Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2016/08/12 16:16

¿Qué nos pasa?

A propósito de las discusiones levantadas esta semana sobre los manuales de convivencia y el reconocimiento de la diferencia.

Adriana Córdoba. Foto: Revista Jet Set/ Gerardo Gómez

La sentencia de la Corte Constitucional (T478 de 2015) reconoce la existencia de la grave situación de discriminación que ocurre al interior de la escuela sobre niños y niñas que expresan una identidad de género diferente a la de ser hombre o mujer y establece la obligación de revisar los manuales de convivencia para garantizar el respeto de esta diferencia y la protección en el ejercicio de sus derechos. Sin embargo, algunos realizan la manipulación y distorsionan un documento técnico, serio, elaborado rigurosamente por el MEN, el UNFPA y otros. Al parecer ahí inicia el escándalo, sin embargo nadie habla de esto, de hecho no parece haber ningún juicio o sanción para el retorcido sujeto que atentó contra la fe pública.

Yo pregunto, ¿qué nos pasa como padres, como educadores, como ciudadanos, que asistimos cada día a situaciones de discriminación y violencia por razones diversas y terminamos excusando al autor, justificando al agresor y culpando a la víctima?

¿Qué nos pasa que cuando recibimos mensajes apócrifos, absurdos y salidos de toda lógica los aceptamos, los repetimos, los defendemos y cuando se plantea la verdad la rechazamos, la negamos, nos hacemos sordos?

Tal vez estas situaciones tan confusas y tristes dan la oportunidad de sacar masivamente el miedo que tenemos de enfrentar una realidad que existe y que no sabemos tratar, una realidad que preferimos negar o excluir, antes que asumir, como la existencia de personas con identidad de género diferente a la heterosexual.

¿Acaso estamos frente a un fenómeno de homofobia que no había sido expresado hasta ahora en el país? Porque el tema no parece ser el manual o la cartilla, de hecho el país y el Ministerio cuentan desde hace tiempo con un buen número de documentos y guías que tratan el asunto y la cartilla en cuestión leída detenidamente puede resultar iluminadora para quienes no sean expertos en el tema. Al parecer no nos hemos percatado de la gravedad de lo ocurrido esta semana, donde un buen número de ciudadanos y ciudadanas están dispuestos a que se excluya la población diferente; que sin mayor rigor acusan a una “ideología inexistente”, de tratar de obligar a los niños a usar faldas y besarse entre ellos, una “ideología inexistente” que quiere destruir la familia. Creo sinceramente que debemos hacer un alto y pensar las cosas que estamos diciendo, que estamos escuchando, que estamos leyendo y honestamente dar alcance a su significado, porque me preocupa seriamente la salud mental de nuestro país, que es presto al escándalo sin fundamento y a la confusión de las palabras aprovechándose de la buena voluntad de la gente.

Yo pregunto si ¿no serán acaso los animadores del escándalo quienes quieren imponer un modelo estándar para todos? La sentencia T562 de 2013 de la CC, señala que no es lícito “pretender inculcar valores homogéneos a todos los estudiantes desconociendo sus diferentes tendencias” hay necesidad de garantizar el respeto por la diferencia. El rol de la escuela es educar en un espíritu crítico, democrático, plural, que apoye el libre desarrollo de la personalidad y el respeto por la dignidad de cada estudiante.

Finalmente y a título de información quisiera decir que la “perspectiva de género” como unos lentes de aumento, contribuye a identificar las diferencias que se convierten en desventaja, discriminación, exclusión y violencia, en las relaciones de poder, en el acceso a las oportunidades, en la representación y participación y en la distribución de recursos; y propone estrategias para superarlas. Identifica como una de las principales violencias de género la relativa al sexo, la edad, la etnia y la orientación sexual.

La perspectiva de género implica reconocer que una cosa es la diferencia sexual como hecho biológico (hombre, mujer, intersexual) y otra cosa son las atribuciones, ideas y representaciones, prescripciones y expectativas sociales que se construyen tomando como referencia esa diferencia sexual. Todas las sociedades estructuran su vida y su cultura en torno a la diferencia sexual, por tanto éstas construcciones cambian según el tiempo y la cultura.

Les invito a que como país nos demos la oportunidad de remirar el tema y buscar la manera de reconocer que si bien ante la ley somos iguales, la realidad nos muestra la diferencia y nos exige el respeto por ella para avanzar hacia una convivencia pacífica, civilizada y respetuosa de los demás.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.