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Opinión

  • | 1983/07/11 00:00

    AGUAS CALIENTES

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La Unión Soviética es, para efectos prácticos, un país mediterráneo, es decir, encerrado por la tierra. Sus 15.000 kilómetros de costa entre Murmansk, en el Mar de Barents y Vladivostok, en el Mar del Japón, son inservibles desde el punto de vista del desarrollo naval; los del Artico por estar congelados durante ocho meses del año, los del sur al estar dominados estratégicamente por estrechos enemigos. El acceso al Mar del Japón, en efecto, está controlado por Coreadel Sur y por Japón; el acceso al Mar Negro, neutral en tiempos de guerra, está controlado por Turquía, una de las potencias de la OTAN; y el Golfo de Finlandia, en el Mar Báltico, tiene a sus puertas a Dinamarca y Noruega, países miembros de la Alianza Occidental.
En el Adriático, el afán de Stalin por establecer una base naval en el Mediterráneo se vio frustrado por la independencia de Tito, primero, y por la enemistad de Albania, después.
De los países del Pacto de Varsovia cinco son mediterráneos: Mongolia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria, los primeros tres porque no tienen mar, los últimos dos porque no les sirve de nada...
Vista así, a vuelo de pájaro, la geografía rusa, se entiende por qué desde los tiempos de Pedro el Grande el ímpetu fundamental del Estado ruso ha sido el de tratar de conquistar territorios de mar abierto, o puertos de aguas calientes, como les llaman ahora los estrategas. Pedro el Grande se lanzó, con heroismo, a la conquista del Báltico, que había que arrancar de la dominación sueca, sin haber logrado, empero, el propósito vital de acceder al Mar del Norte. Catalina, que continuó el esfuerzo de formación de la nacionalidad, orientó la expansión hacia el sur, civilizando las estepas y fundando Sebastopol -la ciudad Augusta-, pero tampoco alcanzó a dominar los Dardanelos, que las potencias europeas, interesadas en la debilidad de Rusia, mantenían en manos del decadente Imperio Otomano.
EL MODELO BREZNEV: Y se entiende a la vez, que el pensamiento geopolítico tenga entre los soviéticos una dedicación especial: el paso crucial, de ser una aglomeración de naciones semi-bárbaras a fines del siglo XIX, a ser la primera potencia del universo, a fines del siglo XX, no se hubiera podido dar sin el progresivo dominio de los mares que le ha permitido a los rusos proyectar su inmenso poder nacional más allá de las fronteras terrestres y desafiar, en alta mar, el predominio de los imperios anglosajones. Esta proeza se ha logrado a partir de la Segunda Guerra Mundial cuando comienza la construcción de una gran marina soviética, pero se ha plasmado apenas en los últimos cinco años, cuando el modelo Breznev del Imperialismo -el más exitoso de los últimos tres siglos- tomó cuerpo en la adquisición de países claves para el desenvolvimiento del poder naval soviético o para el desafío potencial del de Inglaterra y los Estados Unidos.
Primero fue la caída de Vietnam, que dejó a Cam Rahn, la más moderna instalación naval del mundo, en manos de Rusia. Luego se tendió el cerco sobre el Cuerno de Africa (Yemen, con el puerto de Adén, y Etiopía) que dominan, al mismo tiempo, la salida del petróleo y la llegada del comercio, por Suez, a Europa Occidental. A su turno, Madagascar, Mozambique y Angola (con el puerto de Luanda) ofrecen al poderío soviético un trampolín para el control de los minerales estratégicos de Africa meridional y del Cabo de Buena Esperanza, ruta alternativa en caso de un nuevo cierre del Canal del Suez. La invasión de Afganistán, finalmente, se explica por la misma búsqueda de un puerto de aguas calientes: es la ruta directa hacia el Océano Indico, donde está Karachi, en Pakistán, el mejor puerto de Oriente. Y Afganistán esta directamente "encima" del Beluchistán, la provincia cesesionista de Pakistán...
En América, donde los soviéticos jamás habían podido operar navalmente, por ausencia de bases de reabastecimiento se ejecutan actualmente maniobras navales a menos de cien millas de La Florida, gracias a las facilidades que ofrecen los puertos cubanos y el que se adapta, a marchas forzadas, en la costa oriental de Grenada. . .

EL PACIFICO SUR. Mirando el planisferio, vemos que esta descripción cubre las nueve décimas partes de la superficie maritima del universo, y la to.talidad de las rutas estratégicas existentes. Queda faltando únicamente un pequeño bolsillo en el que todavía no opera la marina soviética por ausencia de estaciones intermedias: el Pacífico Sur.
Habiendo fracasado el intento de dominar a Chile, en la década pasada, los esfuerzos rusos se centran ahora en el Istmo americano. La razón es sencilla: la búsqueda, como siempre, de un puerto de aguas calientes. Hacia mediados del siglo pasado el Almirantazgo norteamericano realizó un profundo estudio de la costa del Pacífico, desde Puqet Sound hasta la Patagonia. El resultado fue sorprendente. La mejor instalación naval de toda la costa del Pacífico se podría construir en Realejo, al pie del Golfo de Fonseca, donde confluyen las fronteras de Nicaragua, Honduras y El Salvador. La Enciclopedia Británica dice de Realejo que "es el mejor puerto de Nicaragua", hoy en desuso y deteriorado por los bancos de arena. ..
Las conclusiones saltan a la vista. Rusia mediterránea, cuya historia de tres siglos es la búsqueda de aguas calientes sigue determinada, en su ímpetu de dominio universal, por este factor limitante de su constitución geográfica y política y que explica, en términos geopolíticos, la naturaleza del imperialismo.
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