Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/06/13 00:00

Al César lo que es del César

Hay más gaviristas que gavirismo. Él mismo se encargó de liquidarlo hace 10 años, y no parece tener intención alguna de reabrirlo

Al César lo que es del César

Si a uno le hablan de una persona que fue presidente hace 10 años piensa en una persona otoñal. Pero César Gaviria apenas tiene 56 años, y no solamente ya ha sido presidente de la República, sino dos veces secretario general de la OEA y todavía le quedan muchos años por delante.

Ahora que se retira del organismo internacional es natural que todo el mundo esté haciendo cábalas sobre qué hará en el futuro próximo.

¿Asumirá el liderazgo de su partido? ¿Se volverá galerista en Nueva York, como se ha rumorado? ¿Se retirará de la vida política?

Parece que ninguna de las anteriores.

Para comenzar, Gaviria no puede venir a dirigir un partido de ocho senadores. Por eso su vocación es la de ser jefe natural del liberalismo que quede y del que se pueda recuperar, en lugar de aspirar a la dirección oficial del partido. Gaviria es respetado en todos los sectores políticos, y es evidente que tiene una capacidad de unión que no tienen otras figuras liberales. Pero su situación es bien peculiar.

En primer lugar, Gaviria tiene muy buena relación con Uribe. Y aunque no está en contra de la reelección, ha sido crítico de la forma como se ha adelantado el proceso de reforma constitucional porque considera que le ha añadido más un factor de división que de acuerdo al partido y a la opinión en general.

Pero ahí hay otra razón por la cual Gaviria no puede venir a convertirse en reorganizador oficial de su partido: implicaría juntarse con los opositores del presidente Uribe, porque Gaviria, como decíamos, mantiene con él una muy buena relación.

A tal punto, que le hizo el favor al Presidente de meter la OEA en el candente punto de la verificación del proceso con los paramilitares, lo que indudablemente le dio el banderazo de salida a un proceso que normalmente habría escandalizado al mundo -de hecho lo tiene escandalizado-, entregando la sensación de que si la OEA tiene puestos los ojos en él, será más difícil que el proceso termine en la total impunidad.

Y en cuanto a su propio movimiento, hay más gaviristas que gavirismo. Él mismo se encargó de liquidarlo hace 10 años, y no parece tener intención alguna de reabrirlo.

Como secretario general y repitente de la OEA, Gaviria sale con prestigio. Indudablemente ni Gaviria ni Superman tienen el poder de resolver el problema venezolano o el haitiano, pero la OEA se notó en el hemisferio durante sus dos períodos, y logró imponerse sobre los embajadores, que por lo general tienden a convertir al secretario del organismo en un mayordomo de sus intereses.

Y lo de la galería de arte. no lo veo. Es cierto que Gaviria se ha vuelto un gran conocedor del tema, pero como único oficio no veo al ex presidente alejado del país mercadeando en cuadros y esculturas en Soho.

Su inminente retiro coincide con momentos de injustos y desagradables rumores que algunos medios nacionales han transmitido sobre su situación financiera, además de las dificultades de algunos amigos a quienes el ex presidente se ha volcado a apoyar y a ayudar, por lo que indudablemente estos días llenos de nubarrones no han sido fáciles para él.

Entonces, ¿cómo resolverá su futuro este ex presidente, si no puede: A) Ser presidente de su partido. B) Hacerle oposición a Uribe. C) Quedarse a vivir en Estados Unidos y privarse de sus instintos políticos y de su juventud como ex presidente?

Por lo pronto se sabe que se radicará en Nueva York, donde ha alquilado un pequeño apartamento lo más cerca posible de sus hijos, y muy probablemente se dedicará a dictar conferencias y a participar en algunas juntas directivas de grandes empresas.

Se dice que vendrá un promedio de 10 días al mes a Colombia, donde ejercerá una especie de jefatura natural de su partido, frente al cual tendrá más un papel ideológico que clientelista. Seguramente opinará desde algún medio de comunicación y no se abstendrá de invertir su gigantesca habilidad política en lo que pueda enderezar por aquí.

Lo único cierto es que Gaviria será un vicepresidente sui generis, muy distinto a los ex presidentes que conocemos y hemos conocido.

Y me atrevo a pensar que si se aprueba la reelección, como parece que se hará, no hay ninguna posibilidad de que Gaviria vuelva a lanzarse, ni ahora ni nunca.



ENTRETANTO. Qué ironía: ¿Quién se acordaba, hasta los homenajes en sus honras fúnebres, de que Ronald Reagan era tan importante?

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