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Opinión

  • | 2016/06/24 15:48

    Historia de dos Álvaros

    Como su tocayo Uribe Vélez, Gómez Hurtado fue un feroz opositor de la guerrilla… hasta la firma de la paz. Hay momentos para la mano dura, y otros, para el corazón grande.

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Timoleón Jiménez, comandante máximo de las FARC, arrancó su discurso del jueves en La Habana con la justificación de siempre: que la guerrilla nació por culpa del establecimiento que cerró violentamente la vía pacífica “con el pretexto fascista oficial de combatir supuestas repúblicas independientes”. Hacía referencia a una acusación que empezó a circular en Colombia en 1961 por parte del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado. Según Gómez había 16 enclaves que no tenían control de Estado. Eran tiempos de la Revolución Cubana y el establecimiento del primer régimen comunista en el hemisferio occidental; estaba en boga la teoría del dominó. La advertencia de Gómez tuvo eco en el gobierno de Guillermo León Valencia, que en 1964 ordenó el ataque a Marquetalia.

En fin, antes de un Álvaro Uribe Vélez, había un Álvaro Gómez Hurtado. Durante años simbolizó la mano dura frente a la guerrilla, en particular contra el M-19. Este grupo armado ilegal fue pionero del secuestro extorsivo y político, antes incluso que las FARC. El M-19 no sólo fue el principal responsable del holocausto del Palacio de Justicia sino que secuestró al mismo Gómez Hurtado, acción en la cual fue asesinado su guardaespaldas. A pesar de esos antecedentes, el jefe conservador terminaría apoyando las negociaciones de paz con el M-19 y la participación política de la dirigencia guerrillera. Aceptó incluso tener como contraparte en las elecciones a Carlos Pizarro, comandante de esa agrupación (el Timochenko de ese momento, aunque con mucho más carisma). Luego compartió la presidencia de la Asamblea Constituyente con Antonio Navarro, quien asumió las riendas de la organización tras el asesinato de Pizarro.

Sin duda, no fue fácil para Gómez Hurtado tragarse esos sapos. Creo que su ejemplo puede servirle al ex presidente Uribe, quien, como lo recuerdan a diario los anti-uribistas, jugó un papel fundamental en la aprobación de la amnistía para el M-19.

Álvaro Gómez demostró que es posible ser flexible sin traicionar sus principios. Que hay momentos para la mano dura, y otros, para el corazón grande. El acuerdo de desarme y desmovilización de las FARC es uno de ellos. Por primera vez, la guerrilla se compromete a entregar las armas  a un tercero y que éstas queden inservibles. Renuncia también a la clandestinidad al aceptar concentrarse en 23 zonas del país. Así pierde de un tajo su raison d‘être. Un guerrillero desarmado y visible es un ciudadano de  pie.

Este extraordinario acontecimiento no hubiera sido posible sin la presidencia de Uribe. Las mismas FARC, en reuniones con funcionarios extranjeros, han reconocido en privado que la seguridad democrática las condujo a la mesa de negociaciones.

Creo, además, que la oposición permanente del uribismo al diálogo en La Habana, ha sido más positivo que negativo para los intereses del Estado. Por ejemplo, la victoria en la primera vuelta de Óscar Iván Zuluaga en junio de 2014 sirvió de catalizador para el acuerdo sobre narcotráfico. Que las FARC se bajaran de 67 zonas a 23 y aceptaran el cúmulo de reglas (limitada interacción con la población civil, andar desarmados por fuera, etc.), se debe en parte a la presión del Centro Democrático.

Y es importante que se mantenga la vigilancia sobre el cumplimiento de todo lo acordado. Como lo he dicho repetidamente en esta columna, las FARC son jodidas y maliciosas. Pero es un error no comprender que hay un antes y un después del jueves 23 de junio; que es el momento de pasar la página, de cambiar el “chip”, como dice una propaganda; de aceptar que si bien el acuerdo pudo ser mejor, sí se logró lo fundamental: que las FARC aceptaran que no fueron capaces de tomarse el poder con las armas. Prefiero mil veces a Timochenko echando discursos que planeando secuestros.

Dice el empresario Henry Acosta, quien fue el contacto clave para estas negociaciones con las FARC, que le había planteado lo mismo a  Uribe, pero que el entonces presidente sólo quería que la guerrilla “entregara los fierros” y se fueran todos a Francia. Se logró lo primero. Y lo segundo puede ser posible (los colombianos ya no necesitamos visa para viajar a la Unión Europea).

En Twitter Fonzi65

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