Opinión

  • | 2013/06/28 00:00

    Agroindustria y Concreto: Delirios ético-estéticos

    Nos cuesta trabajo aceptar que en la cotidianidad sigue premiándose al más avispado, rezandero y complaciente frente a las posibilidades que otorga nuestra maraña jurídica y nuestra incipiente ética política y social.

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La reciente algarabía de la última semana por el “reconocimiento” del exnúmeber1, como el colombiano más importante en la historia reciente de Colombia, pone de manifiesto que siempre llegamos a lugares comunes y nos olvidamos de cuando fuimos permisivos, patrioteros y  atractivos a la inversión extranjera. 

Nos falta carácter para reconocer que el “personaje” ha logrado sobrevivir en la legalidad detrás del manto de sospecha y violencia que gobierna la mayor parte de la realidad nacional. También nos cuesta trabajo aceptar que en la cotidianidad sigue premiándose al más avispado, rezandero y complaciente frente a las posibilidades que otorga nuestra maraña jurídica y nuestra incipiente ética política y social.

Siguiendo ese espíritu emotivo y crítico, también se nos olvida que en pleno Siglo XXI no hace falta ser de la Junta Directiva para arrasar en votaciones cibernéticas, en las que existen empresas dedicadas a impulsar imágenes y marcas en ese mundillo tan alejado del Catatumbo, el Vichada o las zonas destinadas a Viviendas de Interés Social.

No se nos ocurre sino sufrir, pedir perdón o pensar y añorar cuándo nos llegará el momento de levantarnos en una revolución primaveral que nos haga sentir parte de las discusiones globales en materia de derechos civiles, sociales y económicos.  Mientras tanto,  siguen andando el proceso de paz, la construcción de casitas cómodas para leer el periódico y las iniciativas para parecernos al modelo agroindustrial de Brasil. 

Antes de tratar de incinerar a quienes aprovechan la arquitectura institucional nacional y las posibilidades que brinda la ingeniería financiera internacional valdría la pena preguntarse por la relación que existe entre ese modelo agroindustrial [que mezcla campesinos con derechos de propiedad sobre la tierra y sin acceso a bienes públicos] con el incentivo gubernamental que trata de llevarnos hacia procesos de urbanización. Habría que preguntarse [además del valor del bono para el equipo de intérpretes de la ley] por la incidencia que tendrá en las ciudades la migración de nuevos propietarios, que empezaron a gestarse con la visión de personajes como Carranza y la cooperación de autoridades públicas locales, regionales y nacionales.

Por ahora no es clara la visión gubernamental en torno al proyecto agroindustrial colombiano. Todavía no se ha definido la estrategia dirigida a lograr que con la casita lleguen los servicios públicos, la educación, el empleo y/o el acceso a la salud. Seguimos enfrascados en deliberaciones del siglo XIX, mientras soñamos con tener sociedades post-industriales en las que prime el derecho a la libre expresión y el acceso a la tecnología, mientras solo tenemos Ciudades de Dios. http://www.youtube.com/watch?v=d3FSjBgIhTw 

***

Panta Rei:

En medio de las negociaciones de paz, uno de los representantes de las FARC señaló que el grupo guerrillero no pide cambios radicales con respecto a la explotación minera y la inversión extranjera.  Al respecto señaló que esperan una regulación que respete lo establecido por la Constitución Política y tenga en cuenta el medio ambiente y la producción de alimentos. 

@alecroix

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