Sábado, 1 de noviembre de 2014

| 2013/08/22 00:00

Ahorcamiento de la industria y la agricultura

Esto es lamentable para un gobierno que evidencia diálogo y tratar de detener los disparos, los muertos y las tragedias del conflicto armado.

Giovanni E. Reyes. Foto: SEMANA

Es difícil creer que los datos de la realidad están allí, lacerantes, y no tengan mayor repercusión en los medios de comunicación social. Casi a nadie parece importarle, a excepción de algunos analistas, que dado que no participan del ambiente regular de festejos cotidianos y triviales, no se les escucha.  

Y es que el problema es de carácter estratégico, es decir tiene amplios y persistentes efectos multiplicadores, como nos lo ilustran otras épocas y en las realidades de otros países.

El asunto es que en la economía colombiana decrece el desempeño de la industria y, cuando menos, la agricultura da muestras de estar estancada.  Precisamente son dos sectores de la economía real cuyo dinamismo se puede traducir en empleos, algo que está en la médula de las dificultades económicas y sociales de todo país.  

No son problemas que se pueden resolver rápidamente pero en esto la administración Santos pudo haber encaminado los esfuerzos en una senda de solución.  No obstante, los problemas que son la causa del ahorcamiento de la agricultura y la industria se centran originalmente en una apreciación importante del peso.  

Con un peso así, las exportaciones no son competitivas –no se genera empleo por vía de la exportación- y las importaciones son baratas –no se genera producción interna que propicie empleo- es más rentable importar.  Por doble causal se golpea la generación de puestos de trabajo.

Además de la apreciación del peso, el país se ha visto en medio de un torrente de aprobaciones de tratados de “libre comercio”.  Es decir debe enfrentar los grandes montos de subsidios de otras naciones como Estados Unidos y frente a ello es muy difícil ser competitivo.  A eso es de agregar el lamentable estado de la infraestructura física del país.

Por un momento, el gobierno trató de estimular la producción de esos sectores.  No obstante, lo que hizo fue dar incentivos fiscales a empresas. El resultado demuestra que no se solucionó el problema.  Al contrario, ahora la estructura fiscal del país habría aumentado en su regresividad y con ello ha fortalecido la inequidad.

Es lamentable todo esto, para un gobierno que da evidencia de diálogo y de tratar de detener los disparos, los muertos y las tragedias del conflicto armado, luego de 50 años de vigencia.  

No resolver o al menos establecer las bases de la reactivación de sectores productivos reales como la agricultura y la industria, equivale a condenar a una importante mayoría poblacional, en especial del medio rural, a una incrementada precariedad en la subsistencia. Algo que continúa siendo un componente de violencia estructural en Colombia. Por el contrario, debemos comprender que generar empleo y oportunidades es uno de los componentes esenciales de genuinos procesos de paz. De una paz que, más que firmarse, se construye en la realidad cotidiana de las personas.

*Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard. Profesor de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario.

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