Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/04/08 11:38

No sólo es Uribe

El malestar por el proceso de paz va más allá del ex presidente.

No sólo es Uribe

Recientemente la encuestadora Quinnipiac University decidió hacer un sondeo para medir cuál era el “efecto Trump” sobre los votantes. Buscaba averiguar si el apoyo o rechazo a una propuesta o frase cambiaría,  si era del precandidato. Por ejemplo, preguntaron a un segmento de encuestados republicanos si estaba de acuerdo con la afirmación: “ha muerto el sueño americano”.  Al otro grupo, le antepusieron “Donald Trump dijo”.

El 45 por ciento de los encuestados del primer grupo estuvo de acuerdo con la frase. El apoyo aumentó al 68 por ciento cuando quedó claro que la declaración era de Trump. En los votantes críticos de Trump, el resultado fue el contrario. Mientras al 31 por ciento le pareció valida la expresión genérica, el rechazo aumentó al 81 por ciento cuando se identificó al magnate neoyorquino.  

Con Barack Obama ocurre lo mismo. Sus políticas tienen mayor respaldo general cuando son presentados como genéricas y no como iniciativas del presidente estadounidense. El caso más aberrante es la reforma al sistema de salud, conocido hoy como Obamacare. A muchos les encantan los beneficios (por ejemplo, las aseguradoras no pueden negar pólizas por preexistencias), pero su entusiasmo cae cuando se le atribuye ese éxito a Obama. Es un síntoma de la polarización política en Estados Unidos.

En Colombia no nos quedamos atrás. Tenemos nuestro propio efecto criollo. Se llama Álvaro Uribe. Entre furibistas y anti-uribistas, cualquier declaración del ex presidente y senador promete ser aplaudida fervientemente o criticada sin contemplación. Para el segundo grupo -cada vez más vociferante- todo lo que dice y piensa Uribe es una barbaridad. Su opinión, argumentan sus contradictores, es minoritaria y de la franja lunática. Están equivocados.
No sólo fue Uribe quien marchó el 2 de abril de 2016. Miles de colombianos en 25 ciudades, la mayoría en medio de torrenciales lluvias, salieron a expresar su inconformidad por el estado actual de las negociaciones de paz (ese fue el catalizador de la propuesta aunque lo nieguen sus organizadores).

No sólo es Uribe quien cree que el diálogo con el ELN puede ser otro esfuerzo inútil. No se pudo en 1991-92 con Gaviria, ni con el experimento de Maguncia en la época de Samper, ni con delegados del mismo Uribe en La Habana. Los guerrilleros del ELN son maestros de la dilación.

No sólo es Uribe quien desconfía de las verdaderas intenciones de paz de las FARC. Las últimas encuestas encontraron que tres cuartas partes de los colombianos tienen serias dudas sobre el compromiso de la guerrilla de dejar las armas.

No sólo es Uribe quien considera un error no castigar con cárcel a los responsables de crímenes de lesa humanidad. José Miguel Vivanco, director para la Américas de Human Rights Watch y no precisamente un uribista (ha sido un severo crítico de la seguridad democrática), ha calificado el acuerdo de justicia transicional como “de impunidad. Un acto que terminará sacrificando los derechos de las víctimas del conflicto armado”.

No sólo es Uribe quien está preocupado por los cultivos ilícitos. Estados Unidos, las Naciones Unidas y el mismo gobierno temen que el resurgimiento y expansión de la actividad cocalera dificulte la puesta en marcha de un eventual acuerdo de paz.

No es sólo Uribe quien recibe denuncias por el incremento de la extorsión. Es vox populi en muchas regiones del país que si bien las FARC han cumplido con el cese al fuego, no ha ocurrido lo mismo con otras actividades delictivas. Como buenos alumnos santanderistas, se escuden bajo el pretexto de que aún no se ha acordado en la Mesa un cese de “hostilidades”.

No sólo es Uribe quien quiere que las FARC pidan perdón desde ya por las miles de víctimas que dejaron. Con esos actos de  remordimiento darían una señal inequívoca al pueblo colombiano de que no volverán a sus andanzas delictivas.

Por pensar que todo se reduce a Uribe y a los uribistas, el gobierno y sus aliados se encuentran en la encrucijada actual: con el apoyo a las negociaciones de La Habana en caída libre.

En Twitter: Fonzi65

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