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Opinión

  • | 2017/05/18 08:31

    Sexo, ley, moral, censura

    Puede que Manuel y Julio estén un poco confundidos de siglo y creen que son parte de un Estado teocrático y totalitario en el que pueden profesar de guías o censores morales

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Primera escena. Él está atado de pies y manos sobre el piso y con la boca amordazada. Luce calzoncillos y una camisa desabotonada. Una mujer de botas relucientes, llevando un cigarrillo encendido en la mano se acerca hasta él y le pregunta: «Necesitas que te castigue ¿Verdad?» El hombre, respirando de manera entrecortada, asiente. Ella se inclina y apaga el cigarrillo contra el pecho del hombre, mientras le susurra al oído: «¿Quema mucho? Yo lo soluciono». La mujer abre las piernas y mea sobre la carne quemada.

Segunda escena. No hay nada de particular en los rasgos y la vestimenta del hombre que transita en la urbe. Pareciera un funcionario más de la gigantesca burocracia estatal. El hombre medita: «Enemigos por todas partes, dentro, fuera, se multiplican, hay que levantar muchos muros, desconfiar de todos, de todo el mundo y nunca creerse a salvo». El hombre llega a casa, enciende el computador y abre la ventana de Google.

En la primera sucesión de imágenes, el esclavo sexual es un fiscal del distrito sur de Nueva York y la mujer dominante es coach en una empresa de especulación bursátil. El episodio ocurre en Billions, una serie que recrea situaciones que tienen lugar en la vida cotidiana. El hombre de la segunda escena es el personaje principal de Oficina de Infiltrados, la más aclamada y autentica serie gala sobre el espionaje francés y la actividad encubierta de agentes infiltrados en las zonas más calientes del mundo.

¿A qué viene esto? Dos ocurrencias, cuyos protagonistas fueron Manuel Vicente Duque y Julio Corral. Manuel es el actual alcalde de Cartagena de Indias y Julio es uno de esos personajes que aparecen en las revistas de la farándula criolla posando de divos. El primero instruyó al secretario de gobierno para que impida la realización en la ciudad de un encuentro que reúne anualmente a gente del mundo de la pornografía. El segundo hizo una idiota campaña para que el metalero venezolano Paul Gillman, no actuara en Rock al Parque 2017. Puede que Manuel y Julio estén un poco confundidos de siglo y creen que son parte de un Estado teocrático y totalitario en el que pueden profesar de guías o censores morales.

Hay que recordarle al alcalde de Cartagena, que fue elegido para que cumpla la Constitución e intente resolver los problemas de desigualdad y discriminación que padecen la mayoría de cartageneros y velar, entre otras cosas, para que los constructores cumplan la ley y evite que las obras se desplomen y sepulten a los obreros. Un alcalde no está para meter las narices en la vida íntima de los ciudadanos que cumplen la ley y pagan impuestos. Cada persona lleva la sexualidad a su manera. La intimidad, salvo que involucre una actividad criminal, es un territorio privado. La pornografía es una industria más del capitalismo que gusta a millones. Las metrópolis capitalistas de todo el mundo realizan eventos para todos los gustos. Manuel, no hay que olvidar que tu mandato está reglado por un libro que se llama «Constitución Política de Colombia», no por el que te venga en gana.

Vamos con el señor Julio Corral. Julio, puede ponerse las camisas que le dé la gana, acostarse con quien quiera, tomarse selfies al lado de un banano, una gallina en un Corral o un músico, o quedarse tumbado en el sofá de su casa mirando hacia el techo para no ir a votar el día de las elecciones. Lo que no debería hacer Julio, es impedir que un músico se suba a una tarima sólo por sus opiniones políticas. Corral, ha sentado dos erróneos precedentes en Colombia: censurar a un artista por lo que piensa y convertir un espacio plural, musical, en otro maldito escenario de crispación política. Los artistas son artistas por su arte y no por sus inclinaciones ideológicas, políticas y religiosas.

A veces se cree que los intolerantes son sólo los que andan por allí echando tiros para imponer o mover sus ideas. A veces la intolerancia viene de gente como Manuel y Julio. Manuel se dejó llevar por el pregón de unos cuantos «santones» que a lo mejor ven pornografía en la intimidad de sus casas. Julio, has dejado confundida a mucha gente que te creían un man moderno, mundano, libertino. Al parecer -viejo topo- te dejaste llevar por un anacronismo, por gente que no pertenece al mundo de Rock al Parque, por gente que guarda muchísima rabia, por gente que propaga odio.

Yezid Arteta Dávila
* Escritor y analista político
En Twitter: @Yezid_Ar_D
Blog: En el puente: a las seis es la cita

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