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Opinión

  • | 2007/11/17 00:00

    Al sur, la fronetra es con las Farc

    Habrá que perdonarle al ministro ecuatoriano su torpeza diplomática, recién posesionado como está

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NIngún militar se habría atrevido a decirlo. A estas alturas de la historia, los uniformados saben bien que la prudencia es fundamental en las relaciones internacionales y que las palabras pueden ser tan agresivas como los hechos. Hoy, atrás la Guerra Fría y las dictaduras que azotaron buena parte del Continente, los militares y policías se andan con cuidado en lo que dicen. Saben que si se equivocan, sus jefes políticos y los medios de comunicación no los perdonan. Hay excepciones, claro, como Chávez, cuya incontinencia verbal es ya un estilo de vida, pero el teniente coronel Chávez bufa porque su billetera se lo permite y hay quien lo aplauda.
 
 Hay civiles, sin embargo, que nombrados en cargos públicos se sienten autorizados para soltar la lengua sin mesura. Wellington Sandoval es uno de aquellos que se obnubilan con su empleo. Sandoval, médico para más señas, es ministro de Defensa de Ecuador desde hace un par de meses. Nombrado para reemplazar a Lorena Escudero, la segunda mujer designada en el cargo tras Guadalupe Larriva –muerta en accidente que despertó toda clase de sospechas en el alto gobierno del país vecino–, el Ministro soltó una perla de aquellas que encienden las alarmas.Después de un incidente típico del área limítrofe en el cual no se sabe de dónde vinieron los tiros, Sandoval sostuvo que “el Estado colombiano no mantiene soberanía sobre la zona fronteriza” y agregó a renglón seguido que Ecuador al norte “no limita con Colombia sino con las Farc o con el ELN”.
 
La afirmación, que sería ofensiva si la dijera cualquiera, adquiere tonos muy peligrosos cuando viene del encargado de los asuntos militares y la defensa de un país vecino. Como si fuera poco, unas horas después añadió, sin que aquí nadie le diera la relevancia que merecen sus afirmaciones, que Ecuador estaba “amenazado por el gran desequilibrio militar” en la región, mencionó expresamente “la gran cantidad de armamento y soldados con que cuenta Colombia” y remató diciendo que Ecuador tenía la “obligación de defenderse” y “tener una fuerza disuasiva capaz de hacer pensar seriamente a quien trate de agredirnos”.
 
El planteamiento implícito de Sandoval tiene una evidente contradicción: si quienes controlan el territorio meridional en Colombia son las Farc, a Ecuador no debería preocuparle nada nuestra capacidad militar y en cambio sí la de la guerrilla. Sandoval, además, podría ser respondido con una afirmación inversa: que Colombia, al sur, no limita con Ecuador sino con los bandidos. Por supuesto, ambas formulaciones son falsas. A pesar de las dificultades de control propias de una frontera ardua, pobre y porosa, los dos Estados son soberanos y los desafíos que les plantean las Farc deberían ser encarados de una manera conjunta y coordinada. La cooperación en el combate contra el delito es una obligación internacional y no se contradice en absoluto con la intención ecuatoriana de no involucrarse en los asuntos internos de Colombia.
 
En todo caso, y más allá del exabrupto, el Ministro debería saber que no hay antecedente alguno de amenazas o agresiones de Colombia a Ecuador, que aquí siempre hemos considerado a nuestros vecinos como hermanos y nos hemos comportado como tales, y que nunca ha habido hipótesis de conflicto en nuestra frontera meridional. No hay pues, de que “defenderse”. Las dificultades de hoy en la zona son para encararlas y solucionarlas de manera bilateral, no una excusa para emprender la escalada armamentista que insinúa Sandoval.
 
Habrá que perdonarle al Ministro su torpeza diplomática, recién posesionado en el cargo como está y evidente como es su ignorancia en materias de defensa. No es auspiciante, en cambio, el silencio del Ministerio de Relaciones Exteriores ecuatoriano, que debió salirle al paso. Aunque la canciller María Fernanda Espinoza esté enferma (confiemos en su pronta recuperación: sin ella, por allá van al garete), los que están a cargo debieron aclarar de inmediato el alcance de las afirmaciones de su colega de Defensa.
 
Tampoco es sano el silencio del Palacio de San Carlos: no se trata de magnificar el incidente, pero no hay tampoco que obviar su importancia. El apaciguamiento no es siempre la mejor política.Puntilla: Piedad Córdoba, que venía haciendo bien su tarea, refundió su dignidad con esa foto con boina de las Farc y rodeada de guerrilleros. La senadora está obligada a ser cuidadosa con los símbolos y sus mensajes.
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