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Opinión

  • | 2000/09/04 00:00

    Alcalde o líder

    A pesar de sus distintos estilos, los tres últimos alcaldes trajeron consigo importantes cambios en la vida de la capital.

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El último número de la revista ‘George’ le lanza una pregunta al actual proceso electoral americano. ¿Quién nos hará sentir orgullosos de nuevo?. Creo que en el caso del actual proceso electoral bogotano, ese interrogante debe complementarse con la capacidad que tenga el nuevo alcalde o alcaldesa, para ejercer liderazgo en la ciudad. A pesar de sus distintos estilos, los tres últimos alcaldes trajeron consigo importantes cambios en la vida de la capital. Bogotá logro organizar sus finanzas. La administración de la ciudad comprendió la importancia de mejorar la infraestructura de la ciudad. La emergencia de una cultura urbana, rica en su diversidad, encontró eco en la alcaldía y amplios sectores de la ciudad parecieron superar el síndrome que nos hacia ver, a pesar de ser la capital de la república, inferiores a los habitantes de otras ciudades que nos parecían más capaces de resolver sus problemas.

Se puede afirmar que no obstante lo que separa a alcaldes que vinieron desde el mundo político, la academia o una mezcla de los universos publico y empresarial, las tres últimas administraciones han tenido muchas mas cosas en común, de lo que generalmente piensa la opinión publicada o los propios protagonistas. Castro, Mockus-Bromberg y ahora Peñalosa comparten concepciones generales en el manejo de los asuntos bogotanos. Las coincidencias en el manejo de los temas presupuéstales y financieros, en seguridad ciudadana, en salud y educación, en transporte urbano son múltiples. Un buen ejemplo de ello puede ser el tono elogioso en el que el candidato del 1994 y el 2000 Mockus, se refirió a la administración Castro y ahora a la de Peñalosa. Está claro que a pesar de las distintas estrategias de comunicación que han hecho más visibles algunos aspectos de cada gestión - descentralización y recursos tributarios con Castro, cultura ciudadana con Mockus-Bromberg y espacio publico y ofensiva contra el carro de Peñalosa, las diferencias entre las administraciones no son y no serán sustanciales.

Pero si los gobiernos distritales son tan similares, a pesar de los esfuerzos de los publicistas, ¿qué sentido tiene la elección del próximo alcalde o alcaldesa? A mi juicio la ciudad ha estado aprendiendo a administrarse y salvo que un gobierno irresponsable se tomara el edificio Lievano, ese proceso es difícilmente reversible. El gran desafió de nuestro próximo gobernante no es sólo que nos sintamos orgullos de él o ella por su capacidad para continuar mejorando la gestión de la ciudad.

La prueba de ese gobernante estará en su capacidad de liderazgo. No necesitamos un simple alcalde por más buen político, pedagogo o gestor que este o esta sea. Bogotá requiere de un alcalde líder capaz de potenciar las mutaciones sociales y culturales que la ciudad ha experimentado y a la vez, capaz de reorientar el modelo económico de la ciudad. Los tres últimos gobiernos descuidaron la necesaria adaptación de Bogotá a los cambios surgidos de nuestro propio proceso de desindustrialización y de nuestra tensa relación con la globalización.

Los últimos alcaldes no asumieron que la agenda de la ciudad no es solo huecos y trancones. La cuestión sobre que tipo de modelo debe asumir la ciudad en una coyuntura de crisis social y económica ha sido dejada al azar. El próximo alcalde o alcaldesa debe entender que si la ciudad no recupera y amplia su capacidad de generar riqueza y oportunidades, lo construido en la ultima década se puede desperdiciar totalmente. Quien resulte elegido el próximo 29 de octubre, no solo debe tener capacidad para seguir recaudando impuestos, construir puentes o sanear las finanzas de los hospitales. Está en la obligación de convocar a los bogotanos y apoyarse en los esfuerzos públicos y privados, para que la ciudad deje de ser generadora de pobreza, desempleo y violencia.
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