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Opinión

  • | 1993/10/25 00:00

    Ajuuuum! (bostezo)

    Por lo que han mostrado hasta el momento, con Samper, Pastrana y Navarro juntos no se hace un caldo de estadista.

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ES DIFICIL ENCONTRAR EN LA HISTORIA del país una campañaa electoral más aburrida que ésta. Menos mal se inventaron el sistema de sacar una encuesta distinta cada semana, y así la gente puede ir viendo el espectáculo como una carrera de caballos en cámara lenta. La pelea por el primer lugar, cabeza a cabeza, entre Andrés Pastrana y Ernesto Samper ha permitido hacer apuestas y conjeturas sobre primera y segunda vueltas, analizar estrategias para las alianzas futuras y presenciar las rabietas de cada uno de los bandos cada vez que una encuesta no los favorece. Pero aparte de eso, nada.
Estamos ante un Andrés y un Navarro que no hablan y un Ernesto que no se unta, lo que da como resultado una campaña helada y muda. Y eso, como información para los electores que tienen que decidir cuál de los tres debe ser el Presidente de la República, resulta ser demasiado poco. Y lo poco muy baboso. De lo que se trata es de saber cual de los candidatos tiene mas talla para entregarle a ese las riendas del país, pero por lo que han mostrado hasta el momento, con Samper, Pastrana y Navarro juntos no se hace un caldo de estadista.
El problema son las encuestas. O mejor, la lectura que esos candidatos hacen de las encuestas. Resulta que todos utilizan el sistema de averiguar que piensa la opinión pública sobre todos los temas imaginables, y a partir de esa información disenan sus campañas electorales. De ahí sale, por supuesto, que los políticos colombianos están desprestigiados ante la opinión pública, y entonces los candidatos, como en el caso de Samper, se paralizan del susto de andar con los políticos (en público, por supuesto) . O señalan las encuestas que los colombianos desconfian de la locuacidad de los candidatos porque identifican eso con las falsas promesas, y entonces de ahí se agarran nuestros aspirantes, como en el caso de Pastrana, para no volver a abrir la boca. Y así sucesivamente.
No hay dudas acerca de que eso que dicen las encuestas es, en efecto, lo que la gente piensa. La mayoría de los colombianos considera que los políticos son los responsables de los peores males de este país, incluso por encima de los guerrilleros y los narcotrerroristas. Pero nadie es tan inge- nuo como para pensar que los políticos desaparecieron de la faz de la tierra por el simple hecho de que un candidato a la Presidencia dejó de salir con ellos a la calle. Ni tampoco cree la gente que se pueda llegar a ser presidente sin contar con ellos, ni mucho menos que una vez elegido no vayan a ser tenidos en cuenta para gobernar.
Aquí nadie es tan pendejo. Pero lo que la gente sí quiere saber es quien va a manenjar a quien: los candidatos a los gamonales o estos a los candidatos. Y así es que se calibra cuál de los candidatos es el que tiene el peso que se necesita para mandar.
Lo mismo sucede con los demás temas. Los factores que revolotean alrededor de un gobierno son de marca mayor -tanto los legítimos como los ilegales-, y a todos ellos les tiene que hacer frente un presidente. Lo que la gente quiere ver en una campaña es si los candidatos tienen el empaque del hombre que puede con todo eso: manejar el Congreso, las Fuerzas Armadas, los gremios, los sindicatos, la guerrilla y el narcoterrorismo, o si todos o cada uno de esos elementos lo manejarían a él. Frente a todo lo anterior, el estar de acuerdo o no con la apertura, el apoyar o no la reforma constitucional del 91 o el estar en favor o en contra de reducir el tamaño del Estado son asuntos que para el grueso de los electores no tiene casi ninguna importancia. Lo importante es si el que se autopropone para capitán del barco tiene la fuerza, la sagacidad, la astucia y el don de mando suficientes como para controlar la nave y la tripulación en un mar necesariamente tormentoso. Y eso es lo que, por ahora, no se ha visto.
Esta campaña se esta volviendo una colección de frases estudiadamente inofensivas y de imágenes deliberadamente armoniosas, más dignas de un concurso de modelos de publicidad que de dirigentes de un país convulsionado(¡y cómo!)delTercer Mundo. Incluso el temible guerrillero Antonio Navarro de otras épocas se ocupa ahora de que lo retraten montando en bicicleta por los trigales, y acaba en una imagen que recuerda más a Heidi que a Mao Tse-tung.
Si los candidatos siguen empeñados en transmitir ese mensaje de higiene artificial, la gente va a acabar creyendo que viven en ambientes impolutos no por ser muy saludables, como pretenden demostrar, sino porque no tienen las defensas suficientes para enfrentar el medio ambiente, como les pasa a los enfermos de sida.
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