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Opinión

  • | 1998/06/22 00:00

    ADHESIONES CON ESCALAS

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Como si se tratara de una ruta intermunicipal (Neiva-Baraya intermedias), el ex presidente Alfonso López adhiere a Horacio Serpa, pasando antes por una estación de cortesía con Noemí Sanín. Es un saludo a la bandera, probablemente a la que ella lleva en su aviso político. Y es una adhesión con escalas, que ha tenido múltiples interpretaciones. Una de ellas se atiene a la costumbre López de tirarse a alguien. ¿A Andrés Pastrana?
No sorprende la afinidad del ex presidente con Horacio Serpa. Ya lo había señalado para la candidatura, de modo sutil, en su columna periodística: que sería el hombre del 97, lo había dicho, a manera de Tiresias (no por lo de tirarse a alguien, sino por el adivino griego)."
Si no es Barco ¿quién?" susurró el mismo López, displicente, en el 85. ¿Y éste por qué no se lanza, habiendo sido tan buen delegatario en asuntos de orden público? también dijo, aunque no copio con exactitud sus palabras, a propósito de César Gaviria. A Samper no necesitó proclamarlo: era su hijo político y 'el chico' había sido su jefe de debate para la reelección. Todos los últimos presidentes han pasado por el premonitorio sillón de López, mueble viejo de innegable resorte.
Noemí es la niña bonita, con quien sueña Horacio Serpa y por quien vota López. No hay que confundirla con 'María Noemí', como le dicen los ñeros a María Emma, ahora que Serpa se acordó de ellos después de haber sido por años su vecino. Porque la Calle del Cartucho está a escasas cuadras de la burocracia. Noemí-Noemí, signada por una enconada rivalidad con Andrés Pastrana, está siendo encaminada a las toldas continuistas, pese a todas sus protestas. Posiblemente no podrá contradecir sus palabras de estos días. "No hay ninguna posibilidad de que nosotros (usa el plural mayestático, como Andrés) continuemos con este gobierno, que ha significado violencia, corruptelas y desempleo".
Después de esas palabritas, sólo le quedará declararse neutral en la segunda vuelta, porque ni ella misma cree que pueda pasar a esa ronda. Pero algo me dice que en su interior preferirá que sus seguidores se vinculen a la candidatura "de fibra popular", como define López la de Horacio Serpa.
Fibra popular que se le adormeció un tanto al candidato en los puestos oficiales. No fue de viernes culturales, ni de agitación popular alguna hasta la fecha de hoy. Sensibilidad popular sí la ha tenido, y no debe negársele, aunque es de ponerla en duda, cuando adhiere a su causa hasta el editorialista de El Tiempo (don Hernando tiene una columna en ese periódico).
De todos modos, Serpa es considerado por López su coequipero del M.R.L., del tiempo en que el ex presidente agitaba masas y hacía su turno populista. A muchos, de grandes bigotes, como el propio Serpa, para entonces apenas un pasajero de la revolución, o como Ramiro de la Espriella, los dejó pegados de sus respectivas brochas, cuando llegó la hora de asegurarse López en el poder, por las vías del oficialismo.
En estilo parecido, Serpa ha prestado un gran servicio a la línea oficial de su partido y a la aristocracia política y social, tanto que disculpó las trapisondas del actual gobierno. Hoy, con Noemí, otra populista de nuevo cuño, son abanderados del pueblo. No sé qué tanto, no sé qué tanto.
Presa quedó la candidata de la tercería en el juego liberal. De algún modo la ha cautivado la adhesión donjuanesca de Alfonso López y vaya uno a saber si también los sueños, en estas noches tan húmedas, del candidato oficial. En su video electoral, que es divertidísimo, deja que se insulten sus dos rivales, para luego decir que ambos tienen la razón, con lo que ella, con carita inocente, les descarga a ambos el insulto. Sea como fuere, las circunstancias políticas la han acercado a 'Pinocho' y la han alejado, aún más si cabe, del 'sapo' y del 'impostor', horribles denuestos de Serpa contra Pastrana. Sapo, qué horripilante palabra, de cuna mafiosa. Sapo es el que denuncia y leal el que no lo hace, debiendo hacerlo.
López adhirió a Serpa y se lo mandó decir con Noemí. Sólo empata con el ex presidente del Estatuto en la consideración de ambos con su partido, al que le disimulan todo, inclusive una elección lograda con el producto de embarques de droga.
Piensan los ex presidentes, en diferente estilo, que si no hay un gobierno liberal, se volverá a la lucha partidista, "como en la década del 50", frase de López. Es decir, el Partido Liberal no permitiría gobernar al otro partido y, tal vez, entablaría de nuevo la guerra en el Llano, si es que hay algún 'llanito' en Colombia, donde no se escuche, desde esa funesta década, el tableteo de las armas.
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