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Opinión

  • | 2008/01/12 00:00

    Y ahora, ¿qué viene?

    Si es pesimista, pensará que el Ministro del Interior fue escogido por Chávez como parte de su plan para reconocer la beligerancia de las Farc.

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Depende: ¿Usted es optimista o pesimista?

Si es optimista, la jornada del jueves dejó dos liberadas. Si es pesimista, dos mujeres salieron libres, pero quedan casi 750 secuestrados.

Si es optimista, dirá que las Farc hicieron un gesto humanitario unilateral gratuito con la entrega de Clara y Consuelo.

Si es pesimista, dirá que eso no fue ningún gesto humanitario sino un gesto político nada gratuito hacia Hugo Chávez.

Si es optimista, el presidente Uribe metió un golazo desde cuando lanzó la temeraria tesis de que Emmanuel estaba en brazos del Estado, confirmada a las pocas horas, con lo que demostró que las Farc mentían y les asestó un golpe irreparable. Logró que Chávez adelantara la liberación de Clara y de Consuelo de manera concertada con su gobierno, en lugar de que este actuara unilateral y clandestinamente. Se mostró capaz de facilitar el rescate de las secuestradas sin sacrificar la soberanía, y dejó claro que la dirección del proceso la tiene él.

Si es pesimista, pensará que el Presidente colombiano se dejó montar a Chávez, quien se envalentonó hasta el punto del escándalo de avalar el proyecto político de la guerrilla colombiana y solicitó al mundo retirarle el rango de terroristas.

Si es optimista, pensará que con la liberación de dos mujeres cautivas desde hace seis años por las Farc, y la difusión global de esta noticia, nos ganamos el repudio del mundo contra las Farc y su rechazo absoluto ante los métodos inhumanos que practica la guerrilla colombiana, incluido el de prohijar el nacimiento de un niño en cautiverio para luego arrebatárselo inclementemente a su madre secuestrada.

Si es pesimista, dirá que, por el contrario, en el mundo se ha aumentado la confusión sobre el conflicto colombiano. Que entender el tema de Emmanuel y poder cobrarlo en contra de las Farc requiere más información que la que otorga un simple noticiero de televisión estándar. Y que para muchos países del mundo, el hecho de que el gobierno colombiano acuse a las Farc de mentirosas, y las Farc al gobierno de mentiroso, lleva a una conclusión distinta a la que tenemos los colombianos: que ambos mienten.

Si es optimista, el aliento, ante las cámaras de televisión de Telesur, que le dio el ministro del Interior venezolano, Rodríguez Chacín, al jefe de la cuadrilla de las Farc, en el sentido de que Venezuela sigue muy de cerca la causa guerrillera, fue apenas un hecho anecdótico en medio de una operación tan complicada.

Si es pesimista, pensará que el nuevo Ministro del Interior venezolano, cercano a las Farc, fue escogido por Chávez en medio de un cuidadoso plan para reconocerles la beligerancia a las Farc, como efectivamente lo hizo el viernes ante el Congreso venezolano.

Si es optimista, Piedad Córdoba es una mujer auténticamente comprometida con la causa de la liberación de los secuestrados, un puente civil entre el gobierno colombiano y las Farc y una apóstol del proceso de paz, a la cual hay que perdonarle ciertos pecadillos inevitables de sobreactuación.

Si es pesimista, la presencia de Piedad automáticamente le saca la piedra. Cuando no dice secuestrados, sino retenidos; cuando canta el himno de Venezuela; cuando censura las entregas unilaterales, como la de Clara y Consuelo; cuando bambolea desafiantemente su turbante rojo en la Corte venezolana; cuando se cuchichea con los guerrilleros.

Si usted es optimista, la entrega de las dos secuestradas es el comienzo de un proceso que culminará inevitablemente en el intercambio humanitario.

Si es pesimista, esta acción no es repetible. Ningún país resiste que se entreguen de dos en dos los más de 700 secuestrados, en cada oportunidad con un show internacional del Presidente venezolano.

Si es optimista, el Presidente procederá inmediatamente a plantear un acuerdo gobierno-oposición que permita manejar la delicada coyuntura internacional.

Si es pesimista, piense lo peor.


Entretanto… ¿No urge un acuerdo humanitario para regalarle a Piedad Córdoba una sudadera distinta de la roja que la acompañó en la entrega de las secuestradas?

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