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Opinión

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Empiezo por aclarar que no se nada de la drosophila melagonaster, que por lo visto es una mosca muy molesta. Lo aclaro porque no creo que esa ignorancia me incapacite para opinar sobre un caso académico-judicial que tiene en la cárcel a tres eminentes académicos de la Universidad de los Andes, encabezados por el ex rector Arturo Infante. Hasta el rector actual, Rudolf Hommes, corre peligro: la picadura de la drosophila no perdona (y al paso de encarcelamientos que llevamos, no es de extrañar que no den abasto las cárceles del país).Sin embargo, a juzgar por las múltiples declaraciones de los profesores presos _y del alumnado de los Andes y del ex alumnado, y de los rectores de otras universidades_, nadie que no sean ellos mismos tiene derecho a ocuparse de la tal drosophila melagonaster, empezando por los jueces de tutela que los han enviado a la cárcel. No se oponen tanto por la ignorancia sobre las moscas que atribuyen a los demás, y que probablemente ellos comparten, sino en nombre de lo que llaman la autonomía universitaria. Por defenderla han entrado en desacato contra la resolución judicial que le ordenaba a la Universidad devolverle la libertad de investigación a la única persona que sabe algo de drosophila melagonaster, que es la estudiante de Biología Primavara de Buendía. Su bucólico nombre parecía destinarla a ocuparse de esas cosas de la naturaleza: pero lleva ya seis años dedicada exclusivamente a desentrañar textos jurídicos, como nos sucede a todos en este país si queremos entender, no lo que pasa, sino lo que se discute.Es una larga, confusa, y al parecer bastante turbia historia que comenzó cuando el profesor Hugo Hoenigsberg, entonces director del Instituto de Genética de los Andes, inscribió como propia ante Colciencias la tesis propuesta por su estudiante Primavara de Buendía y referida a la mosca en cuestión. Ha habido en esa historia destituciones, reposiciones, decisiones judiciales, intervenciones de la Fiscalía y de la Corte Constitucional en un maremágnum jurídico cuyos detalles no conozco, y probablemente no entendería. Alegan los académicos, en apariencia con razón, que los jueces no están ahí para calificar tesis universitarias. Pero con ese argumento tergiversan lo que en realidad los jueces han hecho, y para lo cual sí están: impedir que los profesores violen los derechos de los alumnos escudándose tras la autonomía universitaria. Los jueces intervinieron porque consideraron que los profesores habían pecado en derecho, no en biogenética. Y habían pecado _aunque eso no lo diga la resolución judicial_ movidos por algo que, pese a no ser un delito tipificado por los códigos, es una actitud de alta peligrosidad: la arrogancia del poder.Y encuentran para su arrogancia el respaldo de otra cosa también cada día más peligrosamente habitual en Colombia: el espíritu de cuerpo. Ex alumnos, alumnos, consejos académicos, rectores de otras universidades, manifiestan su solidaridad con Infante y sus compañeros presos. A todos ellos les parece intolerable que hayan sido condenados. Pero no porque sean inocentes (la propia Universidad se desembarazó discretamente del profesor Hoenigsberg, padre del problema), sino porque son académicos. Y eso, por lo visto, debiera ponerlos por encima de las leyes que se aplican al común de los mortales. Reclaman, en suma, un fuero particular que les permita a los académicos juzgarse a sí mismos, a semejanza del fuero militar que en opinión de muchos (incluidos, sin duda, bastantes académicos), ha sido causa de tan graves injusticias y tan vergonzosos encubrimientos.Todo aquel que tiene poder _poder político, militar, económico, social_ reclama un fuero especial hoy en Colombia. El presidente Samper exige que Heine Mogollón sea su 'juez natural'. Julio Mario Santo Domingo reclama para sus impuestos reformas tributarias ad hoc. Piden fuero especial los guerrilleros, los paramilitares, los congresistas, los taxistas, los periodistas. Lo piden hasta los narcotraficantes _y además lo han obtenido: tal vez debería decir mejor que lo piden desde los narcotraficantes_. Tribunales especiales, cárceles especiales, penas especiales. Colombia entera _es decir, todos los grupos de intereses que mandan en Colombia_ tiene una inocultable nostalgia de 'Ancien Règime', de sociedad estamentaria protegida por privilegios. Lo cual es preocupante.Yo no sé los profesores: pero sí estoy seguro de que los estudiantes de las universidades debieran considerar eso intolerable.
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