Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2004/09/24 00:00

    Al pan, pan, y al vino, vino

    Ni el Comisionado, ni el gobierno, y los narcoparamilitares menos todavía, quieren que los demás ciudadanos de Colombia sepamos de qué están hablando y a qué pactos -secretos- están llegando

COMPARTIR

Aquí, donde vivimos obsesionados por la adecuación lexicográfica, no los llamamos como a sus semejantes de otros veinte países del globo, de Somalia a Afganistán y de Chechenia a Borneo, 'señores de la guerra'. Traducción literal de la expresión inglesa warlords, que a su vez tiene su origen en la China prerrevolucionaria de principios del siglo XX y que se remonta -en chino, y no en inglés: dentro de unos pocos años, cuando se haya dado la vuelta completa, estaremos llamando por su nombre en chino a los perros calientes y otras instituciones norteamericanas- a hace unos tres mil años, a la época preimperial de los llamados Reinos Combatientes. Aquí, digo, a nuestros señores de la guerra locales los llamamos paramilitares. Y el presidente Álvaro Uribe, más lexicográficamente adecuado que nadie, los llama "mal llamados paramilitares".

No se llaman así. Ni se llaman tampoco 'señores de la guerra', aunque la hagan. Se llaman narcoparamilitares.

Puede parecer una tontería. Pero la costumbre perversa de no llamar las cosas por su nombre hace que sea imposible identificarlas. Cuando esas cosas son problemas, como es el caso de los narcoparamilitares (mal llamados, en efecto, paramilitares a secas, aunque el presidente Uribe acierte ahí sólo porque intenta inducir en error), la consecuencia de darles los nombres que no les corresponden es la de imposibilitar que esos problemas sean resueltos. Así, quitarles a los paras el prefijo de narcos, o quitarles el de paras, como quisiera el Presidente (¿para llamarlos, cómo? ¿Señores de la guerra?), impide reconocerlos como lo que son, y en consecuencia tratar con ellos. En particular en un país tan obsesionado por la corrección lexicográfica como éste, hijo legítimo de don Rufino José Cuervo y del profesor Luis López de Mesa.

Eso es lo que está pasando en Santa Fe de Ralito (¿Ralito? ¿No será más bien Realito? No: no puede serlo, puesto que, justamente, allá se está tratando de enmascarar lo real, y no de reconocerlo). Las conversaciones entre el Alto Comisionado de Paz y los representantes de los narcoparamilitares que se llaman a sí mismos autodefensas no llevan a ninguna parte porque están basadas en deliberados malentendidos. Y es probablemente por eso mismo que han sido herméticamente clandestinas: ni el Comisionado, ni el gobierno, y los narcoparamilitares menos todavía, quieren que los demás ciudadanos de Colombia sepamos de qué están hablando y a qué pactos -secretos- están llegando. Por lo que hemos visto en los últimos días, cuando el jefe paramilitar Miguel Arroyave fue asesinado por sus propios hombres cuando salió de Santa Fe de Ralito a contarles la realidad de lo que estaba pasando, ni los narcoparamilitares mismos saben de qué se trata.

Yo tampoco, claro está. Y supongo que los lectores se habrán dado cuenta.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1829

PORTADA

Gran encuesta presidencial

Vargas Lleras arranca fuerte, Petro está estancado, Fajardo tiene cómo crecer y los partidos tradicionales andan rezagados. Entre los uribistas, Ramos se ve fuerte. Y Santos tiene 35 por ciento de aceptación. Gran encuesta de Invamer para Caracol Televisión, Blu Radio y SEMANA.