Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/08/12 20:22

Cómo perder un plebiscito, segunda parte

El gobierno y los partidarios del 'Sí' le están facilitando el camino a sus opositores. Qué campaña tan extraña.

Alfonso Cuéllar. Foto: Juan Carlos Sierra / Revista Semana

Hay tres maneras de ganar una elección: motivando a los seguidores a salir a votar, desalentando a la oposición a participar y atrayendo nuevos adeptos. Es el ABC de las campañas políticas. La cruzada del ‘No‘ al plebiscito lo aplica al pie de la letra, al exigir cárcel a los responsables de crímenes de lesa humanidad y rechazar la posibilidad de que los comandantes de las FARC ocupen curules en el Congreso. Son dos temas donde coinciden, según las encuestas, el 80 por ciento de los colombianos, incluyendo algunos que apoyan el proceso de paz. En otras palabras, la estrategia busca sumar, no restar.

En cambio, dentro del gobierno y los partidarios del sí pululan mensajes de todo tipo y sabores. Desde sí a la paz y no a Santos del Polo, al paz o guerra del ex presidente César Gaviria. Incluso no hay ni consenso en un tema tan trascendental de si la firma del acuerdo con las FARC se debe celebrar como el fin de la guerra de 50 años o apenas como un eslabón hacia una eventual paz.

Esa falta de claridad entorpece el primer objetivo: la consolidación de su base de apoyo. Sin norte es difícil movilizar votantes. Tampoco ayudan las noticias contradictorias que provienen de La Habana; la misma semana que comenzó la verificación de las zonas donde se desmovilizarían y desarmarían las FARC, alias “Carlos Antonio Lozada”, advirtió que esto sólo se haría después del plebiscito. Así, los defensores del proceso se quedaron sin el as bajo la manga: las imágenes de miles de guerrilleros concentrados y vigilados por una fuerza coordinada por las Naciones Unidos.

Igual incertidumbre generó el anuncio de que el Papa, el Secretario General de Naciones Unidas, la Corte Suprema, el capítulo colombiano del Centro Internacional de Justicia Transicional y la Comisión Permanente del Sistema Universitario del Estado serán quienes escogerán a las cinco personas que designarán a las decenas de magistrados, que integrarán los tribunales que juzgarán a los responsables del conflicto armado. Incertidumbre, porque no es nada fácil explicar esa cuadrada del círculo, especialmente a quiénes estén indecisos.

La decisión del Consejo de Estado de revocar la sanción a Piedad Córdoba y ordenar una indemnización de más mil millones de pesos a la ex senadora, tampoco favorece al movimiento del ‘Sí‘. Para los enemigos del proceso, Piedad siempre será la “Teodora” que le enviaba correos a alias “Raúl Reyes”. Consideran que fue absuelta por un “tecnicismo” -el Consejo de Estado no aceptó como válida la información del disco duro del abatido miembro del Secretariado- y que esa decisión es el preámbulo de la impunidad de los tribunales de justicia transicional.

Ese caso servirá de aliciente para movilizar a las huestes uribistas a las urnas.

Ese hecho, sin embargo, palidece frente al error garrafal del gobierno con las cartillas de género para los colegios. Es inverosímil que el Ministerio de Educación no considerara prioritario consultar con los padres de familia el contenido del manual. Un sencillo mapeo de audiencias los hubiera identificado como actores clave. En cambio terminó entregándole en bandeja a los opositores de la paz, un potencial grupo de votantes. Es incierto si la decisión del Presidente Santos de echar para atrás la iniciativa de su ministra sea suficiente para apaciguar los ánimos. No es una preocupación insignificante.

En las elecciones de 2004, los arquitectos de la campaña de George Bush impulsaron la realización de una consulta sobre el matrimonio gay en el estado de Ohio. Buscaban con ello incentivar la participación de los evangélicos y más conservadores; sabían que si ellos iban a las urnas, acabarían votando por Bush. El desafío era que fueran a votar. Funcionó. Bush ganó Ohio y con ello, la presidencia.

* En Twitter: Fonzi65

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