produzca.Sorpresivamente la propuso El Espectador, después la recogió el Fiscal, y evidentemente, Samper no la descarta. Por eso es necesario debatirla, para ver si de verdad ofrece la salida que estamos necesitando.Primero que todo, ¿quiénes podrían participar?En este momento, y como están las cosas, adelantar las elecciones solo permitiría en el escenario que jugaran las posibilidades políticas de los tres archirrivales de Samper: Santos, Sanín y Pastrana, los únicos que actualmente no están inhabilitados para lanzarse al ruedo.Pero a su vez, esta tripleta de precandidatos enfrenta su propia contradicción. A los tres les debería gustar la fórmula, porque son los únicos que juegan en ella. Pero no les gusta. Están actualmente tan débiles, en la coyuntura que registran las encuestas de opinión, que ninguno de los tres se siente con los bríos suficientes para recuperarse a tiempo.En cambio, existe otro grupo de personas que, con muchas posibilidades y ganas de meterse en una contienda electoral, lo que seguramente tienen planeado para el 98, serían cogidos fuera de base por unas elecciones anticipadas, para las que estarían claramente inhabilitadas en la actualidad.Esas personas son, en orden de posibilidades, Alfonso Valdivieso, Antanas Mockus, Horacio Serpa y Carlos Lleras de la Fuente. Estudiar la fórmula constitucional de levantar las inhabilidades de estos factibles candidatos tendría que estar en el orden del día por dos razones: la primera, porque no hacerlo implicaría cambiarles las reglas de juego a los más opcionados aspirantes. Y la segunda, porque si adelantar las elecciones depende de alguna manera de la voluntad del Presidente, es imposible pensar que Samper se le mida a hacerlo si la única opción resultante es la de entregarle el poder a un enemigo, cuando podría hacerlo en cambio a un aliado como Serpa, a un amigo como Lleras o a un Antanas Mockus que, sin ser amigo o aliado, ofrece la infinita ventaja de no tener estirpe gavirista.Y si se adelantan las elecciones presidenciales, ¿sería pensable no hacer lo mismo con el Congreso? No. El problema de legitimidad que azota al Presidente hace lo propio con el Congreso. Pero allí también se enfrenta una gran contradicción. Cualquiera de los caminos que se escoja para adelantar las elecciones debe, necesariamente, pasar por el Congreso. Bien sea el de reformar la Constitución a través de un acto legislativo _que implica dos legislaturas_ o la de consultarle a la gente a través de un referéndum.¿Qué posibilidades reales hay de que el Congreso acepte revocarse a sí mismo? Pocas. Con lo difícil que es convertirse en congresista, no es viable pensar que sean muchos los que accedan gustosamente a hacer borrón y cuenta nueva.Pero además, ninguno de los dos caminos permitiría anticipar las elecciones antes de un año. El acto legislativo requiere por lo menos un año y medio, y el plebiscito por lo menos siete meses. Eso significaría que en el mejor de los casos, las elecciones sólo podrían realizarse ocho meses antes de que termine el período constitucional de Samper. ¿Se justificaría todo ese esfuerzo para tan escaso anticipo?Y a eso se sumaría la posibilidad de que adelantar las elecciones tampoco caiga bien entre los grupos económicos, a los que les saldría carísimo volver a financiar una campaña parlamentaria y otra presidencial. Y más ahora, cuando no están los Rodríguez para 'echar una ayudadita'. En cambio, ahí está la alternativa de De la Calle, que les sale gratis...Y a todas estas ¿por qué Samper se muestra partidario de la fórmula? Por un lado, porque le permitiría matar dos pájaros de un tiro. Podría salir del gobierno sin necesidad de renunciar o de caerse, con la disculpa de que se ha llegado a una situación de ingobernabilidad que de ninguna manera presupone su culpabilidad. Pero además, le permitiría la anulación de De la Calle como su posible sucesor, alternativa que ha torturado al Presidente cada día durante esta crisis. Se resiste a aceptar que a sus calamidades tenga que añadir la de ser reemplazado por un hombre surgido de las entrañas del gavirismo.Pero para Samper, la fórmula también tiene una ventaja muy grande. Si se implementa a través de un plebiscito, que jurídicamente es distinto a la consulta pero que en la práctica terminaría preguntándoles a los colombianos lo mismo, que es si quieren que Samper siga o no, el Presidente, claramente, tiene la posibilidad de ganar. El lo sabe, porque antes de lanzar la propuesta de la consulta, hizo encuestas que le permitían pensar que así podía ser. Eso solo significa que mientras los colombianos ven en el anticipo de las elecciones una manera de que se vaya el Presidente, Samper la ve como una manera de quedarse.

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