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Opinión

  • | 2011/02/18 00:00

    Y ahora, ¿qué sigue?

    Los anuncios de Piedad Córdoba en el sentido de que cree que antes de junio recobrarán la libertad todos los secuestrados suena bien si se trata de una decisión unilateral y no de algún tipo de negociación.

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Superada la última y difícil fase del proceso de liberaciones de secuestrados en poder de las FARC uno podría hacerse muchas preguntas, pero especialmente dos: ¿hay algo que agradecerle o reconocerle las FARC por esta iniciativa? La otra podría ser: Y ahora, ¿qué sigue?
 
Toda liberación de secuestrados y más si no es violenta, es una buena noticia, en especial para los cautivos y sus familias. ¿Cómo no sentir alegría y alivio por el hecho de que un grupo de compatriotas recobren la libertad? Pero para el grueso de la opinión pública eso es una cosa y otra muy distinta que por lo mismo haya que hacerle algún tipo de reconocimiento a las FARC.

Todo secuestro, en toda condición y tiempo es un acto de enorme inhumanidad. Por supuesto, en un conflicto degradado como el nuestro, no es la única práctica atroz y condenable, pero en esta coyuntura insistamos en su repudio como arma supuestamente “política”, que es en el terreno en el que las FARC perversamente ha colocado el tema.

Volver la vida y la libertad de seres humanos en un botín “político” es el primer y gran extravío de un proyecto que como el de las FARC se pretende de cambio y transformación. Pero la sucesión de equívocos en el manejo del tema no tiene fin.
 
Toda la idea de “negociación” y reconocimiento que las FARC asentaban en el secuestro de políticos, civiles y miembros de la fuerza pública se ha venido abajo por cuenta de sus terribles errores (la muerte de los diputados, para mencionar solo uno) y los éxitos de la fuerza pública.

Los anuncios de Piedad Córdoba en el sentido de que cree que antes de junio de este año recobrarán la libertad todos los secuestrados en poder de las FARC suena bien si se trata de una decisión unilateral y no de algún tipo de negociación. La causa del llamado “Intercambio Humanitario” que algunos, en algún momento, abrazamos por convicción (o ¿ingenuidad?) no es ya sostenible.

Una situación de la que las FARC han derivado tanto repudio y aislamiento como lo es el secuestro, puede tener un giro inesperado si esa guerrilla se juega una audacia política que es la de liberar sin condiciones y rápidamente a todos quienes aún están en su poder.

Yo alcanzo a imaginarme el nuevo clima político y de opinión que comenzaría a gestarse… Y qué tal si además de la liberación completa, incondicional y total de secuestrados esa guerrilla propone seriamente una negociación de paz que no sea compartir el poder ni una revolución por decreto sino un acuerdo sobre profundas y urgentes reformas en todo caso democráticas.

A estas alturas no creo que sea pensar solo con el deseo. ¡Amanecerá y veremos!
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